Polémica entre Turquía y la UE por la visita del presidente sudanés

La Unión Europea ha pedido a Turquía que reconsidere la invitación que ha hecho al presidente sudanés Hassan al-Bashir, acusado por el Tribunal Penal Internacional de crímenes de guerra.

La Unión Europea ha pedido a Turquía que reconsidere la invitación que ha hecho al presidente sudanés Omar Hassan al-Bashir, acusado por el Tribunal Penal Internacional de cometer crímenes de guerra en su país, para asistir a la reunión de la Organización para la Conferencia Islámica (OCI) que se celebra en Estambul.
El presidente sudanés tenía previsto llegar este domingo a Turquía para asistir a la reunión del Comité para la Cooperación Económica y Comercial de la OCI, al igual que el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.
 
Al-Bashir está acusado por el Tribunal Penal Internacional (TPI) de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en la región sudanesa de Darfur y emitió el pasado mes de marzo una orden de arresto contra él, por lo que fuentes diplomáticas de la UE han mostrado su desaprobación con que Al-Bashir acuda a Turquía y pueda luego salir impunemente. «Turquía es un país candidato y está igualmente obligada a actuar en línea con las convenciones internacionales aprobadas por la UE», señaló el diario turco Hürriyet citando fuentes de Bruselas.
 
Sin embargo, el gobierno turco rechazó las informaciones de que la UE hubiera hecho una protesta sobre esta cuestión a Turquía. En declaraciones a la prensa hechas el pasado viernes, el presidente turco Abdullah Gül acusó a la Unión Europea de estar interfiriendo en una decisión que sólo le corresponde a Turquía. «Esta es una reunión celebrada en el marco de la Organización de la Conferencia Islámica. No es un encuentro bilateral (entre Sudán y Turquía). Todo el mundo debería verlo de este modo y actuar en consecuencia», declaró Gül.
 
Por su parte el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan rechazó las críticas por la posible visita del dirigente sudanés diciendo que sólo pretendían perjudicar a Turquía. «Somos conscientes del hecho de que hay quienes quieren arrinconar a Turquía aprovechando la visita de al-Bashir. Estas personas deberían conocer bien nuestra sensibilidad sobre las violaciones de derechos humanos. Yo he estado en Darfur; ahora quiero preguntar: ¿cuántos de estos líderes mundiales han realizado una visita a Sudan, o a Darfur? Yo fui allí y lo vi con mis propios ojos», declaró el primer ministro turco.
 
Fuentes diplomáticas turcas aseguraron que no existía obligación para Ankara de arrestar a al-Bashir, ya que Turquía no firmó el Estatuto de Roma de 2002 que estableció la creación del TPI y por tanto no está vinculada a sus resoluciones. Existe también una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la cuestión pero que tampoco establece la obligación legal para los estados miembros de dar por válido el dictamen del TPI. El ministro de exteriores turco, Ahmet Davutoğlu, que se encuentra de gira por varios países europeos, insistió también desde Londres en el hecho de que Turquía no organiza la reunión de la OCI sino que se limita a acogerla al ostentar actualmente la presidencia de la organización. Davutoğlu rechazó además que la UE hubiese emitido ninguna nota de protesta o exigido a Turquía que reconsiderara su decisión de permitir la entrada a al-Bashir, tal y como apuntaron algunos medios de comunicación.
 
No obstante, ayer a última hora la polémica visita del presidente sudanés a Turquía pareció quedar en el limbo después de que varias informaciones apuntasen a que éste habría cancelado su vuelo previsto para este domingo, al parecer sin ninguna explicación. Por el momento no está claro si al-Bashir vendrá este lunes o mañana martes para asistir a la reunión de la OCI, o si desistirá de su visita por temor a ser arrestado.
 
Turquía, que actualmente es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, se ha hecho eco de las objeciones realizadas por los países africanos y árabes que temen que la decisión de la TPI desemboque en la desestabilización de una región ya de por sí inmersa en numerosos conflictos y tensiones, amenazando el frágil acuerdo de paz que acabó con décadas de guerra civil entre el norte de Sudán, musulmán y urbano, y el sur del país, rural y de religión animista.