Los médicos temen un desastre humanitario en Haití

Las operaciones de socorro se aceleraban este lunes en Haití en medio de violencia y saqueos, seis días después del terremoto que hasta ahora ha dejado más de 70.000 muertos confirmados.

Las operaciones de socorro se aceleraban este lunes en Haití en medio de violencia y saqueos, seis días después del terremoto que hasta ahora ha dejado más de 70,000 muertos confirmados, mientras equipos de ayuda llegados de todo el mundo luchan por atender a cientos de miles sin techo, heridos, y desesperados por conseguir comida, agua y medicinas.
Ante una situación caótica y a una población iracunda y cada vez más desesperada, el gobierno haitiano decretó el domingo el estado de emergencia. «Los precios de la comida y los transportes se dispararon desde el martes pasado y los incidentes violentos y los saqueos están en aumento, al tiempo que la desesperación crece», advirtió este lunes el Comité Internacional de la Cruz Roja en un comunicado.
Este lunes estaba prevista la apertura de unos 280 centros para distribuir ayuda humanitaria y albergar a los sin techo. En muchos rincones de Puerto Príncipe, los hambrientos sorteaban el domingo cadáveres y saqueaban frenéticamente viviendas y comercios buscando alimentos.
Las proyecciones sobre un balance de muertos aumentaban por decenas de miles. El Comandante General estadounidense a cargo de la operación de asistencia en la nación caribeña advirtió de que 200.000 muertos puede ser una cifra razonable como «punto de partida». «Es un desastre de proporciones épicas», declaró.
El hedor nauseabundo de los cadáveres quemados se cuela en cada rincón de las barriadas pobres de Puerto Príncipe. «La vida es muy dura, no tenemos nada», explicó a la prensa uno de los supervivientes, que acampa junto a su familia frente al Palacio Presidencial de Puerto Príncipe, una zona convertida en un asentamiento improvisado de unas 50.000 personas.
La comunidad internacional sigue movilizada para ayudar al país más pobre de América, y la Unión Europea prometió este lunes 429 millones de euros en ayuda, de los cuales 222 millones serán destinados inmediatamente. Pero la ayuda se ve obstaculizada por dificultades logísticas: el aeropuerto está colapsado y su torre de control inutilizable, el puerto ha quedado destruído y las carreteras están cortadas por toneladas de escombros.
«Es la crisis humanitaria más grave en décadas», declaró Ban ki-Moon el domingo en Puerto Príncipe tras recorrer la zona del desastre.
 
Los equipos médicos que están llegando para instalar hospitales de campaña dicen que ya están abrumados por las bajas, y temen que lo peor esté por llegar cuando las infecciones y enfermedades se extiendan. Las cifras del Gobierno haitiano estiman que los muertos por el seísmo de magnitud 7 que asoló el país serán probablemente entre 100.00 y 200.000. Nadie ha empezado siquiera a hacer un recuento de los heridos, que sufren de miembros aplastados o amputados, fracturas diversas y laceraciones.
 
El agua es escasa y la diarrea es probable. Los médicos que han llegado a la zona creen que los niños, los débiles y los ancianos morirán innecesariamente de enfermedades diarreicas que en condiciones normales se habrían tratado fácilmente con agua y sales de rehidratación. «Esto podría convertirse en un desastre infantil sin precedentes», dijo un médico del Centro Nacional de Preparación ante Desastres de la Universidad de Columbia (EE.UU.), que destacó que el 40% de la población de Haití son niños menores de 14 años.