La llegada de la ultraderecha sacude a Suecia

Las elecciones parlamentarias celebradas el domingo en Suecia han traído incertidumbre al país nórdico, después de que la coalición de centro-derecha se haya visto obligada a buscar otros socios.

Las elecciones parlamentarias celebradas el domingo en Suecia han traído incertidumbre al país nórdico, después de que la coalición de centro-derecha se haya visto obligada a buscar otros socios de gobierno bajo la sombra de la llegada por primera vez al parlamento sueco de la extrema derecha.

Tras conocerse los resultados electorales y constatar que la coalición que ha gobernado Suecia en los últimos años perdía la mayoría absoluta por sólo tres escaños, el primer ministro Fredrik Reinfeldt se apresuró a declarar que en ningún caso negociaría con los ultraderechistas del partido Demócratas de Suecia (SD), una formación política que ha conseguido cerca del 6% de los votos con un discurso contra los inmigrantes. «Acudiré a los Verdes para lograr un apoyo más amplio», dijo Reinfeldt.

Las legislativas del domingo sin duda han supuesto una sacudida para Suecia, un país acostumbrado durante décadas a gobiernos socialdemócratas que ve ahora cómo por primera vez una coalición de centro-derecha consigue la reelección (49,3% de las papeletas), mientras la socialdemocracia cosechaba el domingo sus peores resultados desde 1914 (sólo el 30´9% de los votos) y la extrema derecha entraba por primera vez en el parlamento nacional. La prensa del país hablaba el lunes del «final de una época». «La época en la que un partido estaba abonado al poder y podía decidirlo todo se acabó», decía en su editorial el prestigioso diario Dagens Nyheter.

La extrema derecha entra en el parlamento sueco liderada por un joven Jimmie Aakesson, de sólo 31 años, que ha logrado cosechar un 5´7% de los votos y 20 de los 349 escaños de la cámara. Se encuentra así en una posición ideal para dar mayoría y estabilidad al gobierno de centro-derecha, pese a que éste recele de cualquier pacto con un partido xenófobo y anti-musulmán que rechaza el euro, el actual status de Suecia en la UE, y por supuesto la adhesión de Turquía al bloque europeo.

La prensa sueca también se hacía eco del peligroso avance de la ultraderecha en un país donde el 39% de la población cree que hay demasiados inmigrantes. «Se bajó el estandarte de la tolerancia y las fuerzas oscuras acabaron reteniendo también como rehén a la democracia sueca», decía en su editorial el rotativo conservador Expressen, pidiendo al primer ministro sueco que eligiera a los Verdes como socios de gobierno sin dudarlo.

Pero no está nada fácil que los 25 diputados Verdes den su apoyo al gobierno conservador después de que éste fuera el principal objetivo de sus críticas durante la campaña electoral. Una de sus líderes, Maria Wetterstrand, declaraba el domingo que resultaría «muy difícil» explicar a sus votantes que iban a colaborar con la coalición de centro-derecha liderada por el primer ministro Reinfeldt.