Multitudinaria manifestación anti-musulmana en Alemania

El movimiento ultraderechista alemán Pegida, que reivindica las raíces judeocristianas de Europa, representa uno de los ejemplos del auge de la xenofobia en el viejo continente a raíz de la crisis.

Cerca de 20.000 personas se concentraron el lunes de nuevo en la ciudad alemana de Dresde, al este del país, convocadas por el movimiento xenófobo Pegida, para protestar contra lo que consideran una “islamización” de Alemania y Europa y exigiendo que no se acepten más inmigrantes en el país.

Alemania no es tierra de inmigración. La integración no significa vivir uno al lado del otro, sino vivir juntos sobre la base de los fundamentos judeocristianos de nuestra constitución y de nuestra cultura alemana, con sus raíces judeocristianas, determinados por el cristianismo, el humanismo y la claridad”, declaró durante la convocatoria Lutz Bachman, líder de Europeos Patrióticos contra la Islamización de Occidente o Pegida (Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes, en alemán).

La convocatoria del lunes, que contó según la policía local con la asistencia de unas 17.500 personas y en la que participaron otros partidos de ultraderecha alemanes, es la mayor hasta la fecha después de que el lunes anterior otra concentración similar reuniese a unos 15.000 participantes frente a la ópera de Dresde, coreando eslóganes contra la política inmigratoria del gobierno federal y con pancartas en las que podían leerse eslóganes como “Protejan el país en lugar de islamizarlo”.

Casi al mismo tiempo unas 4.500 personas se reunían en otro punto de Dresde para denunciar el discurso xenófobo y populista de Pegida, con pancartas con lemas como “Nuestra cultura es amar a las personas que tenemos a nuestro lado”, “Contra el racismo y el fanatismo” o “Yo no soy nazi, ¿y qué?”. Otras manifestaciones anti Pegida fueron organizadas en distintas ciudades del país, en la mayoría de los casos con una asistencia mayor a la concentración ultraderechista de Dresde.

Muchos ciudadanos expresaron también a nivel individual su pesar por que este tipo de movimientos estén cobrando nueva fuerza en un país cuyo pasado está manchado por la xenofobia y el racismo como Alemania. Un reciente estudio llevado a cabo entre por la Fundación Friedrich Ebert, un think tank alemán, muestra no obstante que el 18,2% de los ciudadanos de Alemania están a favor de que se tomen medidas para impedir que inmigrantes musulmanes entren en el país.

Alemania necesita más inmigrantes

Los empresarios alemanes son uno de los grupos que se han sumado a las voces críticas contra este movimiento; así, el presidente de la Federación Alemana de la Industria (BDI), Ulrich Grillo, rechazaba en declaraciones realizadas el martes el argumento de que el país no necesite inmigrantes para sostener su economía y bienestar.

“Durante mucho tiempo hemos sido un país de inmigración, y debemos continuar siéndolo”, declaró Grillo, recordando además las obligaciones morales de Alemania como un país europeo y desarrollado. “Como un Estado próspero, así como al margen de un sentido de caridad cristiana, nuestro país debería aceptar más refugiados”, insistió Grillo.

El crecimiento de los sentimientos anti-inmigrantes y las tendencias islamófobas en Alemania y en Europa, especialmente a raíz de la gran crisis económica iniciada en 2008, es fuente creciente de preocupación para muchos inmigrantes que viven en el viejo continente, y sobre todo para la minoría musulmana, que ve como en su caso además de culpárseles del desempleo a menudo se les estigmatiza por los actos de grupos radicales como Al-Qaeda o, más recientemente, el Estado Islámico.

Recientemente un presentador de la televisión francesa pedía públicamente al gobierno que deportara masivamente a los cinco millones de musulmanes que se estima que viven en el país, acusándolos de querer provocar el “caos y la guerra civil” en el país. Eric Zemmour, uno de los presentadores más populares –y al mismo tiempo más odiados- de Francia, criticado por muchos por su misoginia y sus ideas ultraderechistas, fue despedido poco después por el canal de noticias iTELE ante la oleada de críticas que recibieron sus comentarios.

No obstante muchos políticas y voces conservadoras en Francia defendieron también sus palabras como un acto de “libertad de expresión”, y éstas no son sino un reflejo de un sentimiento creciente en un país donde las encuestas estiman que la candidata ultraderechista del Frente Nacional, Marine Le Pen, sería la candidata más votada si se celebrasen ahora las elecciones presidenciales previstas para 2017.