artículo de opinión

OPINIÓN: Una disculpa insincera

Las declaraciones hechas por el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan acerca de los acontecimientos que tuvieron lugar en Dersim hace más de setenta años suponen un paso adelante para la democratización de Turquía al reconocer uno de los sucesos más trágicos de la República. Sin embargo, es muy probable que las disculpas de Erdoğan se deban más a una estratagema para desgastar al principal partido de la oposición que a un verdadero arrepentimiento del primer ministro.

Turquía, como toda nación, tiene un pasado al que debe enfrentarse. La semana pasada el primer ministro se disculpó en nombre del Estado por las matanzas de Dersim que tuvieron lugar entre 1937 y 1938. Lo que ocurrió entonces fue un levantamiento de alevíes y zazas, muchos de ellos kurdos, contra la política de turquificación del ejecutivo entonces presidido por Mustafa Kemal Atatürk. La rebelión fue sofocada por el ejército turco y algo más de trece mil personas fallecieron como consecuencia del conflicto. Durante décadas se corrió un tupido velo sobre estos acontecimientos hasta las recientes declaraciones de Erdoğan.

Sin lugar a dudas este hecho es claramente positivo ya que todo país debe hacer frente a su pasado, le guste o no. No obstante, el primer ministro escogió este evento entre otros ¿por qué? Podía haberse disculpado por el Varlık Vergesi (Impuesto al Capital) que entre 1942-1944 llevó a la ruina a las minorías religiosas del país, por el pogromo de Estambul de 1955 que acabó con la emigración de gran parte minoría griega de la ciudad, por la Masacre de Maraş de 1978 en la que más de cien alevíes perecieron a manos de miembros de los fascistas Lobos Grises o por la Masacre de Sivas de 1993 en la que fueron asesinados treinta y cinco intelectuales alevíes por islamistas radicales suníes. Estos son unos ejemplos de diferentes casos por los que Erdoğan podría haber pedido perdón, ¿pero por qué escogió Dersim?

En 1938, cuando tuvo lugar el trágico acontecimiento, Turquía estaba gobernada por el Partido Republicano del Pueblo (CHP por sus siglas en turco), que mantuvo el poder desde la fundación de la República hasta 1950. Erdoğan subrayó entonces que quien realmente debería pedir disculpas era el CHP, pues era el partido gobernante cuando los hechos tuvieron lugar. “Dersim es uno de los sucesos más trágicos de nuestro pasado reciente. Es un desastre que ahora debería ser investigado con valor. Pero el partido que debería afrontar este suceso no es el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Es el CHP, quien está detrás de esta sangrienta tragedia, quien debería afrontar este incidente” Esta declaración hecha por Erdoğan deja entrever el verdadero objetivo de las disculpas.

Dersim, cuyo nombre oficial es Tunceli, es la provincia natal del actual líder del CHP, Kemal Kılıçdaroğlu, que además es también de origen aleví. En las últimas elecciones generales celebradas en el 2011 el CHP hizo de dicho departamento un fortín, obteniendo el 56,21% de los votos por el 16,2% del AKP. En el mapa electoral de Turquía Tunceli es un islote del CHP entre el mar del AKP que tiene en el corazón de Anatolia su principal granero de votos. ¿Coincidencia?

Como suele pasar, el CHP no ha sabido reaccionar. Algunos miembros del partido han dado la razón a Erdoğan, como Muzaffer Değer, jefe de la delegación provincial del CHP en Diyarbakır, quien fue cesado al poco tiempo, mientras la mayoría se han opuesto al primer ministro acusándole de intentar socavar los cimientos de la República. Por su parte, Kılıçdaroğlu pidió que se abriesen los archivos oficiales para que los historiadores investiguen el tema y dijo, con razón, que no compete a Erdoğan como primer ministro pedir perdón por parte del Estado, sino al presidente de la República, Abdullah Gül.

El oportunismo de Recep Tayyip Erdoğan en este asunto salta a la vista al conocer la historia narrada por Pınar Öğünç en su columna del rotativo turco Radikal. En el 2003 Çayan Demirel, natural de Dersim que además perdió a 54 familiares en la masacre, comenzó el rodaje de un documental titulado ‘Dersim 38’ que terminó tres años más tarde. Entonces, el Ministerio de Cultura y Turismo, con especial protagonismo de su principal responsable, Ertuğrul Günay, del ejecutivo de Erdoğan boicoteó en repetidas ocasiones el documental, haciendo imposible su proyección, incluyendo en festivales cinematográficos en Turquía, y su distribución en DVD. Las razones esgrimidas por el ministerio para su censura son las siguientes: “proteger el orden público, la moral pública, proteger la salud espiritual y física de los menores y jóvenes, su no-uniformidad con el honor humano.” Tras un periplo por diferentes instancias judiciales, el caso de ‘Dersim 38’ se encuentra actualmente en el Tribunal Supremo de Apelaciones, por lo que el documental, que ha sido premiado en diferentes festivales internacionales, todavía no puede verse en Turquía.

El doble rasero está ahí. El primer ministro no se disculpó por la Masacre de Dersim simplemente porque sintiese lo ocurrido. Los motivos son otros. Desgastar al principal partido de la oposición en uno de sus feudos, desacreditando a su líder, y en todo el país parece una razón más factible. Si no, ¿por qué tantos esfuerzos en evitar que la verdad salga a la luz? El CHP ya propuso abrir los archivos históricos de la República en el 2002 pero el AKP se opuso, como también intenta evitar con ahínco la proyección de una documental sobre los eventos de Dersim. De ser sinceras las disculpas de Erdoğan todo esto no hubiera tenido lugar, pero culpar al CHP por lo que ocurrió hace más de setenta años parece una desfachatez que no tiene como objetivo otro que el de lucrarse electoralmente.

Hayan sido o no de buena fe, las disculpas de Erdoğan suponen un avance para Turquía. Reconocer los errores del pasado ayuda a no volver a cometerlos en el futuro. Si Turquía quiere ser un país plenamente democrático que respete las libertades civiles debe saber convivir con su pasado. La sociedad turca está madurando, los debates sobre estos delicados temas están ahí, acabando poco a poco con los tabúes. El primer paso es siempre el más difícil. Esperemos que este no sea el último.