Las elecciones locales celebradas a finales de marzo en Turquía han supuesto un duro revés para el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan, quien cometió el error de plantearlas como una reválida a una gestión que se ha visto seriamente turbada desde mediados de 2008 por el proceso de intento de ilegalización al que estuvo sometido el gobierno del AKP y el consiguiente parón de las reformas, así como por la crisis económica global que aunque más tarde y en menor medida que a sus vecinos europeos, también ha acabado por afectar seriamente a Turquía desde finales del año pasado.
Precisamente otro de los errores de Erdoğan ha sido, sin duda, negar continuamente la existencia de la crisis, minimizando su impacto en la economía turca y sobre todo en la sociedad. Eso, y su negativa a aceptar la reducción de gasto público exigido por el Fondo Monetario Internacional ante la proximidad de las elecciones locales, ha sido lo que ha impedido de hecho hasta la fecha la firma de un acuerdo “stand by” con el FMI, que las principales organizaciones de empresarios de Turquía llevan demasiados meses pidiendo para dar mayor liquidez a la economía turca. Es cierto que ciertos factores –por ejemplo una dependencia mucho menor que sus vecinos de la UE del crédito, y un menor nivel de endeudamiento- han mantenido relativamente a salvo la economía del país de los vaivenes financieros de la crisis global. Pero la gran dependencia de las exportaciones que tiene Turquía para sostener su crecimiento, con su principal socio importador en una UE donde la crisis está pegando fuerte, han acabado por hacer mella también el país euroasiático. Se han puesto en marcha desde finales del año pasado varias medidas y paquetes económicos para estimular la economía turca, lo que evidencia que algo pasa. Y seguramente a muchos turcos no les ha resultado nada reconfortante ver cómo el primer ministro minimizaba los efectos de la crisis mientras miles de personas perdían su empleo en Turquía cada día. La crisis, que siempre hace mella en política e incluso se ha llevado ya a varios gobiernos europeos de por medio, también está pasando factura a Erdoğan.
Objetivamente, sin embargo, hay que decir que la pérdida de votos del AKP en estas elecciones locales no ha sido tan grande como se ha querido hacer ver. Es cierto que ha habido un castigo electoral plasmado en un estancamiento e incluso en una reducción del número de votantes al partido del primer ministro Erdoğan, evidente sobre todo en el hecho de que a pesar de la enorme participación que hubo en estas elecciones locales del 29 de marzo (cercana al 85%) todos los principales partidos ganaron votos, o al menos los mantuvieron… todos, salvo el AKP, claro está. No obstante, para ser fieles a la verdad hay que decir que el descenso respecto a las anteriores elecciones municipales de 2004 es de sólo un 2% en cuanto a las grandes ciudades se refiere. Muchos han querido hacer una comparación con las generales de julio de 2007, en las que el AKP obtuvo más del 47% de los votos del país, de modo que a nivel general el AKP habría reducido su porcentaje de votos casi un 8% en toda Turquía; buena parte de ello la tiene el propio primer ministro turco, quien dijo que cualquier porcentaje de votos por debajo de esa cifra de 2007 sería considerada un fracaso, y llegó a plantearse incluso un apoyo superior al 50% para estas elecciones. Pero tan evidente como ese nuevo error –otro más- de un Erdoğan demasiado confiado y que ha demostrado no sólo ahora que el éxito se le ha subido a la cabeza, es el hecho de que los electores no votan de la misma forma -salvo aquellos más fieles- en unas elecciones generales que en unas locales, donde prima mucho más el factor personal de cada candidato que el ideológico. Por ello, cualquier interpretación de los resultados debería tener en cuenta este hecho. Eso, y que el AKP reafirmó su poder en las regiones de la Anatolia central y oriental (donde tradicionalmente se concentra el voto conservador, más fiel al partido), así como en las dos principales ciudades del país: Estambul y Ankara.
¿Quiere decir esto que el AKP ha salido inmune de estas elecciones? Nada más lejos de la realidad. El electorado turco le ha enviado claros mensajes al partido en el gobierno, y la victoria del AKP, aunque victoria al fin y al cabo, lo ha sido con un regusto amargo. El AKP ha perdido la importantísima alcaldía metropolitana de Antalya a manos del CHP, y a punto ha estado de perder también Estambul y Ankara, sacando tan sólo entre siete y ocho puntos de ventaja a sus inmediatos rivales del CHP. El principal partido de la oposición ha sabido, además, movilizar a su electorado, otra cuestión en la que seguramente ha fallado también el partido de Erdoğan.
Precisamente ha sido a raíz de los buenos resultados cosechados por el CHP, especialmente en Estambul, cuando ha vuelto a salir a la palestra la cuestión del liderazgo del que es el principal partido opositor en Turquía, comandado desde hace una década por el septuagenario Deniz Baykal. Desde el propio partido y desde la prensa afín, el nombre del candidato por Estambul, el popular Kemal Kılıçdaroğlu –que logró incrementar el apoyo al partido en la metrópolis turca en 10 puntos- ha surgido repetidamente como posible sustituto de Baykal, a quien desde hace tiempo se acusa de carecer de ideas y de rumbo para el partido, especialmente tras la estrepitosa derrota que sufrió el CHP en las generales de 2007. Su extraña maniobra pocos meses atrás de admitir mujeres con chador en el partido –que acabó en un total fiasco- o la iniciativa más reciente de promover la apertura de escuelas coránicas, ha causado indignación entre las filas de su partido y un absoluto estupor fuera de él. No son precisamente pocos los que piensan que Baykal es el principal obstáculo del CHP para aspirar al gobierno, y prueba de ello es que el principal chascarrillo entre los diputados del AKP es que cuanto más tiempo siga liderando Baykal el partido, mejor para ellos… Kılıçdaroğlu ha descartado por ahora ser alternativa a Baykal diciendo que el CHP ya tiene un líder y un candidato a primer ministro, pero la prensa turca insiste y cree que Kılıçdaroğlu pondrá sus opciones sobre la mesa de cara a las próximas elecciones generales, a celebrarse en 2011, y que mientras dejará que Baykal vaya desgastándose y cayendo por su propio peso.
Sea como fuere, está claro que las últimas elecciones han despertado la ilusión entre las filas del principal partido de la oposición y renovado sus esperanzas de poder aspirar próximamente al gobierno. Hay quien ve ya un gobierno de coalición en Turquía, quizás como el que aspiraba a formar el CHP en 2007 con el MHP; la trayectoria seguida hasta ahora por el partido hace, sin embargo, que dicha posibilidad no esté exenta de dificultades, sobre todo teniendo en cuenta que el MHP ha podido llegar en el último año a más acuerdos con el AKP que con el propio CHP. Existe también el fundado temor a que una victoria del CHP pueda significar un parón en las reformas y en el camino de Turquía hacia la Unión Europea. Porque aunque Baykal repitió una y otra vez en su reciente viaje a Bruselas que su partido tenía vocación europea, los hechos han demostrado lo contrario y el CHP se ha opuesto con su líder a la cabeza a todas y cada una de las reformas aprobadas en el parlamento turco, incluyendo aquellas demandadas por la UE para proseguir las negociaciones de adhesión. Habrá que estar muy atentos, por tanto, a la evolución de los acontecimientos en el seno del CHP. Si algo está claro es que las últimas elecciones han dejado claros mensajes para el AKP, pero también para el CHP.
Por último, hemos de fijarnos por supuesto en otro de los grandes fracasos cosechados por Erdoğan y su partido en estas elecciones. Me estoy refiriendo, como no, a la ciudad de Diyarbakır, considerada la principal ciudad del sureste de Turquía, donde el partido nacionalista kurdo DTP ha cosechado una victoria arrolladora con un discurso fuertemente marcado por la etnicidad, en el que sus dirigentes han reivindicado una y otra vez que “sólo los kurdos del DTP son los auténticos”. El primer ministro turco había apostado fuerte en el sureste de mayoría kurda animado por los resultados obtenidos entre la población kurda en las generales de 2007, y pretendía arrebatar la alcaldía de Diyarbakır a su principal rival en la región, el DTP; pero una vez más el 29 de marzo le salió rana. La victoria del DTP en Diyarbakır, y su ascenso de votos en la región –que ha arrebatado al AKP otras alcaldías- debería no obstante ser una mera anécdota en cualquier democracia si no fuera por el discurso empleado por el DTP y por los vínculos más o menos estrechos que sin duda sigue manteniendo el partido con el grupo terrorista PKK. Sus reticencias a la hora de condenar los atentados del PKK o de calificarlo como una organización terrorista, o sus habituales elogios a su líder encarcelado Abdullah Öcalan, sitúan la cuestión kurda en Turquía en una peligrosa encrucijada. Sin duda sería un error no contar con el DTP en cualquier intento de solucionar el problema kurdo en Turquía por vías democráticas, y de ahí el problema que se plantea con esta situación, teniendo en cuenta además el proceso de posible ilegalización ante el Tribunal Constitucional al que se encuentra sometido actualmente el partido, precisamente por sus posibles vínculos con la organización armada Partido de los Trabajadores del Kurdistán.
Lo peligroso de la situación no es la victoria en sí de un partido nacionalista kurdo, sino el hecho de que el DTP haya cosechado ese éxito entre la población kurda del sureste precisamente con ese tipo de discurso étnico y diferenciador entre kurdos “auténticos-buenos” y kurdos “malos” o “del Estado”, como los llaman ellos. No debemos olvidar que sólo uno de cada cuatro kurdos en edad de votar lo hicieron por el DTP en las últimas elecciones, las de su mayor éxito electoral. Hay muchos kurdos en distintos ámbitos de la política nacional turca, incluido en partidos como el AKP, que obtiene habitualmente sus votos en el sureste entre los kurdos de clase media. Pero el hecho de que el DTP esté cosechando su éxito precisamente entre la población kurda del sureste, y que lo haya hecho además en unas elecciones en que se incorporaba un importante número de electores jóvenes, crea una sombra sobre la resolución del problema kurdo en Turquía cuya evolución habrá que seguir también muy atentamente. Quizás muchos quieran ver similitudes entre la situación en el sureste de Turquía y la del País Vasco en España; pero no debemos olvidar que en estos momentos, en su ideología y en su discurso, el DTP tiene más similitudes con la izquierda abertzale vasca que con un partido democrático y opuesto a la violencia como el PNV… con todo lo que eso implica. De hecho, la victoria del DTP en Diyarbakır acabó derivando ese día en el asalto de varios de sus seguidores a la sede del AKP en la ciudad, entre gritos llamando “traidores” a los kurdos que habían votado por el AKP y conminándolos a irse de la ciudad. De que el conflicto kurdo en el sureste encuentre vías de solución exclusivamente a través de vías políticas en los próximos años, renunciando a cualquier tipo de violencia, dependerá en gran medida su resolución… o su radicalización.
Ahora que han pasado las elecciones locales, es hora de ver si el AKP y el primer ministro Erdoğan son capaces de captar todos estos mensajes y emprender de nuevo el rumbo de las reformas, tal y como prometieron que harían tras las elecciones. Una de las principales bazas a su favor es que el AKP tiene por delante prácticamente dos años sin ninguna cita electoral (hasta las generales de 2011). Tiempo tiene por delante para demostrar si sigue siendo un partido capaz de aunar voluntades y votos de todos los diferentes estratos de la compleja sociedad turca, o si por el contrario el electorado centrista de clase media –que fue el que decantó las elecciones generales de 2007 por el AKP- tendrá que buscar otro partido en que ver reflejadas sus aspiraciones de una Turquía más moderna, más democrática y más próxima a la UE.
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Como gran aficionado a la historia que es, a Pablo Gómez le cautivó Turquía desde el primer día que la visitó en 2006: allí se casó, allí tiene una casa, y desde entonces se ha convertido en todo un experto en la actualidad de Turquía. Con una larga experiencia en medios de comunicación, está al frente de Hispanatolia desde 2011.




