artículo de opinión

OPINIÓN: El muro del 10%

En Turquía si un partido quiere optar a un asiento en la Asamblea Nacional debe obtener al menos el 10% de los votos emitidos a nivel nacional: se trata de un auténtico “muro” electoral sin parangón en las democracias europeas.

La legislación electoral de muchos países incluye una barrera electoral que equivale al porcentaje mínimo de votos que un partido debe obtener para disponer de representación parlamentaria. Su objetivo es evitar que partidos minoritarios obtengan representación o que se vean forzados a alcanzar acuerdos de coalición con otros partidos para obtenerla.

El porcentaje establecido como “barrera” muestra diferencias por países. En algunos se aplica una discriminación positiva para que minorías étnicas puedan estar representadas en la vida política del país. En el caso de España, esta barrera es de un 3% de los votos emitidos en una circunscripción determinada, lo que en la práctica supone que un partido con menos del 1% de los votos obtenidos a nivel nacional pueda tener representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados.

En la República de Turquía, si un partido quiere optar a un asiento en la Asamblea Nacional de Ankara, deberá obtener al menos el 10% de los votos emitidos a nivel nacional. Se trata de un auténtico “muro” electoral sin parangón en las democracias europeas y que evita que los partidos kurdos tengan representación parlamentaria.

El golpe de Estado perpetrado el 12 de setiembre de 1980 encabezado por el general Kenan Evren desembocó en la aprobación de una nueva Constitución en 1982 cuyo contenido sigue estando vigente en gran parte en la actualidad. Se modificó el sistema electoral. El sistema D´Hondt sin barreras fue sustituido por un muro del 10% a nivel nacional que buscaba terminar con la inestabilidad reinante en el panorama político de los años 70. Se pretendía, a su vez, que la vida política estuviera dominada por dos o tres grandes partidos hegemónicos.

En el momento de su instauración, la ley del 10% no se fijó específicamente para excluir al movimiento kurdo del panorama político. Sin embargo, ésta eliminaba cualquier posibilidad de que partidos que defendían el ideario del PKK tuvieran presencia en la Asamblea Nacional. A partir de 1990 comenzaron a concurrir partidos que representaban a esta sensibilidad (HEP, DEP, HADEP, DEHAP o DTP) pero ninguno de ellos pudo superar el muro del 10%. Además estos partidos fueron ilegalizados sucesivamente por su supuesta complicidad con el PKK. Así, aunque lograron ser los partidos más votados en algunas provincias del sudeste, no lograron obtener representación en forma de escaño.

Como alternativa, algunos políticos de estas formaciones decidieron presentarse como candidatos independientes, sin vinculación a las siglas de un partido determinado, ya que de esta manera no estaban sujetos a la ley de la barrera electoral o baraj en turco. El asunto de la barrera electoral ha sido una de las exigencias de la parte kurda en los contactos que el Gobierno del AKP ha mantenido con los kurdos dentro de la conocida como iniciativa kurda (Kürt açılımı).

La distorsión provocada por una regla cuanto menos discutible desde el punto de vista de la justicia electoral ha sido evidente. El Adalet ve Kalkınma Partisi o AKP, partido en el Gobierno desde el año 2002, obtuvo un 34,28% de los votos emitidos en las elecciones generales celebradas aquel año y en las que llegó al poder. El segundo partido más votado, el CHP, llegó hasta el 19,41% de los votos pero ningún otro partido alcanzó el 10% exigido. Así, el AKP se hizo con 363 del total de 550 escaños de la Asamblea Nacional y los 178 restantes fueran ocupados por parlamentarios del CHP. Esto supuso que más del 45% de los votos escrutados carecían de representación parlamentaria, o que un partido ocupara dos tercios de los escaños cuando el 65% de los electores no lo había votado.

Numerosos organismos internacionales han criticado abiertamente a Turquía por la aplicación de una barrera electoral que deja sin representación a una parte importante del electorado. Muchas voces dentro del país han defendido asimismo, la reducción de la barrera a un 7% o incluso a un 5%, al mismo nivel que el de otros países europeos. El propio AKP ha declarado públicamente en numerosas ocasiones la necesidad de una reforma de la ley electoral que reduzca la barrera, o que se establezcan circunscripciones regionales para lograr una mayor representación del electorado. Sin embargo, sus palabras e intenciones no se han traducido en hechos. Incluso en la propuesta llevada a referéndum para modificar y democratizar una constitución que emanaba del golpe de Estado de 1980, no se incluyó ninguna modificación electoral en este sentido.

Recientemente, el presidente del Tribunal Constitucional Haşim Kılıç ha declarado que han admitido a trámite una solicitud realizada por una persona física exigiendo la anulación de la barrera electoral. Si como está previsto el Tribunal declara en las próximas semanas que esta ley vulnera un derecho democrático, perdería su vigencia de manera inmediata y por tanto no sería aplicable en las próximas elecciones generales de junio de 2015. Sin embargo, las reacciones contrarias a una resolución en este sentido por representantes del partido en el Gobierno, y la dudosa separación de poderes existente en el Estado, hacen prever que esta ley seguirá vigente en las próximas elecciones.