La revista británica The Economist ha publicado esta semana un profundo análisis sobre el debilitamiento de la influencia de EE. UU. en Oriente Medio en el que examina el cambio de equilibrios en la región y el creciente peso de los actores regionales ante la menor presencia estadounidense. Un análisis que pone el foco en el futuro papel de Turquía y en cómo este país podría convertirse en la próxima gran potencia en la región una vez se retire Estados Unidos.
En su artículo, titulado “When America walks away” (Cuando Estados Unidos se vaya), The Economist señala que Estados Unidos no saldrá fácilmente de una guerra con Irán y afirma que ha quedado patente que los intentos de Washington por imponer sus propios planes en Oriente Medio han llegado a su fin.
“Estados Unidos parece estar atascado en Oriente Medio. No tiene una salida fácil a su guerra con Irán”, comienza diciendo el artículo, que señala que, sea cual sea su desenlace, el conflicto parece estar marcando el fin de la hegemonía de Estados Unidos en la región y anticipando una futura retirada de su presencia militar, o al menos una disminución importante de la misma. “Por primera vez desde que las grandes potencias desmembraron el Imperio Otomano hace un siglo, el orden general de Oriente Medio ya no se impondrá desde lejos”, añade la publicación.
Turquía ocupará el vacío de poder que dejará EE. UU.
El análisis de la publicación británica plantea que Estados Unidos, al igual que Reino Unido, Francia y Rusia, tienen y seguirán teniendo sus propios planes e iniciativas en Oriente Medio; pero señala que Turquía es el principal candidato a ocupar el vacío de poder que se producirá una vez la influencia estadounidense en la región llegue a su fin, algo que ya era evidente en los últimos años y que el conflicto con Irán ha puesto en evidencia.
«Turquía es el candidato más fuerte para llenar el enorme vacío de poder que surgirá cuando termine la influencia de Estados Unidos en la región”, publica The Economist, que en su portada añade bajo el título principal una entradilla que supone toda una declaración: “Durante décadas, Estados Unidos ha disfrutado de la hegemonía en Oriente Medio. Eso está a punto de terminar”.
El creciente papel de Turquía en la región
La publicación destaca los crecientes lazos diplomáticos, políticos y económicos de Ankara con los países árabes y del Golfo y la cada vez más independiente política exterior de Turquía, que ha dejado de lado el “seguidismo” que tenía con respecto a los intereses de EE.UU. en el pasado y ahora se centra en priorizar sus propios intereses nacionales.
Esto ha sido interpretado recientemente en muchos círculos políticos y mediáticos en Europa y Estados Unidos como un alejamiento de Occidente si bien, en realidad, este debate sobre Turquía no es nuevo y Ankara siempre ha insistido en que su política busca crear lazos y construir puentes entre ambos mundos, sin alejarse de uno u otro.
Según destaca The Economist, Ankara ha sabido responder a los acontecimientos en la región con medidas pragmáticas, generando nuevas oportunidades para su potente diplomacia; además, las crecientes capacidades mostradas por la industria nacional de defensa turca ha reforzado de manera particular la posición de Turquía en la mesa de negociaciones y ha maximizado su capacidad de disuasión regional.
Las claves de la influencia de Turquía
The Economist también menciona las estrechas relaciones que Turquía ha sabido desarrollar durante los últimos años con sus vecinos, muy especialmente con Siria e Irak. Ankara mantiene fuertes vínculos con la nueva Siria tras el fin de la dictadura de Assad, mientras que al mismo tiempo colabora con Bagdad en temas como las rutas comerciales, la gestión de los recursos hídricos en la región y la lucha contra el terrorismo. Todos estos factores refuerzan el liderazgo de Turquía en Oriente Medio.
No obstante, The Economist subraya que las relaciones de Turquía en la región no se limitan a Siria e Irak, y destaca como ejemplo el reciente acuerdo de la Alianza de Defensa de La Meca, firmado por Turquía, Pakistán y Arabia Saudí, que no solo representa un contrapeso a la influencia exterior -específicamente la de Estados Unidos- en Oriente Medio sino que, de facto, parece responder precisamente al menor peso de Washington en la región, que ha quedado en evidencia con su incapacidad para infligir una derrota militar plena a Irán y para desbloquear por completo el vital Estrecho de Ormuz.
Todos estos factores apuntan, según concluye el análisis de The Economist, a que las relaciones que Turquía está desarrollando con distintos actores regionales podrían ampliar su influencia en Oriente Medio y convertirla en la potencia emergente de la región, llenando el vacío de poder a medida que la influencia de EE. UU. en la región se desvanece.
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Editado y revisado por:

Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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