Turquía ha tendido su mano a Siria tras la “nueva era” inaugurada con el derrocamiento del régimen sirio y la huída del presidente sirio Bashar al-Assad a Rusia, donde ha recibido asilo político tras la ofensiva relámpago llevada a cabo por los rebeldes sirios que les ha permitido tomar en apenas 10 días las principales ciudades del país, incluyendo Alepo y Damasco, poniendo así fin a 13 años de guerra civil.
En un discurso realizado durante la Conferencia de Embajadores Turcos celebrada ayer en Ankara y recogidas por medios turcos, el ministro de exteriores de Turquía Hakan Fidan volvió a insistir en que Ankara no ha estado implicada en la ofensiva rebelde que llevó a la caída de Assad ni ha apoyado a Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el principal grupo que lideró la operación, pero añadió que el gobierno turco está listo para apoyar a la nueva Siria y trabajar en su reconstrucción en coordinación con “todos los actores y facciones de la región”.
“Confiamos en que los actores internacionales, especialmente Naciones Unidas, ayuden al pueblo sirio y apoyen el establecimiento de un gobierno inclusivo (en Siria)”, dijo Fidan, quien subrayó la importancia de crear una administración en el país que integre a todos los sirios, al margen de su origen o su religión, y en la reconciliación nacional como única vía hacia la paz y la estabilidad en Siria.
En este sentido, Fidan recordó que Assad y su gobierno no habían dado ningún paso hacia la reconciliación nacional en los 13 años de guerra civil en Siria a pesar de todas las iniciativas y oportunidades, e incluso de la mediación ofrecida por Turquía. “Una nueva era ha comenzado en Siria, y ahora es tiempo de centrarse en el camino que queda por delante”, dijo el ministro.
“Queremos que Siria sea un lugar donde diferentes grupos étnicos y religiosos vivan bajo una idea inclusiva del gobierno y de la paz. Queremos ver una nueva Siria con lazos con sus vecinos, que aporte paz y estabilidad a la región. Continuaremos nuestra labor para garantizar un retorno seguro y voluntario de los sirios, y para la reconstrucción del país”, declaró Fidan, quien hizo hincapié no obstante en la necesidad de impedir que organizaciones terroristas como el Daesh o el PKK/YPG “se aprovechen de la actual situación”.
Las últimas horas de Assad
El propio presidente turco Tayyip Erdoğan recordaba días atrás cómo en numerosas ocasiones su gobierno tendió la mano a Assad ofreciéndole abordar el futuro de Siria mediante un diálogo con la oposición, “pero no recibimos una respuesta positiva”. Irónicamente, se ha sabido que el presidente sirio Bashar al-Assad contactó con Turquía en sus horas finales en el poder -mientras Damasco era cercada por los rebeldes- pidiendo su ayuda a cambio de aceptar cualquier condición que le impusiera Ankara. Las autoridades turcas, sin embargo, ni siquiera respondieron a la propuesta del dictador sirio.
Desesperado por su situación, Assad contactó entonces por medio de intermediarios con Biden y Trump, pidiendo ayuda a Estados Unidos para frenar a los rebeldes y comprometiéndose a cambio a romper sus lazos con Irán y Rusia. Sin esperar a la respuesta de Biden -a quien le queda poco más de un mes en el cargo- Trump declaró públicamente que Siria era un “caos” y que Estados Unidos no intervendría en el conflicto, dejando claro lo que ya era evidente: Assad estaba solo.
En la noche del 7 al 8 de diciembre, con Homs tomada por los rebeldes y la oposición siria avanzando por las calles de Damasco y tomando barrio a barrio la capital sin apenas oposición, altos funcionarios del régimen comenzaron a abandonar a Assad y contactaron con los rebeldes sirios ofreciéndoles su colaboración a cambio de garantizar su seguridad.
Fue entonces también cuando Irán, consciente ya de que las horas de Assad estaban contadas, llegó a un acuerdo con la oposición siria: retirar a todas sus fuerzas del país a cambio de que se respetase a la minoría chií de Siria y sus lugares sagrados. Un acuerdo de mínimos que fue el canto de cisne de la influencia iraní sobre Siria. Poco después, a punto de ser tomado el palacio presidencial, Assad tomaba apresuradamente un avión rumbo al exilio en Rusia.
Irán y Rusia, los grandes perdedores
Irán es uno de los grandes perdedores de la caída de Assad, ya que pierde no solo su influencia sobre Siria sino también el corredor terrestre que le conectaba a través del Irak chií con la costa mediterránea, dejando a un Hezbolá ahora aislado en Líbano y asediado por Israel, que también sale beneficiada al deshacerse de la amenaza que representó durante más de medio siglo el clan Assad y eliminar la influencia iraní sobre el país vecino.
Rusia, que pierde casi toda su influencia en Oriente Medio y sufre un duro golpe a su reputación tras años de esfuerzo bélico, económico y político en Siria, es también otro de los actores que sale más gravemente perjudicado, y tendría suerte si logra conservar sus bases militares en Tartus y Latakia, pese a las garantías provisionales ofrecidas en este sentido por la oposición siria.
Un nuevo comienzo para Turquía
Turquía es por contra la gran beneficiada de la caída del régimen de Assad. Millones de refugiados podrán regresar ahora a su país, acabando así con una enorme carga económica para las arcas públicas de la República Turca, aunque está por ver cómo influirá el regreso de los sirios en la economía turca, que pierde una importante mano de obra barata aunque a cambio podría haber consecuencias positivas para la economía del país, incluyendo una mayor estabilidad y un descenso del coste de la vivienda que contribuya a mejorar la inflación.
Se abre también una gran oportunidad para la participación de Turquía en la reconstrucción de Siria, donde se prevé que sea necesario invertir cientos de miles de millones de dólares, y donde la participación de empresas de otros países como Rusia, Irán, Israel o incluso China parece totalmente descartada, dadas las circunstancias.
Ankara también tiene ahora vía libre para crear un corredor seguro a lo largo de sus más de 900 km de frontera con Siria libre del YPG/PKK (SDF) y eliminar la amenaza que representa la presencia de estas organizaciones terroristas para su seguridad nacional; a esto contribuirá el anuncio de Trump de que quiere sacar a sus tropas de Siria, mientras que la oposición siria y el propio HTS podrían mirar hacia otro lado, conscientes de las preocupaciones que Turquía tiene sobre su seguridad y de la propia amenaza que representa el YPG/PKK para la estabilidad de Siria. Queda aún la gran incógnita de qué hará el HTS: ¿se disolverá como ha prometido? ¿O seguirá siendo una fuerza a la que Turquía deba hacer frente?
Por último pero no menos importante, el apoyo firme y continuo prestado por Turquía durante todos estos años tanto a la oposición a Assad como a millones de refugiados sirios, ha creado alianzas, lazos y vínculos que serán difíciles de olvidar en la nueva Siria.
Muchos de los refugiados que estos días cruzan la frontera turca para regresar a su país se van con lágrimas en los ojos dando repetidamente las gracias a los turcos y declarándoles su eterna amistad.

Una nueva generación de millones de sirios que han nacido, crecido o simplemente vivido en Turquía regresa a Siria, creando unos vínculos entre los dos países que serán difíciles de romper, y marcando un antes y un después en la evolución política, social y económica de ambas naciones, que influirá también enormemente en la región.
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Como gran aficionado a la historia que es, a Pablo Gómez le cautivó Turquía desde el primer día que la visitó en 2006: allí se casó, allí tiene una casa, y desde entonces se ha convertido en todo un experto en la actualidad de Turquía. Con una larga experiencia en medios de comunicación, está al frente de Hispanatolia desde 2011.





