Se cumplen 76 años de la deportación de los tártaros de Crimea por Stalin

En 1944 Stalin ordenó la deportación en masa de los tártaros de Crimea. La mitad de ellos murieron por hambre o enfermedades. La URSS les permitió regresar en 1989, pero hoy día son aún perseguidos por Rusia.

Este 18 de mayo se cumple el 76º aniversario del inicio de las deportaciones masivas ordenadas por Stalin contra los tártaros de Crimea, cuya población fue obligada a la fuerza a emigrar a zonas de Asia Central de la Unión Soviética: un viaje de miles de kilómetros en el que alrededor de la mitad de ellos murieron.

Turquía, emparentada cultura, étnica e históricamente con los tártaros -que también profesan el Islam sunní- por su historia común en el Imperio Otomano, recordó con dolor este hecho a través de un mensaje emitido por el Ministerio de Exteriores: «Turquía continúa hoy, como en el pasado, apoyando a los turcos tártaros de Crimea para que superen el trato injusto que han recibido y para que vivan seguros y en paz, preservando su identidad».

El texto, que reiteraba su apoyo a la integridad territorial de Ucrania y hacía mención también al aniversario del genocidio contra los circasianos cometido también por Rusia, recordaba que hace 76 años los tártaros, «el pueblo nativo de Crimea, fueron arrancados por la fuerza de su patria y deportados en condiciones inhumanas«.

Stalin acusó a los tártaros de colaborar con los nazis

La deportación de los tártaros comenzó el 18 de mayo de 1944 en todas las localidades habitadas de la península de Crimea, por entonces parte de la URSS y donde los tártaros constituían históricamente la mayoría de la población en muchas zonas, especialmente en la costa sur de la península. Crimea fue parte del Imperio Otomano hasta su conquista a finales del siglo XVIII por parte del Imperio Ruso.

Los soldados entraron en las casas de los tártaros, les dieron 15 minutos para recoger unas pocas pertenencias, y fueron llevados a vagones de tren para ganado: dentro de cada uno se apilaban 60 personas. Fueron enviados a varias zonas de Asia Central y Rusia, a miles de kilómetros de sus hogares, en un viaje en el que miles de ellos murieron por enfermedades e inanición. Los supervivientes afirman que quienes morían en el viaje eran arrojados de los vagones «como basura».

La orden de deportación de los tártaros fue dada por Stalin bajo el pretexto de que habían colaborado con los nazis cuando éstos ocuparon Ucrania durante la II Guerra Mundial, aunque hoy día se sabe que los supuestos documentos que demostraban aquella colaboración fueron falsificados por la propaganda del régimen soviético.

Es cierto que muchos tártaros -que eran considerados una raza inferior por los nazis- recibieron al principio a los alemanes como «libertadores» de la opresión de Stalin, pero su colaboración efectiva con los nazis se limitó a unos pocos cientos de soldados; fueron muchos más -decenas de miles- los que combatieron a los nazis como partisanos o en el Ejército Rojo, unos hechos que la Unión Soviética silenció.

200.000 tártaros fueron deportados de su patria

De hecho, todos los tártaros colaboradores con los nazis fueron evacuados a Alemania cuando los alemanes se retiraron de Ucrania ante el avance de las tropas soviéticas, por lo que cuando Stalin ordenó la deportación de los tártaros de Crimea como una especie de «castigo colectivo«, estaba haciéndolo en realidad sobre la población que o bien no había ayudado a los nazis, o que los había combatido.  

Los historiadores modernos sostienen que en realidad esta medida formaba parte de los planes de Stalin de asegurar el territorio para obtener un acceso al Mar Negro y al estratégico Estrecho de los Dardanelos, y de incluso adquirir territorios en Turquía, país neutral en la guerra.

La deportación masiva de los tártaros provocó el abandono de 80.000 casas y 360.000 acres de tierra en Crimea, donde Stalin buscó erradicar cualquier vestigio de la existencia de los tártaros y durante años promovió la emigración rusa para alterar por completo la demografía de la región.

No hay cifras exactas porque los documentos siguen clasificados, pero se estima que entre un 20 y un 50% de los aproximadamente 200.000 tártaros deportados por Stalin, que fueron enviados principalmente a Uzbekistán y Siberia, murieron en el camino o posteriormente al llegar a su destino debido al hambre o a las enfermedades a causa de las durísimas condiciones que soportaron, ya que la propaganda soviética los tildaba de «traidores» por lo que también sufrían el rechazo y la persecución de la población local.

Sólo con la caída de la URSS los tártaros pudieron regresar a Crimea

No fue hasta décadas más tarde, durante la perestroika, cuando el ya moribundo régimen soviético reconoció en 1989 que la deportación de los tártaros había sido un acto ilegal y criminal, y les permitió poder regresar a su patria en Crimea, lo que hicieron unos 260.000: si bien ya no constituirían la principal etnia en Crimea tras décadas de inmigración rusa alentada por Moscú, se convirtieron en una importante minoría, constituyendo el 12% de la población.

Pese a permitirles regresar décadas después a su patria, los tártaros debieron hacerlo con sus propios medios: las autoridades soviéticas no les proporcionaron ningún tipo de ayuda para el retorno, ni tampoco les ofrecieron compensación alguna por las propiedades que habían perdido. Tras la caída de la URSS, su heredera Rusia siguió la misma política negándose a ofrecer compensación alguna o a investigar y perseguir judicialmente a los responsables de la deportación.

Los tártaros siguen luchando hoy día por que se reconozcan sus derechos y por que la deportación en masa ordenada por Stalin de su Crimea natal sea reconocida internacionalmente como un genocidio, algo que hizo oficialmente en 2015 la Rada Suprema (parlamento) de Ucrania.

Décadas después de su deportación por Stalin, la situación de los tártaros de Crimea es de nuevo grave debido a la anexión unilateral que Rusia llevó a cabo en 2014 de esta estratégica península de Ucrania, alegando que defendía los derechos de su población mayoritariamente de etnia rusa. Leal al gobierno de Kiev, la minoría tártara afronta nuevas persecuciones y asesinatos no resueltos de sus líderes, y es objeto de discriminación en la nueva Crimea rusa.