Simit (Roscas de pan con sésamo)

Resulta prácticamente imposible decir que uno ha visitado Turquía si no ha oído al menos en una ocasión a un vendedor de simit (el simitçi) anunciar a viva voz por la calle este famoso pan turco, y mal haríamos en irnos del país sin probarlo.

Resulta prácticamente imposible decir que uno ha visitado Turquía si no ha oído al menos en una ocasión a un vendedor de simit (el simitçi) anunciar a viva voz por la calle este famoso pan turco, y mal haríamos en irnos del país sin probarlo. El simit tiene forma de rosca y viene decorado con abundantes semillas de sésamo. En algunas partes de Turquía, sobre todo en İzmir, al simit se le conoce por el nombre de «gevrek».

Los turcos toman simit casi a cualquier hora, solo o acompañado del inexcusable té, aunque resulta casi imprescindible en un buen desayuno turco (¡de ahí que los simitçi lo anuncien desde primerísima hora de la mañana!): en tal caso suele comerse acompañado de beyaz peynir (queso blanco turco), aceitunas, tomates, pepinos, börek, etc. Un buen simit recién hecho estará crujiente por fuera y blando por dentro.

Ingredientes (para 6-8 personas)

Para la masa:

500 gr. de harina de fuerzo
2 cucharadita de sal
medio vaso de agua tibia

Para preparar la levadura:

25 gr. de levadura fresca (mejor la que venden en panaderías que la de sobre)
2 cucharada de azúcar
medio vaso de agua tibia

Para añadir al simit:

1 cucharadas de melaza (o de miel, si no se tiene)
medio vaso de agua tibia
semillas de sésamo

Preparación

Diluimos el azúcar en un vaso de agua tibia, y a continuación la levadura, dejándolo reposar todo unos 5 minutos. A continuación vertemos en un bol la harina mezclada con la sal y vamos añadiendo poco a poco y removiendo la mezcla de agua, azúcar y levadura que hemos hecho antes. Mezclamos bien todo y amasamos unos 15 minutos hasta conseguir una masa homogénea y elástica, que luego cubrimos con un trapo dejándola reposar aproximadamente media hora.

Pasado ese tiempo, ponemos la masa sobre una superficie enharinada y la amasamos un poco para quitarle el aire que se haya podido formar. Hacemos varias bolas (cada una del tamaño aproximado de un puño, de forma que nos queden entre 6 y 8 bolas), y las volvemos a tapar dejándolas reposar una media hora. A continuación hacemos de cada bola una tira no muy gruesa que colocamos aparte.

Encendemos el horno y vamos precalentándolo a unos 200 ºC. Mientras, colocamos en un cuenco las semillas de sésamo y en otro cuenco aparte vertemos medio vaso de agua tibia y disolvemos en ella la melaza o la miel, y vamos pasando cada una de las tiras que hemos hecho primero por la melaza y luego por las semillas de sésamo, como si estuviéramos rebozándolas. Hay que procurar que la melaza no quede demasiado diluida en el agua para que las semillas se agarren bien. Seguidamente unimos las tiras por los extremos para darles forma redonda, estirándolas para que queden no demasiado gruesas y el agujero grande, y retorciéndolas un poco al unirlas para que la apariencia del simit sea más auténtica.

Preparamos una bandeja con papel para el horno y vamos colocando los simit cuidando que no se toquen unos con otros (hay que tener en cuenta que la masa se expande). Introducimos la bandeja en el horno con los simit y esperamos unos 20 minutos o hasta que queden crujientes y dorados por fuera.

Ya podemos salir a la calle y anunciar……… «¡¡Simit, simiiiiiiiiiit!!»

 

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