Siria, carteles de Assad

Los rebeldes sirios arrebatan a Assad la ciudad de Hama

Los rebeldes sirios se hicieron finalmente hoy con el control de la ciudad de Hama, la cuarta más grande de Siria, 2 días después de iniciar el asedio sobre la urbe y solo 5 días después de haberse con el control de Alepo, la segunda ciudad más poblada de Siria y corazón económico del país.

Varios medios internacionales confirmaron la caída de Hama -cuyo nombre precisamente significa en árabe “fortaleza”- tras duros combates en los que las fuerzas leales a Assad trataron de retener una ciudad que es clave para proteger la ruta que lleva a Damasco a través de Homs, esta última la tercer ciudad más importante del país -situada a solo 50 km al sur de Hama- y que podría ser la próxima en caer en manos de la oposición siria.

Los rebeldes habían cercado en los últimos días Hama por tres frentes diferentes dejando solo bajo control del régimen sirio la ruta de escape por el sur, precisamente la que han tomado los soldados del ejército árabe-sirio en las últimas horas para huir de la ciudad. El propio gobierno de Damasco reconocía poco después en un comunicado la pérdida de Hama tras una “intensificación de los combates entre nuestros soldados y los grupos terroristas… que fueron capaces de penetrar por varios frentes y entrar en la ciudad”, añadiendo que sus fuerzas habían sido “redesplegadas” fuera de Hama: un eufemismo usado también tras la pérdida de Alepo para referirse a la retirada de las tropas que luchan en el bando de Assad.

Hama: un golpe moral y militar para el régimen sirio

La pérdida de Hama supone un doble golpe para el régimen sirio, que pierde una de sus ciudades más importantes y un punto estratégico para frenar el avance de la oposición desde el norte de Siria y proteger las ciudades costeras de Latakia y Tartus, donde se encuentran las principales bases militares de Rusia, que precisamente ha estado retirando en los últimos días sus navíos del puerto de Tartus; pero esta derrota también evidencia la debilidad de sus fuerzas, que solo han resistido dos días el asedio de los rebeldes pese a que Assad envió una gran cantidad de refuerzos a la ciudad con “decenas de camiones” cargados con tanques, armamento y soldados, según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, basándose en fuentes sobre el terreno.

Pese a esos refuerzos y a la ayuda proporcionada por países como Rusia, e incluso pese a que el presidente sirio ordenó aumentar un 50% la paga de los soldados profesionales del ejército para tratar de aumentar su moral, la batalla por Hama ha puesto en evidencia las enormes vulnerabilidades que erosionan las bases del poder de Assad, cuyo ejército está compuesto -salvo en el caso de algunas unidades de élite con base en Damasco- por soldados mal equipados, mal pagados y con escasa moral, que a menudo han recurrido al saqueo de los lugares que debían defender para sobrevivir o simplemente para compensar los retrasos en los pagos. 

Un ejército mal equipado y mal pagado

Evidencia de esto son los problemas endémicos de reclutamiento que ha sufrido el ejército árabe-sirio desde el estallido de la guerra civil y que se han agudizado en los últimos años, agravándose aún más por supuesto desde el inicio de la caída de Alepo: es un hecho que las fuerzas rebeldes apenas encontraron resistencia al tomar la segunda mayor ciudad del país porque, sencillamente, las fuerzas de Assad en muchos casos abandonaron sus puestos y huyeron, dejando además tras de sí grandes cantidades de equipamiento militar y munición que fueron capturadas por los rebeldes, tal y como se ha evidenciado con imágenes y videos en los últimos días.

Con una Irán debilitada y una Rusia centrada en Ucrania, Bashar al-Assad se enfrenta a una creciente presión interna que la caída de Hama sin duda agravará. A medida que el territorio bajo su control se reduce y su ejército sufre reveses militares evidenciando su falta de capacidad para oponerse a los rebeldes, el siempre titubeante apoyo a su régimen se debilita y aumentan las tensiones en su círculo de poder y en su cúpula militar, al mismo tiempo que focos de descontento social que permanecían acallados desde hacía años vuelven a salir a la luz e, incluso en algunos casos, llegan a rebelarse y a expulsar a los soldados del régimen, como ha ocurrido por ejemplo en Talbisah, al norte de Homs.

La legitimidad de Assad, cada vez más cuestionada

La rápida caída de Alepo no solo ha sacudido los cimientos de la legitimidad del régimen y dado alas a sus oponentes: también ha supuesto un duro revés para la economía del gobierno sirio, lastrada por años de guerra y aislamiento internacional, con 3 de cada 4 sirios viviendo bajo el umbral de la pobreza pese a los años recientes de relativa paz. Podríamos estar, por tanto, a las puertas no solo de un colapso económico del régimen de Assad, sino también social.

Incluso entre quienes apoyaban su gobierno tras el estallido de la guerra civil siria, ya antes de esta ofensiva cada vez eran más las voces que elevaban su descontento antes de la caída de Alepo; y la captura de Hama por parte de los rebeldes sirios solo habrá conseguido agravar ese sentimiento. En los últimos días ha habido incluso rumores de levantamientos militares, y la pérdida de dos de las cuatro grandes ciudades del país en cuestión de días -cuando el régimen sirio necesitó 4 años de asedio solo para recapturar Alepo- ha terminado por erosionar por completo la imagen de Assad, al que solo le queda refugiarse en su bastión palaciego en Damasco.