Irán advirtió a Australia sobre el autor del secuestro en Sidney

Man Haron Monis huyó de Irán y solicitó asilo político en Australia en 1996, pese a que las autoridades iraníes advirtieron a Canberra sobre su fanatismo religioso.

Teherán ya habían advertido a Canberra sobre el carácter peligroso del refugiado iraní Man Haron Monis, que el martes conmocionó a Australia tras secuestrar a decenas de personas en un café de Sidney, en un incidente que se saldó con la muerte de dos rehenes y el propio secuestrador.

En declaraciones a la agencia oficial IRNA hechas por el jefe nacional de la policía de Irán, Ismail Ahmadi Moghaddam, éste ofreció cualquier tipo de colaboración en la investigación sobre el secuestro e indicó que Monis había solicitado asilo político a Australia en 1996 y que tenía a sus espaldas un largo historial de extremismo religioso, razón por la cual las autoridades iraníes solicitaron su extradición.

Australia sin embargo rehusó entonces aceptar alegando que no existía un acuerdo de extradición bilateral entre los dos países y dada la condición de refugiado político de Monis, que desde entonces se había hecho famoso por enviar cartas insultantes a familiares de soldados australianos caídos en Afganistán entre 2007 y 2009, llamándolos “asesinos”. En noviembre del año pasado este iraní fue condenado además como cómplice en el asesinato de su ex mujer, que fue encontrada apuñalada y quemada.

Tras ser arrestado el pasado mes de abril acusado de agredir sexualmente a una mujer en Sidney en el año 2002, Monis –de 49 años de edad- comenzó a verse en serios apuros a medida que otras mujeres comenzaron a testificar contra él, elevando hasta más de 40 los cargos contra él; él sin embargo nunca reconoció los delitos, aseguraba estar siendo perseguido políticamente y se comparaba a sí mismo con el fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

Finalmente el pasado viernes –cuatro días antes de la toma de rehenes en el café- había recibido un nuevo varapalo al fracasar en su apelación tras la condena en 2009 por el envío de cartas a los familiares de soldados australianos, lo que pudo desembocar en el secuestro del martes y en su trágico desenlace.