Afganistán declara \’\’fosa común\’\’ el lugar donde perecieron más de 2.000 personas

Las autoridades locales consideran imposible rescatar los cuerpos de las al menos 2.100 víctimas que perecieron en el desastre, y quieren centrar sus esfuerzos en los supervivientes.

Tal y como había sido anunciado el fin de semana por responsables de Naciones Unidas en el país, las autoridades afganas han declarado oficialmente como «fosa común» la zona del desastre donde el viernes al menos 2.100 personas murieron sepultadas al precipitarse parte de una montaña sobre una aldea del norte de Afganistán.

«Las autoridades religiosas y funcionarios de alto nivel han convencido a los habitantes locales de desistir de la búsqueda de los cadáveres», declaraba un gobernador local de la provincia septentrional de Badajshán, donde se produjo el desastre, reconociendo que la tarea de rescatar los cuerpos se ha vuelto «prácticamente imposible». «Cuando los musulmanes mueren, deben ser enterrados, y ellos (los fallecidos) ya están bajo una enorme colina de barro», añadió.

Mohammad Younus Qanooni, recién nombrado vice presidente del país, visitó el domingo el área junto con varias autoridades y confirmó más tarde la decisión que el lugar donde hasta hace sólo unos días se levantaba la aldea de Abe Barik sería declarado como una gran tumba para todos los «mártires» de la tragedia.

Las autoridades quieren centrarse ahora en la asistencia a los supervivientes, a los que se intenta proporcionar alimentos, cobijo y asistencia médica hasta que sean reubicados en una nueva aldea que se construirá en un lugar alternativo, a salvo de este tipo de derrumbes relativamente frecuentes en la región. Testigos y supervivientes describieron lo ocurrido a primera hora de la tarde del viernes asegurando que pensaban que llegaba  el «Día del Juicio«, y cómo en cuestión de segundos parte de la aldea desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

El gobierno de la provincia de Badajshán había hecho un llamamiento dentro y fuera del país para el envío de maquinaria pesada que permitiera rescatar los cientos de cuerpos sin vida que quedaron atrapados el viernes bajo una montaña de escombros y lodo de al menos 100 metros de altur; una tarea casi imposible dadas los limitados recursos del gobierno y la dificultad de las comunicaciones en la zona.