Muere el último general superviviente del golpe de Estado de 1980

Tahsin Şahinkaya fallecía el jueves a los 90 años en el hospital donde permanecía ingresado. Condenado en 2014 a cadena perpetua por sus crímenes junto con el general Kenan Evren, ninguno de los dos reconoció jamás su culpabilidad.

Tahsin Şahinkaya, el ex comandante de las Fuerzas Aéreas Turcas que protagonizó el golpe de Estado del 12 de septiembre de 1980 encabezado por el entonces Jefe del Estado Mayor Kenan Evren, falleció el jueves a la edad de 90 años en el hospital militar GATA de Estambul donde se encontraba ingresado desde hacía tiempo, incapaz de levantarse de su cama.

Nacido en 1925 en la provincia de Amasya, Şahinkaya era el último superviviente de los cinco altos mandos del ejército que asumieron el poder a través del Consejo de Seguridad Nacional (MGK) y suspendieron la Constitución en vigor. Un total de 650.000 personas fueron encarceladas durante el gobierno de la junta militar, que además juzgó por motivos políticos a más de 200.000 ciudadanos de los que 517 fueron sentenciados a muerte, siendo ejecutados finalmente 50 de ellos. Además al menos otras 300 personas murieron en prisión a causa de las torturas o de las pésimas condiciones de vida en las cárceles.

Şahinkaya y Evren fueron condenados a cadena perpetua en junio de 2014 después de que se anulase el Artículo 15º de la Constitución –elaborada a instancias de los propios golpistas- que otorgaba inmunidad de facto a los responsables de la intervención militar, lo que propició que en abril de 2012 se iniciase a instancias de las familias de las víctimas un juicio contra los dos mandos castrenses que aún vivían.

Kenan Evren, quien posteriormente se proclamó Presidente de la República (un cargo que ostentó durante casi nueve años), falleció el 9 de mayo a los 98 años y en los meses previos a su muerte se había rumoreado que podría padecer Alzheimer. Ni él ni Şahinkaya llegaron a reconocer jamás su culpabilidad durante el juicio –mostrándose desafiantes y llegando incluso a amenazar con suicidarse– ni asistieron a ninguna de la sesiones del proceso, alegando su delicado estado de salud y argumentando que se habían violado sus derechos. Igualmente no llegaron a ingresar en prisión tras la condena, ya que el proceso de apelación ante los tribunales aún continuaba en la actualidad.