La justicia turca ordena el derribo de tres rascacielos de Estambul

El Consejo de Estado de Turquía ratificaba recientemente una sentencia emitida hace un año por un tribunal contra las torres por modificar la silueta de la península histórica de la ciudad.

El Consejo de Estado de Turquía –el más alto tribunal administrativo de la República- ratificó una sentencia emitida en 2013 por un tribunal turco que ordenaba la destrucción de un conjunto de rascacielos construidos en un barrio europeo de Estambul, y que la justicia turca consideró que dañaban la silueta histórica de la ciudad vista desde el Bósforo.

Fuentes jurídicas implicadas en el caso y citadas por la prensa turca lo confirmaban esta misma semana, explicando que ya se había presentado una demanda contra las autoridades municipales por no haber puesto en marcha la medida en el tiempo requerido. “El dictamen del Consejo de Estado es vinculante y definitivo. Todas las vías legales se han agotado dado que ya no quedan más instancias a las que apelar”, aseguraba el miércoles un abogado turco al diario Hürriyet.

A finales de mayo de 2013 un tribunal administrativo de Estambul sentenciaba que tres rascacielos construidos cerca de la península histórica de Estambul debían ser derribados por alterar la silueta de la ciudad. En su sentencia, la corte explicaba que los tres rascacielos, de 37, 32 y 27 pisos de altura, estaban fuera de la ley dado que “han afectado negativamente a un lugar que es patrimonio mundial y que el gobierno turco está obligado a proteger”. 

La construcción de las tres torres, situadas cerca de la costa del Mar de Mármara y en el céntrico distrito de Zeytinburnu -en el lado europeo de Estambul-, levantó ya polémica cuando se publicaron las primeras fotos en la prensa turca hace tres años, dado que eran claramente visibles tras la gran Mezquita de Süleymaniye –ubicada en la parte más elevada del casco antiguo de Estambul- alterando su silueta vista desde el Bósforo.

Pese a la controversia suscitada, en la que intervino el propio primer ministro turco pidiendo que se recortaran las torres, las obras continuaron y el promotor de la obra alegó tras la sentencia de 2013 que resultaba imposible recortar la altura de los edificios, dado que las plantas superiores de los rascacielos ya habían sido vendidas y estaban habitadas.