La historia de Estambul a través de sus mezquitas

Cuando se visita Estambul una de las primeras cosas que sobresalen son los minaretes de sus mezquitas. Muchas son magníficas obras de arte de más de 500 años de antigüedad ante las que el visitante pasa de largo.

Cuando se visita Estambul una de las primeras cosas que sobresalen de la ciudad -nunca mejor dicho- son los minaretes de sus mezquitas, muchas de las cuales son magníficas obras de arte de más de 500 años de antigüedad que se remontan a los primeros tiempos del dominio otomano, tras la conquista de Constantinopla en 1453. Sin embargo en muchas ocasiones el visitante pasa de largo ante ellas sin prestarles demasiada atención. Otras veces se tiende a pensar que las más bellas y espectaculares son obra del famoso Mimar Sinan, el gran arquitecto del Sultán Suleyman el Magnífico, que representa el esplendor del arte y la arquitectura otomanos coincidiendo con el auge del imperio… Vamos a comprobar por el contrario cómo las mezquitas de Estambul pueden contarnos una historia muy diferente y mucho más desconocida, que abarca desde los primeros años de la dominación otomana hasta nuestros días.
El 29 de mayo de 1453 los otomanos tomaban Constantinopla -lo que quedaba del moribundo Imperio Bizantino- y el Sultán Mehmet II (apodado Fatih, que significa «el Conquistador») tomaba el título de «Emperador de Roma», ya que Constantinopla y el Imperio Bizantino eran considerados como los sucesores de Roma después de que el emperador Constantino el Grande convirtiera la ciudad en la nueva capital del imperio en el año 330. Además Mehmet estaba emparentado con la Familia Imperial Bizantina, ya que varios de sus predecesores habían contraído matrimonio con princesas bizantinas a causa de la enrevesada política de alianzas, uniones y vasallajes que siempre desarrollaron los bizantinos, también durante los últimos años de su reinado.
Cuando los otomanos entraron en Constantinopla se encontraron con que eran un ejército predominantemente musulmán que ocupaba lo que hasta entonces había sido una de las capitales de la cristiandad; así que una de las tareas a las que primero se encomendaron fue crear una serie de lugares donde poder rezar según las costumbres musulmanas. La forma más rápida y fácil a lo largo de toda la historia de conseguirlo siempre ha sido adaptar los templos ya existentes a la nueva religión que se quiere introducir, así que tan sólo tres días después de la conquista de la ciudad, el Sultán Mehmet II pudo asistir a la oración del Viernes en la magnífica Iglesia de Santa Sofía, convertida para entonces en una mezquita. Pronto se adaptaron otras iglesias de la ciudad añadiéndoseles mihrabs (el lugar en la mezquita que indica la dirección de La Meca) y minaretes, pero ésto fue sólo al principio; pocos años después comenzaba la construcción en Constantinopla de las primeras mezquitas como tales, a menudo siguiendo el diseño de las que habían sido construídas en Bursa -que durante muchos años fue la capital de los otomanos- y por supuesto con muchas influencias bizantinas.
Estas primeras mezquitas que vió la ciudad de Constantinopla -hoy Estambul- a menudo pasan desapercibidas porque carecen del esplendor y sobre todo de las dimensiones de otras obras de la arquitectura otomana que fueron construídas posteriormente, en pleno apogeo del imperio. Sin embargo, algunas merecen una atenta mirada y tienen detalles que destacan por sí solos.
Tal es el caso por ejemplo de la Mezquita de Murat Paşa, situada en el barrio de Yusufpaşa (a medio camino entre la Plaza Sultanahmet y las murallas de la ciudad); construída en 1473 -tan sólo 20 años después de la conquista otomana-, en la actualidad se alza sobre un trozo de terreno aislado entre la calle Turgut Özal y la Avenida Adnan Menderes, dos de las principales vías que atraviesan el viejo Estambul. Su ubicación también entre las líneas de metro y de tranvía hace que la mayoría de viajeros que pasan cerca de ella lleven demasiada prisa como para detenerse un momento a contemplar su interesante fachada formada por hileras de piedra y ladrillo, donde las influencias bizantinas de los primeros tiempos del arte otomano se hacen más evidentes.
Otro ejemplo es la Mezquita de İşhakpaşa, situada en pleno corazón de Sultanahmet (justo detrás del Hotel Four Seasons). Construída un poco más tarde, en 1482, se encuentra enclavada en una esquina frente a los restos de los antiguos baños del mismo nombre (İşhakpaşa Hamamı), pero a pesar de su antigüedad la mayoría de la gente no le presta atención en su ansia por llegar hasta el Palacio Topkapı o la Plaza Sultanahmet desde los numerosos hoteles de los alrededores.
Cerca del famoso Gran Bazar pero lo suficientemente apartada como para pasar inadvertida se encuentra la Mezquita de Mahmut Paşa, que se remonta al año 1462. Construída tan sólo 9 años después de la conquista otomana de la ciudad, merece la pena visitarla no sólo por su antigüedad sino sobre todo por la tumba hermosamente decorada con azulejos del Gran Visir Mahmut Paşa (Mahmut Paşa Türbesi), que se encuentra situada detrás y da nombre a todo el conjunto; su diseño y decoración constituyen una especie de transición artística entre estilos típicos de Asia Central y propiamente bizantino-otomanos, y la hacen de por sí única.
Mucho menos escondida aunque también puede pasar desapercibida es la Mezquita de Firuz Ağa, situada al lado del antiguo Hipódromo y frente a la parada de tranvía de Sultanahmet. Muchos turistas que acuden ansiosos a ver la Mezquita Azul o el Museo de Santa Sofía pasarán a su lado al bajarse del tranvía sin saber que tiene más de 500 años. Construída en 1491, posee un pórtico de triple arcada con una única cúpula y un minarete, y es un magnífico ejemplo del estilo arquitectónico típico de Bursa que prevaleció en los primeros tiempos del arte otomano, antes de que se impusiera la moda de construir grandes mezquitas con inmensos patios y varios minaretes.
Pero sin duda una de las mezquitas más importantes construidas en los primeros tiempos del dominio otomano es la Mezquita Fatih (Fatih Camii), llamada así en honor del Sultán Mehmet II, que ordenó su construcción en el mismo lugar en el que se alzaba la iglesia bizantina de los Santos Apóstoles poco después de designar a Constantinopla como la nueva capital de su imperio. Situada en un enclave privilegiado, visible desde casi toda la ciudad, la Mezquita Fatih es obra también de un Sinan, Atik Sinan, llamado «Sinan el viejo» para distinguirlo del famoso Mimar Sinan y sobre cuya vida casi no sabemos nada. Se dice que era de origen griego y que el Sultán Mehmet II le encargó construir una mezquita con una cúpula mayor y más alta que la de Santa Sofía, pero que al no conseguirlo provocó la ira de Mehmet II, que ordenó que le cortaran la mano.
Atik apeló al juez de la ciudad, quien dictaminó que la decisión del Sultán había sido injusta y que en compensación a éste también debía cortársele una mano. Al ver la determinación de Mehmet II de cumplir con la sentencia, la historia nos dice que Atik Sinan se sintió tan impresionado que se convirtió al Islam, y el Sultán le obsequió más tarde poniéndole su nombre a una calle. Su cuerpo está enterrado en la Mezquita Kumrulu, en el barrio de Karagümrük. La Fatih Camii es un complejo enorme rodeado de madrasas (escuelas coránicas) y otros edificios que atestiguan el importante papel que jugó en su época como centro social de la ciudad. No obstante la Mezquita Fatih sufrió graves daños a raíz de un fuerte terremoto en 1766, que obligó a reconstruirla ampliamente.
El hecho de que la Mezquita de Fatih fuese destruída en gran parte por el seismo de 1766 dejó a otra gran mezquita, la Mezquita de Beyazıt (o Bayaceto, como se le conoce en Occidente) como la más antigua de las primeras mezquitas imperiales que hoy día permanece prácticamente en su estado original. La Beyazıt Camii, situada justo entre el campus universitario del mismo nombre y la entrada al Gran Bazar, fue construída entre 1501 y 1506 por el arquitecto turco Yakub-şah ibn Sultan-şah, un personaje poco conocido que probablemente se sirvió de Santa Sofía como modelo, al igual que hiciera Atik Sinan con la Mezquita de Fatih. Al igual que ésta es de gran tamaño y goza ya del típico patio porticado carazterístico de las mezquitas otomanas de época imperial, característica que el conocido Mimar Sinan llevaría a la perfección en algunas de sus obras maestras como la cercana Mezquita de Şehzadebaşı.
La segunda mitad del siglo XVI aparece ya dominada por la arquitectura del renombrado Mimar Sinan, si bien aún pueden encontrarse mezquitas de esa época que no son obra suya aunque sí se deja ver su notable influencia en ellas. Por ejemplo la Mezquita de Nişancı Mehmet Paşa, situada entre la Fatih Camii y las murallas de la ciudad, que es sin embargo obra de un arquitecto desconocido. Hay además muchas mezquitas que pueden verse hoy día en Estambul construídas por Davut Ağa, discípulo de Sinan; tal es el caso de la conocidísima Mezquita Nueva (Yeni Camii) del distrito de Eminönü, que fue iniciada por Ağa en 1597 aunque no sería terminada hasta 1663 por otro Ağa -Mustafa Ağa-. Davut Ağa es el autor así mismo de la hermosa Mezquita de Cerrah Paşa, construída en 1593 y situada cerca de la Murat Paşa Camii, de la que hablamos al principio.

La Mezquita Azul

Una de las cosas que quizás más sorprenderá al lector es saber que la famosísima Mezquita de Sultanahmet (más conocida por los turistas como la «Mezquita Azul»), que preside la plaza homónima frente a frente con Santa Sofía, no es obra del conocido arquitecto Sinan sino de uno de sus discípulos, Mehmet Ağa.
Con sus magníficos seis minaretes y su fabulosa combinación de cúpulas y semi-cúpulas plateadas, es sin duda alguna uno de los símbolos de Estambul y un referente para cualquier turista que visita la ciudad. Mehmet Ağa inició su construcción en 1609 para el joven Sultán Ahmet I contando ya 69 años, y tardó 7 años en completar la que es sin lugar a dudas su obra maestra. Se cuenta que la obra se vió en parte retrasada debido a que los artesanos encargados de decorar el monumento con los fabulosos y reputados azulejos de İznik preferían marcharse a ejercer su oficio libremente en Kütahya (localidad del oeste de Anatolia también conocida por sus azulejos) que trabajar en la obra, obligados por el Sultán a cobrar salarios muy inferiores por su trabajo.
Con Ahmet I se consolidó la decadencia político-militar del Imperio Otomano iniciada años atrás por sus predecesores, Murat III y Mehmet III; de hecho la Mezquita de Sultanahmet fue la primera mezquita construída recurriendo al tesoro imperial y no gracias al botín de las guerras. No obstante, Ahmet I legó para la historia y para la ciudad la magnífica mezquita que lleva su nombre.

La influencia de Occidente

A partir de esta época el Imperio Otomano entra en una era de dificultades políticas y económicas que harán mella también en su capacidad de influencia exterior. Esto se hará evidente en el ámbito cultural no sólo en cómo las influencias occidentales comienzan a hacerse sentir en la vida de las clases dirigentes otomanas, sino también en la arquitectura de la capital del imperio. Es a partir del siglo XVIII cuando el arte barroco comienza a influir en el diseño de las mezquitas otomanas; son los años del arquitecto Mehmet Tahir Ağa, autor de edificios como la Mezquita Ayazma de Üsküdar, la Mezquita Beylerbeyi, o la conocida Mezquita de los Tulipanes (Laleli Camii), situada no muy lejos del Gran Bazar.
En la Mezquita de los Tulipanes podemos observar aún restos de la antigua arquitectura otomana, como en el bonito diseño de su fachada alternando la piedra con hileras de ladrillos o en la típica disposición de un gran patio principal; pero tan sólo un siglo después las mezquitas otomanas se habrán despojado por completo de estos dos elementos, y en su lugar aparecerán majestuosas ventanas arqueadas como elemento característico de la arquitectura otomana tardía. Es la época de las «Tanzimat», de las reformas que pretender modernizar y occidentalizar el Imperio Otomano no sólo en lo militar y político, sino también en lo cultural.
De esta forma el siglo XIX está dominado en la arquitectura por los Balyan, una familia de arquitectos turco-armenios responsables entre otros del famoso Palacio de Dolmabahçe, que sería ya en el siglo XX residencia oficial de Mustafa Kemal Atatürk. Krikor Balyan construiría la Mezquita Nusretiye -situada actualmente junto al museo Istanbul Modern- entre 1822 y 1826, mientras que a sus nietos Hagop Balyan y Sarkis Balyan se debe la construcción en 1871 de la Mezquita Valide Sultan de Aksaray, situada muy cerca de la Mezquita de los Tulipanes. Otro de sus nietos, Nikogos Balyan, diseñó en 1853 la Mezquita de Dolmabahçe, situada junto al palacio del mismo nombre y frente al İnönü Stadyum del Beşiktaş.
A partir de esta época se inicia sin embargo un claro declive de la arquitectura otomana, que culmina con el fin del Imperio Otomano tras la proclamación de la República de Turquía en 1923. Vedat Tek y Kemalettin Bey, renombrados arquitectos de los primeros años de la República, se atrevieron a diseñar alguna mezquita pero sin conseguir resultados originales ni dignos de mención.
Para encontrar una mezquita que merezca la pena destacar y no se limite a copiar modelos anteriores hay que remontarse ni más ni menos que hasta 2009, cuando asistimos a la inauguración de la Mezquita de Şakirin (Şakirin Camii), edificio religioso de diseño vanguardista situada en el Cementerio de Karacaahmet (en el lado asiático de Estambul) con una gran cúpula que recuerda al más puro estilo Guggenheim.
La revolución que representa esta mezquita no está sin embargo sólo en su arquitectura, sino en el hecho de que su interior fue diseñado por primera vez por una mujer, Zeynep Fadıllıoğlu, conocida por sus modernos diseños que no dejan indiferente a nadie. En su interior podremos disfrutar entre otras cosas de un curioso «mihrab» decorado con turquesa y oro, o de un original candelabro del que parecen colgar gotas de agua. Sin duda la Mezquita de Şakirin representa un antes y un después en la arquitectura religiosa de Turquía; pero también es un signo de la evolución de una sociedad que no ha dejado nunca de cambiar, y que encara ya el siglo XXI.