Estados Unidos admite que el bombardeo del hospital en Kunduz fue un ‘’error’’

Médicos Sin Fronteras ha exigido una investigación independiente tras el ataque contra su hospital en la ciudad afgana, en el que murieron 12 miembros de su personal médico y 10 pacientes, incluidos tres niños.

El principal comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, el general John Campbell, reconoció el martes que el bombardeo que destruyó el pasado sábado parte de un hospital de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) en la ciudad de Kunduz fue un “error” y que el edificio nunca debió ser un objetivo.

El testimonio prestado por el general norteamericano ante un comité del Senado señala que la decisión de llevar a cabo el bombardeo procedió de la cadena de mando de las fuerzas estadounidenses en Afganistán y que el hospital fue “atacado erróneamente”. El propio Campbell había dicho el lunes que el ataque había sido solicitado por las fuerzas afganas, que dijeron estar bajo fuego de los talibanes durante los combates por retomar el control de esta estratégica ciudad, considerada la puerta de entrada a Tayikistán.

“Para ser claro, la decisión de proporcionar fuego aéreo fue una decisión de Estados Unidos hecha dentro de la cadena de mando estadounidense”, dijo Campbell ante el comité. “Un hospital fue atacado erróneamente. Nunca hubiéramos atacado de forma intencionada una instalación médica protegida”.

El testimonio del comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán choca con las primeras declaraciones realizadas por el ejército de EE.UU. tras darse a conocer la noticia, que evitaron reconocer la autoría del ataque y se limitaron a decir que un bombardeo en Kunduz podría haber “producido daño colateral a una instalación médica cercana”. El gobierno afgano habló también de “daños colaterales” para justificar el ataque aéreo, que aseguró fue necesario porque los talibanes se habían escondido en el centro de salud y usaban el edificio como “escudo humano”.

Tanto la versión de que hubiese talibanes en el hospital, como de que el bombardeo no hubiese estado dirigido directamente contra el centro, fue desmentida por los testigos y supervivientes así como por la propia ONG, que ha exigido una investigación independiente sobre un suceso que califica de “crimen de guerra”. Otras organizaciones como Cruz Roja o Naciones Unidas han condenado también el bombardeo y exigido responsabilidades por lo ocurrido.

Según MSF al menos 22 personas murieron en el bombardeo del hospital –incluyendo 12 miembros del personal de la ONG y 10 pacientes, entre ellos tres niños– y otras 37 resultaron heridas en el ataque, que dejó el edificio envuelto en llamas e imágenes en las que los médicos y enfermeros de la organización aparecen envueltos en sangre y en estado de shock.

El hospital de Médicos sin Fronteras en Kunduz, donde trabajaban 80 de sus miembros, era el único que prestaba servicios de traumatología y cirugía en toda la región, y en el momento del ataque atendía a un centenar de heridos por los combates entre las fuerzas afganas y los talibanes. Los testimonios de algunos de los médicos supervivientes relataron escenas dantescas e “indescriptibles”, en las que los pacientes que no pudieron escapar de las primeras explosiones murieron quemados vivos en sus camas.