El Tribunal Supremo de Pakistán ordena la detención del primer ministro

La detención de Raja Pervez Ashraf podría desatar un caos político en el país, que desde hace días vive una ola de protestas antigubernamentales en la capital dirigidas por un influyente clérigo musulmán.

 

El Tribunal Supremo de Pakistán ordenó el martes el arresto del primer ministro del país, Raja Pervez Ashraf, junto con otras 16 personas acusadas de cargos de corrupción en medio de una ola de protestas iniciada en la capital por un influyente clérigo que se cree cuenta con el apoyo del ejército.

El presidente del alto tribunal, Iftikhar Muhammad Chaudhry, decretó el arresto de Ashraf por sus vínculos con un caso de corrupción relacionado con su etapa como ministro de energía de Pakistán, dando a las autoridades un plazo de 24 horas a partir del martes y elevando la tensión política en el país a sólo unos meses de las elecciones previstas en principio para mediados de mayo.

Ashraf asumió su cargo en junio del año pasado después de que el Tribunal Supremo ya expulsara del poder a su predecesor, el ex primer ministro Yousuf Raza Gilani, acusado de desacato por negarse a facilitar una investigación por corrupción contra el presidente del país, Asif Ali Zardari, viudo de la ex-primera ministra Benazir Bhutto.

El anuncio se produce mientras unas 100.000 personas se manifestaban por tercer día en la capital del país, Islamabad, exigiendo la disolución inmediata del parlamento y dirigidos por el influyente clérigo Muhammad Tahirul Qadri, que se cree cuenta con el respaldo del ejército y que ha pedido la dimisión del actual gobierno.

Qadri, cuyos seguidores han acampado cerca del parlamento federal, regresó recientemente de su exilio en Canadá y desde entonces ha cosechado un creciente éxito popular gracias a su llamamiento a las reformas y su crítica a la corrupción rampante, con una población paquistaní decepcionada con las instituciones democráticas y gubernamentales pero que sigue teniendo a los militares como una de las instituciones más valoradas.

Su campaña es vista sin embargo por quienes le critican como una tapadera de las fuerzas armadas para retrasar las elecciones y favorecer un caos político y social que permita al ejército volver a tomar el control en un país acostumbrado durante décadas a la tutela militar.