El PKK ataca un convoy militar en el sureste de Turquía

Entre 100 y 150 ráfagas de munición fueron disparadas contra varios vehículos de las fuerzas de seguridad turcas en Mardin, en el incidente más grave desde el alto al fuego declarado en marzo.

Miembros del grupo terrorista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) abrieron fuego contra un convoy del ejército turco en la provincia de Mardin, al sureste del país, en el que ha sido el incidente más grave desde el alto al fuego declarado por su líder, Abdullah Öcalan, a finales del pasado mes de marzo.

En un comunicado publicado a última hora del viernes en su web oficial, las Fuerzas Armadas Turcas (TSK) informaban que un grupo de militantes armados del PKK habían emboscado a un convoy formado por cuatro vehículos militares y dos unidades de las fuerzas especiales de la gendarmería turca cerca de la localidad de Eskihisar, en el distrito de Nusaybin de la provincia de Mardin.

El comunicado añadía que los terroristas dispararon en total entre 100 y 150 ráfagas de munición con rifles de asalto contra el convoy, además de un proyectil lanzado con un lanzagranadas RPG-7 antitanque que pretendía alcanzar a uno de los vehículos blindados, aunque falló su objetivo evitando que se produjeran bajas.

Los efectivos militares turcos que viajaban en el convoy respondieron de inmediato al ataque devolviendo el fuego en «legítima defensa», explica la nota de las TSK, añadiendo que en ese momento los terroristas cesaron del fuego y huyeron de la zona. No hubo heridos en el ataque, concluía diciendo el comunicado del ejército turco, si bien a su regreso a la Comandancia de la Gendarmería de Üçköy se pudo comprobar que dos de los vehículos del convoy habían recibido en total unos 70 impactos de bala.

El PKK, considerado una organización terrorista por gran parte de la comunidad internacional -incluyendo Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos-,  anunciaba a principios de septiembre que ponía fin a su repliegue de territorio turco acusando al gobierno de Ankara de no cumplir sus promesas en las negociaciones de paz, pero aseguraba que el grupo armado respetaría el alto al fuego acordado con las fuerzas de seguridad turcas.

Tanto el proceso de retirada como el alto al fuego se han visto sin embargo empañados por esporádicas acciones del PKK, incluyendo secuestros, ataques y chequeos ilegales en poblaciones del sureste de Turquía, aunque hasta ahora ninguno de una envergadura como el sucedido en Mardin.

Por otro lado el gobierno turco, que había exigido que los miembros del PKK que abandonasen territorio turco lo hiciesen entregando sus armas, denuncia que el supuesto proceso de retirada ha implicado en realidad a poco más del 15% de los efectivos del grupo terrorista en Turquía, muchos de ellos no combatientes, y que en algunos casos ha servido sólo para un reagrupamiento y rearme en zonas estratégicas para el propio PKK.