El Estado turco se hace con el control de Bank Asya

En un comunicado emitido a última hora del martes, la Agencia de Supervisión y Regulación Bancaria de Turquía anunciaba la confiscación del 63% de las acciones de la entidad, vinculada al movimiento religioso Hizmet.

La Agencia de Supervisión y Regulación Bancaria de Turquía (BDDK) anunció a última hora del martes que se había hecho con el control del banco turco Bank Asya, vinculado al movimiento religioso Hizmet dirigido por el clérigo turco residente en EE.UU. Fethullah Gülen.

En un comunicado publicado en su página web, la agencia reguladora turca informó que había confiscado el 63% de las participaciones de la entidad bancaria debido a lo que consideró como una falta de transparencia en la gestión y funcionamiento del banco, que no ha presentado “estructuras societarias y esquemas de organización claros” que posibiliten una “auditoria efectiva de la institución”, señaló la BDDK.

La Agencia de Supervisión Bancaria habría transferido por tanto los derechos de la sociedad al Fondo de Garantía de Depósitos de Ahorro (Tasarruf Mevduatı Sigorta Fonu o TMSF, en turco), que asumirá todos los derechos de los accionistas (salvo el reparto de dividendos) y hará uso de su control de la mayoría del accionariado de la sociedad para designar una nueva junta directiva.

Esta situación –informó la BDDK en el comunicado- se prolongará hasta que Bank Asya presente toda la documentación solicitada y se lleve a cabo una evaluación satisfactoria del estado de la entidad. Mientras tanto, el banco continuará su actividad con normalidad, indicaron las autoridades.

Debido a su vinculación con el movimiento Gülen, Bank Asya había perdido en los dos últimos años buena parte de sus depósitos e importantes contratos con el gobierno, que declaró en 2014 a este líder religioso “enemigo del Estado” y busca actualmente su extradición de Estados Unidos.

En agosto del año pasado, la agencia de calificación Moody’s rebajó la nota crediticia de Bank Asya desde B2 (alto riesgo) a Caa1 (de riesgo muy alto y propio de entidades en riesgo de suspensión de pagos), citando una pérdida de ingresos superior al 80% en el último año y una considerable pérdida de activos de calidad.