El ejército turco desmiente que los dos cazas siniestrados chocaran en el aire

Los dos aviones que se estrellaron el martes habían sido sometidos a un proceso de modernización y superado todas las revisiones, según informó el Estado Mayor Turco, que negó también cualquier tipo de sabotaje.

Las Fuerzas Armadas de Turquía (TSK) han desmentido las informaciones aparecidas en varios medios del país, según las cuales los dos cazas de combate RF-4E que se estrellaron el martes por la noche en la provincia de Malatya habrían colisionado en el aire, o incluso que habrían sido saboteados.

Según un comunicado dado a conocer a través de su página web oficial, y a la espera aún de concluirse las investigaciones, la causa más probable del accidente sería que ambas aeronaves volaban a una altitud por debajo del mínimo de seguridad, de acuerdo a los primeros indicios. En la nota también se desmentía que los aviones se hubieran estrellado “por influencias externas”, en probable referencia a quienes han llegado a sugerir estos días que podría haberse tratado de un caso de sabotaje.

El Estado Mayor Turco señala también el comunicado que las TSK nunca se apresuran a realizar ningún comunicado tras este tipo de incidentes, razón por la cual se ha optado por aguardar a la conclusión de la investigación en curso; sí se hace hincapié no obstante en que ambos aparatos, como cualquier otra aeronave de las Fuerzas Aéreas Turcas, habían sido sometidos a las revisiones y el mantenimiento técnico requeridos por personal cualificado, y que de hecho los dos habían sido modernizados en 2013.

Los cazas de tipo F-4 Phantom fueron adquiridos por primera vez por el ejército turco en el año 1980 a Estados Unidos, y posteriormente durante principios de los años 90 a Alemania, cuando el Estado turco se hizo con 46 de estos aparatos. Después de que fueran sustituidos progresivamente por el caza de combate F-16 de Lockheed Martin –que forma actualmente el núcleo de las fuerzas aéreas de Turquía- muchos de los F-4 fueron desechados y el resto se sometieron a una serie de procesos de modernización y actualización a lo largo de los años, a medida que otros iban siendo retirados del servicio.

Actualmente el ejército turco sólo dispone de alrededor de una docena de RF-4E, todos en proceso de retirada progresiva y empleados únicamente en misiones de entrenamiento en la base aérea de Erhaç (Malatya), desde donde habían despegado los dos accidentados el martes. No obstante el elevado número de accidentes con este tipo de aparatos -11 estrellados desde 1995, con seis pilotos muertos- ha sembrado nuevas dudas sobre su seguridad, lo que podría acelerar su retirada del servicio activo.