Las imágenes de la muerte a tiros de al menos 34 mineros por disparos de la policía sudafricana han dado la vuelta al mundo y conmocionado un país donde aún están frescos los recuerdos de la violencia policial del régimen del Apartheid.
Agentes de policía sudafricanos abrieron fuego a última hora del jueves contra un grupo de mineros armados que supuestamente pretendía atacarles, causando la muerte a 34 de ellos, según confirmó el viernes un portavoz del ministerio del interior sudafricano. La prensa del país informó además que otras 86 personas habían resultado heridas, en el que es uno de los peores sucesos de este tipo desde el fin del régimen del Apartheid en 1994.
La huelga que desembocó en la tragedia fue iniciada por los trabajadores de las minas de platino -uno de los recursos más preciados del país- hace una semana en demanda de mejoras salariales. El suceso tuvo lugar cerca de Marikana, unos 70 kilómetros al noroeste de Johannesburgo.
El gobierno ha prometido una investigación independiente sobre lo ocurrido ante la avalancha de críticas tanto desde la oposición como desde el propio Congreso Nacional Africano o CNA, -el partido que lideró durante décadas Nelson Mandela; pero la policía sudafricana defendió la actuación de sus agentes alegando que los mineros portaban todo tipo de armamento, incluido armas de fuego, y que los policías actuaron en defensa propia. Dos agentes de policía habían sido golpeados hasta la muerte a principios de semana, lo que había caldeado los ánimos y pudo disparar la tensión que condujo a la masacre del jueves.
Las imágenes, que han dado la vuelta al mundo y han sido repetidas una y otra vez en los principales medios del país, han traído a la memoria de muchos sudafricanos recuerdos de los peores años del Apartheid, cuando la policía disparaba contra los manifestantes negros en los años 60, 70 y 80. A diferencia de entonces sin embargo, los agentes que abrieron fuego el jueves no eran todos blancos sino, en realidad, casi todos de raza negra.
Muchos periódicos del país amanecieron el viernes con titulares y editoriales como «los sudafricanos se enfrentan entre ellos» o «la bomba ha explotado», en referencia a un suceso que parece ser la gota que desborda el vaso en un país donde pese al fin del régimen segregacionista blanco la mayoría negra de la población afronta un nivel cada vez mayor de pobreza y unos niveles alarmantes de desempleo.
Lo ocurrido el jueves pone de relieve también el cada vez mayor descontento social en Sudáfrica y el crecientemente distanciamiento entre el CNA y la mayoría negra que tradicionalmente ha constituido su electorado. Muchos acusan al CNA de haberse puesto del lado de la minoría blanca que sigue enriqueciéndose a costa de explotar los recursos y la población del país.
Las protestas en Sudáfrica en demanda de servicios básicos para la población más pobre son frecuentes en un país donde las desigualdades y la violencia no sólo no disminuyen sino que tienden a crecer, pese a las promesas surgidas tras las primeras elecciones democráticas en 1994.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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