artículo de opinión

OPINIÓN: Un ejército muy peculiar

El ruido de sables suele ser señal en Turquía de que las cosas no van bien en el país. El ejército de considera el sucesor de Atatürk y hace todo lo posible por preservar su herencia. Las declaraciones de los militares y sus comentarios sobre las políticas de los gobiernos son temidos por éstos. Sin ir más lejos, el ejército turco por mediación del Jefe del Estado Mayor, el General Yaşar Büyükanıt, ya expresó su descontento por el nombramiento de Abdullah Gül como Presidente y otras políticas llevadas a cabo por el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo. Hay que tener en mente que cuando hablamos de las Fuerzas Armadas Turcas (Türk Silahlı Kuvvetleri o TSK) nos estamos refiriendo al segundo ejército más grande de la OTAN y uno de los diez más grandes del mundo, que dio en el pasado siglo tres golpes de estado y que por tanto podría actuar sin miramientos. Sin embargo, a diferencia de ejércitos de todo el mundo, el poder volvió a la nación en cada uno de los golpes. Es necesario pues, antes de opinar sobre el papel que ejercen los militares, hacer un breve recorrido la segunda mitad del siglo XX.

El primer golpe militar que dio el ejército de Turquía tuvo lugar el 27 de mayo de 1960, cuando las fuerzas armadas se hicieron con el control de los edificios oficiales en Estambul y Ankara. Hasta ahí nada diferenciaría este suceso de otros similares ocurridos en Hispanoamérica y Oriente Medio. Pero hay que adentrarse en lo que causó el golpe. Las políticas llevadas a cabo por el gobierno de Adnan Menderes que recortaban cada vez más las libertadas y la democracia en el país al igual que intentaba deshacerse del partido opositor, Partido Republicano del Pueblo, junto la indecisión de Celal Bayar de controlar a Menderes, llevó a oficiales de mediana graduación, capitanes, coroneles y comandantes, a rebelarse. Tras el golpe se promulgó la segunda constitución de Turquía, auspiciada por los militares, que ha sido la más liberal tanto en lo político como en lo social, que ha tenido el país hasta nuestros días. Es cierto que Adnan Menderes junto con Hasan Polatkan, ex ministro de Hacienda, y Fatin Rüştü Zorlu, ex ministro de Asuntos Exteriores. El ejército no deja de ser el ejército por muy progresista que sea.

El segundo golpe de estado tuvo lugar prácticamente diez años más tarde, el 12 de marzo de 1971. Esta vez el golpe fue llevado a cabo por los altos mandos militares para acabar con la inestabilidad y violencia que enfrentaba a grupos de extrema izquierda y extrema derecho, la presencia del islamismo que constantemente atacaba al legado de Atatürk y al laicismo del estado, la crispación política y la sindical. Una vez más el ejército se hizo con el control del país y devolvió el poder a los políticos una vez que la situación se calmó y se reformó la constitución.

Una década después, el 12 de septiembre de 1980, los militares se hicieron de nuevo con el poder. Lo que motivó esta tercer intervención en veinte años era el anarquismo reinante y el conflicto entre la extrema derecha y la extrema izquierda que había llevado al país al borde de una guerra civil (durante el último año de la década de los 70 se producían en el país una media de veinte asesinatos diarios). Esta vez, con el general Kenan Evren a la cabeza, un reducido grupo de altos mandos se hizo con el control de la situación, eso sí, con mano de hierro. Es verdad que los actos terroristas se reducieron en un 90%, sin embargo un gran número de gente fue encarcelada, otros muchos tuvieron que exiliarse y algunos fueron ejecutados. Los militares gobernaron el país férreamente durante tres años, en los que se redactó la tercera constitución de Turquía, mucho más restrictiva y con menos libertades que la anterior.

Conviene también citar el llamado ‘golpe postmoderno’ en el cual el ejército presionó al islamista Erbakan retirarse del poder en 1997 y éste dimitió.

Este breve resumen nos sirve para hacernos a la idea de las intervenciones de las TSK y el porqué de ellas.

Se ha estado especulando, sobre todo hace un año, sobre la posibilidad de que el ejército intervenga para deponer al Recep Tayyip Erdoğan y a su gobierno de raíces islamistas. Muchas voces, incluso la de la Comisión Europea, se han pronunciado en contra de dicha hipotética acción y en defensa el gobierno elegido democráticamente. No obstante, el miedo que se tiene a la intervención militar fuera de Turquia es en cierto modo desmedido ya que hay que conocer lo que diferencia a este peculiar ejército de otros. Los militares en Turquía son los responsables de que hoy en día la República de Turquía sea una democracia. Esto lo explicó el General Aytaç Yalman, comandante de las fuerzas terrestres, el 30 de agosto del 2003 en Ankara durante las celebraciones del Día de la Victoria: “Si hay democracia en Turquía a día de hoy, es gracias a las fuerzas armadas turcas, que son las garantes no sólo de la república sino también de la democracia. Este es un país en el que la renta media es de 2.580$ y su nivel de educación es de cuarto de primaria. Un muy pequeña parte de la población está viviendo en el siglo XXI, y el resto están todavía en los siglos XIX y XX. ¿Hay un país similar en el mundo gobernado por la democracia? Esto ha sido posible gracias a las fuerzas armadas.” Esta declaración puede resumir lo que ha hecho el ejército turco por su país.

Entonces, ¿por qué se le sigue condenando? Es cierto que, a diferencia de los gobiernos, el ejército no es un ente democrático de por sí, sin embargo, protege la democracia. Muchos argumentan que un golpe de estado ahora que Turquía está más cerca que nunca de la Unión Europea sería un error, y yo estoy con ellos. No obstante, si el ejército lleva a cabo un golpe de estado es por una buena razón. El señor Erdoğan debería dejar de molestar a los estamentos seculares de la sociedad, entre ellos se encuentra el ejército, con “leyes del velo” y otras políticas similares y centrarse en lo que verdaderamente necesita Turquía: mejorar la economía, reducir las diferencias entre el este y el oeste, conseguir la paz en el sureste del país e ingresar en la UE. Erdoğan no debería dar razones a los militares para intervenir, pues no cabe duda que si sigue con sus políticas referentes a la religión, los generales intervendrían por el bien de la nación y su herencia laica. Aunque el ejército posea un gran poder, hay que tener en cuenta que sirve de contrapeso con el gobierno, sea del partido que sea, que buscará el bien de la República por encima de todo. No justifico con esto una intervención militar en ningún momento, pues por encima de todo el que tiene que estar en el poder es el gobierno elegido democráticamente por el pueblo. Un golpe de estado debe ser lo último a considerar en cualquier ocasión, aunque si se da una situación como la del 1960, 1971 y 1980, que esperemos que no se vuelva a repetir, puede que sea la única opción viable.

Sea como fuere, los gobiernos democráticos parecen sucederse en Turquía con normalidad. El poder se está consolidando en instrumentos de la democracia como el Tribunal Constitucional y la Gran Asamblea Nacional. Por el momento todos los partidos están siguiendo las reglas del juego, aunque con peligrosos desvíos ocasionales. Esperemos que el golpe posmoderno 1997 sea el último en la historia de la República de Turquía y que Evren sea el último militar en hacerse con el poder. Esperemos que las fuerzas armadas turcas no se vean obligadas a intervenir por este gobierno o los siguientes. Esperemos que la democracia y el secularismo continúen su camino en Turquía y que jamás se vuelva a oír del ejército cuando se habla de política, pues ello significará que el país no tiene problema alguno. Esperemos.