El Tribunal Constitucional prohíbe la ley del velo, el gobierno responde duramente, los militares se hacen oír, la oposición acusa al gobierno, el gobierno hace lo propio con la oposición, mujeres se manifiestan a favor y en contra de levantar la prohibición del velo, etc. La sociedad turca se está polarizando cada vez más entre los partidarios del AKP y aquellos firmes secularistas que quieren defender el legado de Atatürk cueste lo que cueste. La población turca se divide cada vez más y no tiene más que identificarse con uno de estos dos grupos, o sino simpatizar con los kurdos, los ultranacionalistas o los comunistas. Pero pese a todo esto hay un pegamento que une a todo el país: el fútbol.
La increíble y emocionante victoria de ayer por 3-2 de Turquía contra la República Checa fue festejada en todos los rincones del país, desde Estambul en el oeste hasta Urfa en el este pasando por Ankara y Antalya entre otras ciudades. Y también fuera del país, como en la ciudad de Berlín. En esos instantes de felicidad la ideología tanto política como religiosa fue dejada de lado y todo el país, como uno solo, celebró la victoria del conjunto turco. Seguidores del Galatasaray y de su archienemigo, el Fenerbahçe, festejaron juntos el triunfo de la selección de Turquía, al igual que turcos con diferentes puntos de vista, políticos y religiosos.
Un país con grandes contrastes económicos, entre el Oeste y el Este, con una sociedad tan polarizada, dejó atrás sus diferencias para celebrar una victoria que clasifica a la selección turca para los cuartos de final de la Eurocopa. De hecho, esta selección, que ha logrado igualar el mejor resultado de Turquía en Europa, es una muestra de la diversidad del país, el cual unido puede lograr grandes cosas, como ayer hizo la selección. En el conjunto nacional hay jugadores nacidos en la cosmopolita Estambul como Arda Turan, Volkan Demirel y Emre Belözoğlu, otros vienen de las alejadas provincias orientales como Servet Çetin (Tuzluca), Mehmet Topal (Malatya) y Tolga Zengin (Hopa), otros jugadores nacieron en las cálidas costas del Mediterráneo como Semih Şentürk (Izmir), Rüştü Reçber (Antalya) y Gökhan Zan (Antakya), hay jugadores procedentes de las conservadores ciudades del interior como Uğur Boral (Tokat) y Emre Aşık (Bursa) y otros nacidos a orillas de las frías aguas del Mar Negro como Gökdeniz Karadeniz (Karadeniz Ereğli), Sabri Sarıoğlu (Samsun) y Tümer Metin (Zonguldak). Sin embargo, esta lista estaría incompleta si no se incluyese en ella a los hijos de emigrantes turcos nacidos en Europa Occidental como Altıntop y Hakan Balta (ambos nacidos en Alemania) y Mevlüt Erdinç (en Francia). Sólo con echar un vistazo a la heterogeneidad en la procedencia de los jugadores de Turquía uno se puede hacer a la idea de que este conjunto, que el domingo logró todo un hito, es un reflejo de la sociedad turca. Y seguramente existan diferencias de índole político e ideológico entre ellos, pero dejan todo ello a un lado para ganar y llevar a Turquía a la victoria. Una valiosa lección.
La sociedad turca ha de ver que la unidad hace la fuerza. Solamente con el país unido Turquía caminará por el buen camino, sea el que sea, al igual que trabajando juntos los jugadores turcos lograron toda una gesta. Cuando se habla del bien del país han de dejarse de lado todo tipo de diferencias para arrimar el hombro y trabajar por él y todos sus ciudadanos. John Fitzgerald Kennedy dijo una vez: “No os preguntéis que puede hacer vuestro país por vosotros, sino lo que vosotros podéis hacer por vuestro país”. Lo que pueden hacer por su país los turcos es unirse sin tener en cuenta las diferencias entre ellos, voten al CHP, al AKP o a otros, sean musulmanes, cristianos o ateos. Porque por encima de todo, como dijo Atatürk: “dichoso es aquel que puede decir: ‘soy turco’”, antes que conservadores, socialistas o comunistas; musulmanes, cristianos o ateos; son turcos.
La selección ha dado buen ejemplo de ello, esperemos que la sociedad se haya dado cuenta y siga su camino. İnşallah.
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