La UE y Estados Unidos podrían adoptar medidas contra el gobierno ucraniano el jueves, después de que el presidente Yanukovich haya ordenado al ejército tomar las calles tras los 26 muertos del martes.
La sangrienta jornada vivida en las últimas 24 horas en Ucrania, que ha dejado 26 muertos y cerca de 300 heridos, ha despertado la preocupación dentro y fuera del país llevando a la Unión Europea a convocar una reunión de emergencia para imponer sanciones contra los responsables políticos de la violencia, una opción que también está considerando la Casa Blanca.
El presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, manifestaba su convicción de que los 28 países miembros acordarán de forma urgente imponer sanciones «contra aquellos responsables de la violencia y el uso excesivo de la fuerza» en las protestas de Kiev, que el miércoles volvieron a la «Euromaidan» -la plaza convertida en símbolo de quienes defienden el acercamiento a la UE y piden la dimisión del presidente ucraniano- tras unos enfrentamientos que el martes se cobraron 26 vidas.
El presidente francés François Hollande pedía también el miércoles la imposición de sanciones inmediatas y que estas entraran en vigor el mismo jueves. A tal fin, la jefa de política exterior de la UE, Catherine Ashton, convocaba una reunión de emergencia para el jueves en la que estarán presentes representantes de todos los países miembros de la Unión. Entre las opciones que se barajan estarían la de prohibir a los principales dirigentes ucranianos viajar a países de la UE, así como bloquear sus activos en dichos Estados.
El presidente estadounidense Barack Obama, que asistía el miércoles a una reunión en México con líderes de este país y de Canadá, pedía también el cese inmediato de la violencia contra los manifestantes pacíficos advirtiendo que de lo contrario «habrá consecuencias», al tiempo que urgía a que el ejército ucraniano no intervenga para resolver problemas «que pueden ser resueltos por civiles».
Las últimas decisiones del presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, parecen sin embargo ir en la dirección contraria. El miércoles ordenaba la destitución del jefe del ejército por falta de «mano dura» para contener las protestas y los asaltos a edificios públicos, al tiempo que decretaba la adopción de medidas de excepción y la puesta en marcha de una «operación antiterrorista» contra «grupos extremistas y radicales» en todo el país, empleando un lenguaje y una escalada de medidas represivas que recuerda más a la retórica empleada por regímenes autoritarios como el sirio que a un país europeo.
El ejército ucraniano dispone ahora de capacidad para emplear fuego real con el objetivo de restaurar el orden, así como cortar el acceso a determinadas zonas; podrá así mismo llevar a cabo controles de identidad, registros y detenciones sin autorización judicial. Todo ello con el fin, según afirmaba la propia Agencia de Seguridad de Ucrania, de «evitar una guerra civil» que en los últimos días parece más cercana que nunca y amenaza con dividir en dos el país.
La violencia vivida desde el martes en Kiev ha sido la peor desde el inicio de las protestas antigubernamentales hace tres meses, y la más grave desde hecho desde que Ucrania se independizó de la antigua Unión Soviética en 1990.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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