Fethullah Gülen, el líder religioso auto-exiliado en Estados Unidos al que Turquía acusa de estar detrás del intento de golpe de Estado que dejó 252 muertos y más de 2.700 heridos en 2016, ha muerto a los 83 años en Pensilvania (EE.UU.), según han confirmado los servicios de inteligencia de Turquía así como organizaciones y miembros afines al movimiento religioso que lideraba, indicando que falleció debido a problemas de corazón.
Durante una comparecencia de prensa en Ankara con su homólogo ucraniano Andrii Sybiha, el ministro de exteriores turco Hakan Fidan confirmó la muerte de Gülen, líder del movimiento religioso que se autodenominaba Hizmet (Servicio) pero al que las autoridades turcas se referían desde el fallido golpe de Estado como FETÖ (siglas en turco de Grupo Terrorista de Fethullah).
“El líder de esta oscura organización ha muerto”, dijo Fidan en declaraciones recogidas por medios turcos. “Esta organización ha sido una rara fuente de amenaza en la historia de nuestro país. Ha captado a miles de nuestros jóvenes en sus filas bajo el pretexto de servir a valores sagrados, y les ha convertido en una máquina de traición a su propia patria, a su pueblo y a sus valores”, añadió el ministro turco, quien recordó que los miembros de FETÖ se habían convertido en instrumentos de servicios de inteligencia extranjeros para actuar contra Turquía. Fidan subrayó además que la muerte de Gülen no relajará la persecución que las autoridades turcas mantienen contra esta organización de corte sectaria.
Gülen, que desde 1999 vivía en un lujoso rancho de Pensilvania, se había trasladado a principios de este año a una nueva residencia más modesta en medio de lo que algunas fuentes señalaban como una lucha interna dentro la cúpula de la organización por hacerse con el control financiero del movimiento ante su posible muerte, y entre rumores de que padecía demencia senil. La decisión -tomada el pasado abril- de abandonar la mansión de Chestnut Retreat Center y trasladar a Gülen a otro lugar habría estado encabezada por Mustafa Özcan y Cevdet Türkyolu, dos figuras clave dentro de FETÖ, y se habría hecho sin el consentimiento ni del propio Gülen ni de su familia. De hecho, algunos familiares han acusado en los últimos meses a los círculos de poder dentro de la secta de intentar acabar con la vida del propio Gülen, por cuya sucesión se espera que se desate ahora una fuerte guerra interna en el seno de la organización, que aún controla importantes fondos y cuenta con numerosos seguidores.

Precisamente un reportero de la agencia de noticias turca Anatolia habría captado el domingo las que serían las últimas imágenes con vida de Gülen, quien viajaba en el asiento del acompañante a bordo de un SUV de alta gama mientras salía de su nueva residencia, una casa de unos 300 metros cuadrados -mucho más pequeña y modesta que su anterior residencia en Chestnut- situada en medio de un bosque en el 260 de Kennel Road, a unos 10 minutos en coche de Saylorsburg.
Un imam sin estudios que creó una influyente red por todo el mundo
Nacido el 27 de abril de 1941 en Erzurum, en el este de Turquía, se cree que fue en 1966 -a los 25 años de edad- cuando Fethullah Gülen decidió fundar su movimiento religioso tras ser nombrado imam de la provincia de Izmir, al oeste del país. Nurettin Veren, quien ayudó a Gülen a fundar en 1966 las bases de la organización que abandonaría en 1996 debido a que se había convertido en un “culto personal” con “profundos lazos con los servicios secretos de EE.UU.”, diría más tarde que “Gülen llegó a Izmir desde Edirne como un hombre que ni siquiera había terminado la escuela primaria; su diploma había sido falsificado para que pudiera ser nombrado imam como funcionario del Estado. Solía frecuentar una pequeña mezquita, y fue ahí donde nuestros caminos se cruzaron”.
Desde su nueva posición, y en medio de la persecución contra el comunismo en el clima de Guerra Fría de la época, Gülen acabó encontrando protección a sus actividades dentro de las filas del ejército gracias a su fuerte retórica anti-comunista. Tras el golpe de Estado de 1980 que lideró el general Kenan Evren deponiendo al primer ministro electo de Turquía, Süleyman Demirel, Gülen solo tuvo elogios para la intervención militar y las durísimas persecuciones políticas que iniciaron los golpistas, una línea que seguiría en todas las intervenciones de las Fuerzas Armadas en la política turca.
Bajo este paraguas protector, Gülen pudo hacer crecer su movimiento y ampliar sus actividades, que entre finales de los 80 y principios de los 90 se fueron ampliando hasta incluir medios de comunicación y varios negocios, destacando la enseñanza privada, infiltrando poco a poco a sus miembros en puestos clave del funcionariado y la administración pública para ganar influencia. En 1986 pone en marcha el influyente diario Zaman -que se convertiría en el de mayor distribución de Turquía- y en 1993 se inician las emisiones de la cadena de televisión Samanyolu.
Usando su influencia y sus medios de comunicación, Gülen y sus seguidores se deshacían de sus críticos y adversarios mientras colocaban a sus miembros en cargos importantes de la policía, el ejército, el sistema judicial y otras estructuras clave del Estado. Para poder infiltrarse en las fuerzas armadas, donde imperaba un fuerte sentimiento secular y cualquier vinculación religiosa hubiese sido rechazada, Gülen instruía a sus seguidores a seguir la doctrina de la taqiyya: la negación u ocultación de las propias creencias religiosas a fin de conseguir un objetivo mayor.
“Hay que esperar el momento adecuado para hacerse con todo el poder”
Habiendo instaurado un culto personal (sus seguidores le consideraban un mahdi, un enviado de Dios), en un video publicado a principios de los años 90 Gülen pronunciaba un sermón en el que animaba a sus seguidores a infiltrarse en todas las estructuras del Estado: “Tenéis que penetrar las arterias del sistema sin que os descubran… Tenéis que esperar el momento adecuado, hasta que os hayáis hecho con todo el poder del Estado”, decía.
Buena parte de su estructura y sus planes para infiltrarse en las estructuras de poder se basaba en la red de cientos de escuelas privadas que fue fundando por todo el mundo, y que acabaron convirtiéndose no solo en la principal fuente de financiación del movimiento religioso, sino de captación de nuevos miembros. El movimiento Gülen captaba en estas escuelas a nuevos seguidores y, a través de los miembros ya infiltrados en las estructuras del Estado, les hacía acceder a puestos clave de la política, la judicatura o el ejército.
Fue así como fue infestando las estructuras clave del Estado turco incluyendo las Fuerzas Armadas; pero esta infiltración también acabó despertando recelos y sospechas, sobre todo porque la doctrina de la taqiyya acabó levantando sospechas sobre sus verdaderas intenciones y sobre la imagen que trataban de trasladar al público de ser un simple movimiento “filosófico” que difundía valores basados en el Islam y realizaba grandes obras de caridad y educativas (con las que captaban a nuevos fieles y seguidores).
Exilio a Estados Unidos y golpe de Estado
En 1999, en medio de las crecientes acusaciones contra él y su movimiento de intentar acabar con el régimen constitucional y laico de Turquía, Fethullah Gülen decidió abandonar Turquía y exiliarse en un lujoso rancho en Pensilvania (Estados Unidos) para continuar dirigiendo desde allí los hilos de su red, cuyos tentáculos se extendían no solo por Turquía sino por muchos otros países del mundo. “Nosotros somos el Estado”, afirmaban sus seguidores.

A medida que la infiltración de sus acólitos en las estructuras del Estado turco crecía, su movimiento levantaba cada vez más sospechas y sus intenciones reales eran más difíciles de ocultar; a partir de 2010 pero especialmente de 2012 Gülen utiliza sus contactos en la policía y el poder judicial para intentar eliminar a sus rivales y quienes tratan de desenmascarar su secta religiosa, apoyándose además en sus influyentes medios de comunicación.
En medio de una presión creciente y viéndose cada vez más acorralado, es en 2016 cuando intenta dar el golpe final -ese “momento adecuado” del que hablaba años antes a sus fieles- instigando un levantamiento militar que fracasó: en parte por la oposición rotunda de la población turca de todos los espectros políticos, pero también por falta de apoyos dentro del propio ejército, donde sus seguidores no dejaban de ser una minoría -importante e influyente, pero minoría al fin y al cabo- salvo probablemente en las fuerzas aéreas, donde el nivel de infiltración que habían alcanzado era notable.
No hay que olvidar tampoco que, durante años, muchos políticos conservadores desde los años 80 quisieron aprovechar su influencia para ascender en el poder en una época muy convulsa de la política en Turquía, y el propio Tayyip Erdoğan tuvo que pedir en 2016 perdón públicamente por haber confiado en Gülen: “Antes Turgut Özal, antes Süleyman Demirel, antes Bülent Ecevit, e incluso nosotros, ayudamos a esta estructura con buena voluntad. Yo también les ayudé porque teníamos cosas en común, aunque había muchas cosas que hacían en las que yo no estaba de acuerdo”, confesó entonces Erdoğan.
Desde el fracaso del golpe de Estado de 2016, Fethullah Gülen se había convertido sin duda en el hombre más buscado de Turquía, cuyo gobierno hasta en 7 ocasiones ha demandado a Estados Unidos su extradición para ser juzgado por sus crímenes, sin éxito. Pese a que las autoridades turcas entregaron miles de páginas de documentación con pruebas y evidencias de la implicación de Gülen en el levantamiento militar y en otros crímenes, Washington jamás llegó a autorizar su extradición, alimentando aún más las sospechas de que EE.UU. le apoyaba -e incluso pudo estar tras el fallido golpe- y de que incluso era un instrumento clave de servicios de inteligencia norteamericanos como la CIA.
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Como gran aficionado a la historia que es, a Pablo Gómez le cautivó Turquía desde el primer día que la visitó en 2006: allí se casó, allí tiene una casa, y desde entonces se ha convertido en todo un experto en la actualidad de Turquía. Con una larga experiencia en medios de comunicación, está al frente de Hispanatolia desde 2011.





