Desde su proclamación de independencia, el 17 de febrero pasado, Kosovo fue reconocido por una treintena de países, entre los que destacan Estados Unidos y 16 de los 27 Estados de la Unión Europea (UE) que desafiaron la oposición de Serbia y la de Rusia, su mayor aliado.
Croacia, Hungría y Bulgaria, países limítrofes con Serbia, fueron los últimos de la lista en anunciar, el miércoles, su reconocimiento en una declaración conjunta.
Un anuncio que llegó en un momento de creciente preocupación en Kosovska Mitrovica, una localidad del norte de kosovo que el lunes fue escenario de graves disturbios.
El pulso entre Kosovo y Serbia hace temer incluso por la estabilidad en los Balcanes.
El primer ministro kosovar, Hashim Thaci, se felicitó por el apoyo de «sus amigos». «Se trata de una buena decisión, tomada en el momento justo», declaró a la televisión nacional croata.
Para Serbia, por el contrario, fue un balde de agua fría.
El ministro de Asuntos Exteriores serbio, Vuk Jeremic, insistió en que los países que reconocieran la independencia de Kosovo no podrían «contar (con) tener buenas relaciones» con su país.
El respaldo de los tres países europeos es significativo y arriesgado por los intereses que están en juego.
Croacia, que vivió una guerra entre 1991 y 1995 con los secesionistas serbios apoyados por el ejército federal yugoslavo tras la proclamación de su independencia de Yugoslavia, cuenta con una minoría serbia considerable, en tanto que el comercio bilateral ascendió a casi mil millones de euros en 2007.
A Hungría, por su parte, le preocupa la suerte que correrá la minoría húngara residente en Serbia.
Mientras Kosovo ganaba batallas en el exterior, dentro de sus recién estrenadas fronteras, la minoría serbia multiplicaba las acciones para tratar de salirse con la suya, con el apoyo del gobierno de Belgrado.
Sin ir más lejos, Mitrovica, la ciudad étnicamente dividida del norte de Kosovo, vivió el lunes pasado una jornada de violentos enfrentamientos entre serbios y fuerzas internacionales.
El episodio provocó gran inquietud en Occidente y un deterioro en las relaciones con Rusia, defensor a ultranza de los serbios en su oposición a la independencia de Kosovo.
Estos enfrentamientos entre serbios y miembros de la policía de la Misión de la ONU en Kosovo (MINUK) se saldaron con un policía ucraniano muerto y 150 personas heridas: 42 policías de la ONU, 22 soldados de la KFOR, la fuerza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN en Kosovo y unos 80 serbios.
Ante la palpable tensión, no se hicieron esperar los llamamientos a la calma.
Estados Unidos, por boca de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, llamó a las partes implicadas en los enfrentamientos a abstenerse de «recurrir a la violencia», la Comisión Europea afirmó estar «muy preocupada» y el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, se pronunció en el mismo sentido.
Rusia, por el contrario, acusó a la Alianza Atlántica de un «uso desproporcionado» de sus fuerzas.
El estallido de violencia comenzó cuando la policía trató de desalojar a un grupo de manifestantes que ocupaban desde el pasado viernes dos tribunales de la ONU en Mitrovica para pedir que esas instituciones pasaran bajo tutela de Belgrado.
Este episodio provocó la retirada de la policía onusiana del norte de Mitrovica, mayoritariamente serbio y opuesto a la comunidad de etnia albanesa residente en el sur de la ciudad.
En vez de decrecer, el forcejeo parece ir en aumento.
El presidente estadounidense, George W. Bush, autorizó esta semana el suministro de armas a Kosovo, una decisión calificada por el primer ministro serbio en funciones, Vojislav Kostunica, de «mal paso» que puede «agravar los problemas».
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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