Grecia, al borde de la bancarrota

Grecia anunció estar dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para recuperar la confianza de los mercados internacionales y de la Unión Europea.

Grecia anunció este miércoles estar dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para recuperar la confianza de los mercados internacionales y de la Unión Europea, después de que hayan saltado todas las alarmas al acumular el estado una deuda que se acerca al 115% de su PIB, y que amenaza con paralizar el país entero.
 
«Estamos decididos a hacer todo lo necesario para controlar el grave déficit, restaurar la estabilidad de las finanzas públicas y promover el desarrollo. Esa es la única forma de garantizar que Grecia no pierda el derecho a su soberanía», afirmó el primer ministro Giorgos Papandreu, quien reconoció que esta es la crisis económica más grave que atraviesa el país desde 1974 y que amenaza con paralizar todo el país por falta de fondos.
 
Sometida a grandes presiones tras la crisis de Dubái, Grecia es ahora el país que está en todas las miras por la explosión de su déficit público (un 12´7% del Producto Interior Bruto) y su deuda, que alcanzó en 2009 un recórd del 113´4% de su PIB.
 
Varios países miembros de la Unión Europea pidieron este miércoles al gobierno griego que aplique «un plan verdadero y eficaz para ordenar las finanzas públicas», en palabras de la ministra francesa de Economía. Su homólogo sueco, Anders Borg, cuyo país ostenta la presidencia de la UE hasta el 1 de enero, instó al gobierno griego a aplicar una «política presupuestaria seria» y un plan urgente que saque al país de la catástrofe antes de que peligre su soberanía.

Una crisis que se veía venir

El pasado 7 de abril la conocida revista alemana «Der Spiegel» publicaba un artículo titulado «Grecia, ahogada por las deudas», en el que decía que el país, uno de los más pobres de la UE, estaba «tambaleándose en el abismo de la bancarrota». La publicación alemana ejemplificaba la situación que vivía Grecia -no de ahora, sino desde hace años- contando la historia de Dionisis Sargentis, un empresario que se dedicaba a vender material ortopédico a los hospitales públicos griegos. «Hace cuatro años y medio que no me pagan», afirmaba Sargentis. El Estado griego le debía 4´5 millones de euros, una deuda insoportable para este empresario, que ya no podía pagar a sus 13 empleados. Sargentis decía entonces que estaba casi en la bancarrota… pero Grecia también. Sargentis acabó yéndose a los hospitales a recoger los equipos que había entregado y que aún no le habían pagado. Era el primer síntoma de lo que estaba por venir.
 
Ahora las cosas están peor. El déficit fiscal griego (diferencia entre lo que gasta y lo que ingresa el Estado) alcanzará en 2009 el 12% de su PIB, lo que significa que por cada cien euros que Gecia ingresa, gasta 112. Cuando se creó el euro, los países miembros -uno de ellos Grecia- se comprometieron a no sobrepasar el 3% de déficit fiscal, y aunque la crisis ha hecho que muchos países superen ese límite apelando a las circunstancias, la situación económica de Grecia roza ya la catástrofe.
 
Pero lo peor no es eso. Para financiar la oleada de gastos imparables y evitar la bancarrota, Grecia ha tenido que endeudarse hasta límites increíbles, de modo que la deuda del Estado alcanza ya el 120% de su PIB (en cifras, unos 270.000 millones de euros); es decir, que por cada 100 euros que el país genera cada año, debería pagar ni más ni menos que 120 euros. Eso sólo para saldar su deuda. Es una situación insostenible para un hogar, así imagínense para un país.
 
Por todas estas razones, la comunidad financiera internacional ha puesto sus miras sobre el país helénico, especialmente tras las preocupantes noticias que llegaron recientemente de Dubai o con el recuerdo aún reciente de Islandia, un país hasta hace poco próspero y que gozaba de una salud económica envidiable que le hacían desdeñar su ingreso en la UE. Pero hace un año Islandia, uno de esos típicos países que nunca aparece en las noticias, saltaba a primera plana de todos los medios al anunciar que su deuda se había desvocado y que se declaraba en bancarrota. Se nacionalizaron los bancos y se devaluó su moneda, y pasarán muchos años hasta que Islandia logre pagar todas sus deudas. Muchos temen que Grecia sea ahora la próxima Islandia, y el propio primer ministro Papandreu reconocía este míercoles que el país atraviesa su peor recesión desde la llegada de la democracia en 1974. «Tenemos que salvar a Grecia de la bancarrota» fueron, textualmente, sus poco esperanzadoras palabras.
 
El principal problema de Grecia es la falta de confianza que ha despertado en el mundo. la comunidad financiera internacional, ya escamada con los casos de Islandai y Dubai, no confía nada en que Grecia pueda superar esta crisis. Esto es grave, porque representa un círculo vicioso en el que esa falta de confianza hace que los griegos deban pagar más intereses por sus préstamos, lo que les obliga a tener que endeudarse más para hacer frente a nuevos préstamos que acrecientan su deuda, sus dificultades para pagar, la desconfianza exterior y de nuevo, los intereses. De hecho, las agencias de calificación financiera Fitch y Standard& Poors acaban de anunciar que han rebajado la solvencia de la deuda pública griega, que ha pasado de una calificación «A-» (una calificación ya baja) a «BBB+»: en otras palabras, que aquellos que presten dinero al Estado griego es probable que no consigan recuperar su dinero ni los intereses que se le adeudan.
 
La cuestión final es: ¿cómo es posible que esté a punto de irse a la bancarrota todo un país miembro de la UE como Grecia? La respuesta es simple: la evasión fiscal. Los sucesivos gobiernos griegos han sido prácticamente incapaces de recolectar impuestos, pero al mismo tiempo han seguido gastando. Y como una de las principales fuentes de ingresos del Estado son los impuestos, al final no ha tenido más remedio que pedir dinero prestado. Además, hace tan sólo cuatro años Grecia organizó unos Juegos Olímpicos, un acontecimiento mundial que supone un gran prestigio para el país anfitrión, pero también gastos descomunales.
 
Lo que está claro es que a los griegos les esperan años muy duros. Sólo hay dos caminos básicos para disminuir la deuda pública antes de que hunda al país en la insolvencia y el caos: recortar los gastos del Estado, y aumentar los impuestos (y conseguir recaudarlos, claro). Pero el gobierno de Atenas tampoco lo tendrá nada fácil. Ahí están las violentas protestas que llevan asolando el país casi de forma continua en los últimos años, que también ha sufrido una tras otra huelgas de funcionarios, obreros, maestros de escuela, médicos… Habrá que estar atentos al rumbo que toma Grecia.