Ender Arat, embajador de Turquía en España

Ender Arat: »El Islam no puede ser un argumento contra la adhesión de Turquía a la UE»

El embajador de Turquía en España ofreció el lunes una conferencia organizada por la embajada turca en Madrid y el obispado de Tarragona.

El señor Ender Arat, embajador de Turquía en España, ofreció el lunes una conferencia organizada por la embajada turca en Madrid y el obispado de Tarragona con motivo del próximo viaje del arzobispo de la ciudad catalana a Turquía.

La conferencia, titulada «Turquía y Europa: libertad de expresión, libertad de creencias», estuvo organizada por la Embajada de Turquía en España y el Arzobispado de Tarragona, y en ella Arat aseguró que pese a ser un país de mayoría musulmana, Turquía es un estado laico y donde existe libertad religiosa, lo que constituye todo un baluarte para la Unión Europea, a cuya puerta lleva años llamando Ankara.

El embajador invitó formalmente al arzobispo Jaume Pujol, que visitará el país euroasiático durante la segunda semana de febrero para oficiar varias misas ante cristianos turcos y refugiados iraquíes que huyen de la violencia religiosa en su país y que Turquía está acogiendo. En su viaje Pujol tiene previsto visitar las ciudades de Konya -la antigua Iconium-, Tarso y Antakya (Antioquía).

Reproducimos a continuación el discurso pronunciado por el señor Ender Arat, que estamos seguros puede ser de gran interés para nuestros lectores.

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DISCURSO PRONUNCIADO POR EL EXCMO. SR. ENDER ARAT, EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE TURQUÍA EN ESPAÑA, EN EL AZORBISPADO DE TARRAGONA, EL DIA 24 DE ENERO DE 2011

«TURQUIA Y EUROPA: LIBERTAD DE EXPRESION, LIBERTAD DE CREENCIAS»

Excelentísimo Señor Arzobispo,

Señoras y Señores,

Es un placer para mí estar hoy aquí con Ustedes. Le doy las gracias al  Arzobispo Jaume Pujol Balcells por la gentileza de haberme invitado a pronunciar esta conferencia.

«El Peligro Turco. Un Drama Histórico», no es una frase mía, sino que aparece en un informe  de un parlamentario alemán, cuyo nombre revelaré más adelante.

Quiero referirme en primer lugar a este informe, que comienza así:

«En el  centro de Graz, que fue  capital europea de la cultura en 2003, se levanta la iglesia catedralicia de San Egidio. En el exterior del muro  orientado al sur un fresco que data de 1485  escenifica de una forma reveladoramente contemporánea «las tres plagas divinas: las langostas, la peste y los turcos».

Los turcos como «plaga divina.» Probablemente ni los  más viscerales opositores a la adhesión a la UE irían tan lejos. Pero el trauma histórico del «peligro turco» continúa resonando hasta nuestros días.

El hecho de que innumerables calles en ciudades austriacas y alemanas tengan el nombre de Príncipe Eugenio de Saboya es un recordatorio de las históricas batallas contra los turcos. Es probable que no esté grabado en nuestra memoria colectiva que en 1683, durante el sitio de Viena por el Gran Visir Kara Mustapha, los húngaros protestantes lucharon del lado de los  turcos musulmanes  porque había más tolerancia bajo el gobierno islámico que bajo los católicos Habsburgos. Eran los «Kruzitürken» o cristianos turcos, un término que continua siendo un improperio aún hoy en día en los países alpinos.

El miedo a los turcos fue siempre de la mano del miedo al Islam, el cual, se decía, era propagado «a fuego y espada». Así, los musulmanes turcos eran considerados precursores endemoniados del Anticristo, que no sólo amenazaban la existencia física de los cristianos, sino también su salvación, ya  que ellos pertenecían a una religión falsa.

Hoy en día no somos tan ignorantes como entonces. Si bien es cierto que los cristianos no tenían los mismos derechos que los musulmanes bajo los turcos otomanos, podían sin embargo practicar su credo libremente y disfrutar de una clase de seguridad legal que excedía claramente a la que disponían las minorías musulmana y judía en la Europa cristiana.

En el siglo XVI el Imperio Otomano devino un elemento permanente en el sistema europeo de coaliciones. Por ejemplo, Francisco I, el Rey más Cristiano, entró en alianza con el Sultán turco contra el Sacro Imperio Romano. Por otra parte, durante estos 450 años los países de la «Europa cristiana» estuvieron guerreando los unos contra los otros  casi de forma permanente. Sin embargo nadie cree que esto constituya  un obstáculo insalvable para la creación de una Europa común.

Puede que algunos tengan todavía ánimos para continuar hablando  de «una encarnación de la enemistad»,   pero ¿qué nos dice eso acerca de la perspectiva de adhesión a la UE de la Turquía moderna? Después de todo, la esencia de la idea de Europa es superar viejas rencillas y crear un orden pacífico permanente en Europa.

Pero Turquía, tiende la gente a decir, es muy diferente de Europa culturalmente hablando. Una unión política que tienda puentes entre «divisorias  culturales» no ha tenido nunca éxito. Los que comparten esta opinión están prediciendo inintencionadamente un futuro incierto para la UE tal y  como es  actualmente, ya que de hecho existen  diferencias culturales considerables  entre Suecia y Bulgaria, y entre Alemania y Polonia.

La identidad no es algo que sea fijo e inmutable. La edad, el género, el estrato social al que se pertenece, la nacionalidad, la religión, el estado civil y la profesión son sólo algunos de los factores que pueden ejercer una influencia en nuestra identidad. Somos diferentes en una gran variedad de formas.

Los Estados miembros de la UE no son homogéneos en términos culturales, si es que alguna vez lo fueron, y la UE en su conjunto, con sus 27 países miembros,  no es ciertamente nada por el estilo. Nuestras civilizaciones están adquiriendo cada vez más rasgos híbridos. La cultura no es un fenómeno homogéneo. Lo que algunos consideran que es una cultura «unitaria» resulta tener  al observarla con más detenimiento una diversidad asombrosa.  Uno nota voces discordantes que a menudo proceden del interior y no del exterior. Esta polifonía interna contradice la opinión del exterior de que existe una cultura «específicamente» alemana, americana o turca. El hecho es que en  Turquía existen diferencias entre áreas urbanas y rurales, entre el este y el oeste,  en términos económicos y culturales. La cosmopolita Estambul y una aldea en Anatolia son dos mundos aparte.

Sólo una idea estática de la cultura hace que parezca que las diferencias culturales son como fronteras que no se pueden  cruzar. Pero hay pocas cosas que sean más dinámicas y cambiables que la cultura, y basta con echar una simple  mirada a la música, la pintura y la literatura para darse cuenta rápidamente de que esto es así. Aquí  en concreto uno puede observar cómo las influencias culturales cruzan las fronteras. La cultura nunca se detiene.

Por tanto, ¿cuál es la razón cultural para que exista una división abrupta e insalvable entre la UE y Turquía? Algunos mantienen que entre Turquía, un «Estado musulmán», y Europa, discurre una profunda frontera cultural. Continúan diciendo abiertamente «que la UE es una asociación de estados moldeados por el Cristianismo y en la que la Turquía musulmana no tiene cabida». Este es el argumento principal contra la adhesión de Turquía a la UE.

Pero, esto lleva a uno a preguntar, ¿no es uno de los valores fundamentales de la UE el garantizar el derecho al pluralismo religioso?  La separación de la iglesia y el estado es una de las convicciones fundamentales que los europeos tienen en común. Así, la idea de que el Islam no encaje en Europa con sus raíces cristianas no puede ser un  argumento contra  la adhesión de la Turquía musulmana  que la UE pueda utilizar sin infringir sus propios valores fundamentales. Sin embargo, uno tendrá que mirar atentamente para ver si Turquía, que se considera a sí mismo un país laico, comparte o no la concepción europea de pluralismo religioso y la separación de estado y  religión.

Hay algunos que dirán que estas ideas de la Europa moderna son producto de nuestra historia cristiana y occidental común. Turquía no fue nunca parte del Occidente cristiano, lo que cabe concluir por esta razón que no se le puede admitir en la UE. ¿Por qué un estado musulmán debe ahora entrar a formar parte de  Europa, que, guste o no, ha sido configurada por tradiciones completamente diferentes?

La civilización europea tiene raíces en Anatolia. En la antigüedad Anatolia perteneció al mundo de cultura helenística. Más tarde, el territorio que se llama ahora Turquía constituyó el flanco oriental del Imperio Romano, y utilizó el latín como su idioma oficial. Esta tierra fue el hogar de la mítica Princesa Europa,  a quien Zeus raptó bajo la forma de un toro. Aquí es donde Herodoto escribió sus Historias,  aquí es donde el filósofo Tales de Mileto pensó, aquí es donde surgió el estilo Jónico, que tuvo una profunda influencia en la arquitectura europea.

Las siete iglesias que se mencionan en el Libro de Revelación – Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea- están todas en Turquía. Al ser perseguidos en Palestina, los fundadores del Cristianismo huyeron a lo que hoy es Turquía, y así Antioquia (la moderna Antakya), Tarso y Éfeso se convirtieron en algunos de los lugares más importantes donde predicaron el Evangelio. El apóstol Pablo nació en Tarso y envió a algunas de sus epístolas a Éfeso. San Juan, el discípulo  que Jesús amaba, tuvo una activa presencia aquí, y se dice que  María, la madre de Jesús, murió en Éfeso. San Nicolás procede de Mira, cerca de Antalya, que ahora se llama Demre. Hasta el siglo X todos los principales Concilios de la Iglesia tuvieron lugar en Anatolia.

Anatolia fue el puente del Cristianismo entre Europa y los Lugares Santos de sus orígenes. Europa amputaría una de sus propias raíces si declarara a Turquía como un territorio  totalmente ajeno a todo lo que representa. Hoy en día, el Islam es la fuerza predominante en Turquía y Anatolia. Pero en lugar de utilizar esto para poner énfasis en  la existencia de diferencias básicas y ciertamente duraderas, los cristianos en Europa en particular deberían tratar de persuadir a Turquía para abrir un diálogo sobre los elementos cristianos en las tradiciones de Anatolia.

Le costó a España mucho tiempo reconocer y cuidar los elementos islámicos que hay en la tradición y la identidad de Andalucía que actualmente son tan impresionantemente visibles en Córdoba. Turquía podría emular a España, que entregó a la UE con su adhesión  los 700 años de su legado islámico, aportando su herencia cristiana. El Cristianismo, el Judaísmo y el Islam son parte de la historia de Europa. La religión no sirve de mucho cuando toca trazar las fronteras políticas. Así, el término «Occidente cristiano»,  cuando examinamos  más de cerca  nuestra historia común,   no puede ser utilizado realmente  para excluir a Turquía de Europa.

El término «Occidente cristiano» no desempeñó papel alguno en los Tratados de Roma en 1957, ni en ningún otro tratado fundacional o de reforma. Ningún tratado de la UE hace referencia ni en el preámbulo ni en ningún artículo importante a términos tales como «Occidente cristiano», «Cristiano» u «Occidental». Aparentemente los padres fundadores de la UE, a la hora de tratar la identidad europea, no consideraron que el término «Occidente cristiano» fuera de alguna utilidad, en contraste con aquellos que lo enarbolan hoy como un emotivo grito de guerra contra la adhesión de Turquía a la UE, en una época en la que más de 16 millones de musulmanes viven en la UE.

Además, el Islam como Religión es Compatible con la Democracia. La sociedad musulmana estaba de hecho conformada por la cooperación y el antagonismo de diferentes comunidades religiosas. Por tanto el Islam como religión y la democracia como una clase de estado no son mutuamente excluyentes.

Esto queda patente si echamos una mirada a más de 50  países en el mundo cuya población es predominantemente musulmana. La estructura social y gubernamental de Indonesia, Marruecos, Arabia Saudita, Irán y Albania son muy diferentes y demuestra la adaptabilidad de la  fe musulmana. A pesar de todas las deficiencias que aún existen, Turquía, como país musulmán,   es el que más se aproxima a  las ideas de democracia y gobierno de la ley.

El hecho de que en Turquía la población musulmana haya continuado practicando su religión durante décadas y al mismo tiempo elija sus representantes parlamentarios en elecciones libres regidas por una ley electoral que garantiza el sufragio universal, desmiente en la práctica la noción de que el Islam y la democracia sean incompatibles.

La Religión no es uno de los criterios de Copenhague. Cuando, a principios de 1990, la «antigua UE» se enfrentó con el problema de concretar los criterios que los numerosos candidatos para la adhesión tendrían que satisfacer, había buenas razones para evitar descripciones de identidad o requisitos culturales. Desde 1993 «los criterios para la adhesión» han determinado el grado de homogeneidad que se exige en una Unión  en continuo crecimiento, que se considera a sí misma como una entidad política, y que, de conformidad con los tratados, desea convertirse en «una Unión cada vez más estrecha». La Religión no es uno de ellos.»

Como dije al inicio de mi discurso, estas son las palabras de un parlamentario alemán, el Señor Ruprecht POLENZ, que es presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag, el Parlamento alemán. El Señor Polenz es miembro de la Unión Cristiano Demócrata de la Canciller Merkel, pero come ven, piensa completamente diferente que ella y apoya la adhesión de Turquía a la UE en este informe titulado «Mejor para los dos; Turquía debería  estar en  la UE».

Ahora desearía continuar explicando la situación de la libertad de expresión y de creencia en Turquía.

Durante un largo periodo, diversos grupos religiosos, musulmanes, cristianos, judíos, vivieron juntos en Anatolia, en un clima de tolerancia. Al Imperio Otomano se le llamó el «Imperio de la Tolerancia». No es de sorprender, ya que el clima de libertad y tolerancia que el Imperio Otomano garantizó  a su pueblo era superior al que se vivía   en sus socios  europeos contemporáneos.

El Sultán Mehmet II, tras la conquista de Estambul, permitió que el Patriarcado Ortodoxo Griego continuara funcionando de manera independiente. Pero más interesante aún fue que permitiera que se dieran las condiciones necesarias para la fundación de la Iglesia Armenia, que no se habían permitido durante la época bizantina.

Hoy  las dos iglesias continúan aún funcionando activamente después de 600-700 años. Asimismo, no fue una coincidencia que los judíos exiliados  de diversos países europeos en el siglo XVI  buscasen refugio en el Imperio Otomano.

Uno de los  principales objetivos del Gobierno de Turquía es continuar manteniendo este entendimiento mutuo, permitiendo a nuestros ciudadanos vivir en armonía y practicar su religión libremente.

Turquía, como estado laico,  protege   la libertad de religión, de conciencia y de pensamiento como está  consagrada en la Constitución y la legislación competente. No obstante, hubo tiempos en los que se produjeron carencias en la aplicación de estas leyes.

En la última década, Turquía ha llevado a cabo un importante proceso de reformas. Esta transformación socio-económica continúa aún en marcha. Muchas de las reformas efectuadas para mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos están en línea con el proceso de adhesión a la UE. Algunas de estas reformas están relacionadas con la libertad religiosa.

Para desarrollar algunas de estas reformas, nuestro Gobierno ha establecido  un diálogo directo con nuestros ciudadanos de diferentes credos y creencias. Se mantienen reuniones periódicas con representantes de las comunidades religiosas para abordar sus problemas. Estas comunidades incluyen a judíos, sirios católicos, sirios ortodoxos, armenios ortodoxos, griegos ortodoxos, búlgaros ortodoxos, georgianos católicos, armenios católicos, armenios protestantes, caldeos católicos y católicos latinos.

En mayo de 2010  el Primer Ministro Erdoğan  emitió una circular sobre este tema. Apeló a las distintas administraciones del estado a tratar con sensibilidad los problemas de nuestros ciudadanos con credos diferentes.

Otro ejemplo evidente de los esfuerzos que se están llevando a cabo actualmente son las ceremonias religiosas que se celebraron en el Museo-Monasterio de Sümela en Trabzon el 15  de agosto de 2010 y en la Iglesia Armenia de Surp Hac en la Isla de Akdamar en Van, el 19 de septiembre de 2010. Estas ceremonias se oficiaron después de décadas. En Sümela la ceremonia religiosa fue oficiada por el Patriarca Bartolomeo  quien manifestó que estaba encantado de participar en este acontecimiento histórico que simboliza  paz y tranquilidad para la humanidad.

El Gobierno turco tiene  voluntad política para hacer frente a las demandas planteadas por nuestros ciudadanos de la minoría ortodoxa griega así como del Patriarcado. Con este espíritu constructivo, las instancias competentes están explorando una solución viable para la reapertura de la Escuela Teológica Heybeliada de tal forma que satisfaga a todas las partes interesadas.

El Patriarcado Ortodoxo Griego funciona dentro de su propia sede, mantiene sus iglesias y es tratado con el máximo respeto. El Patriarcado desarrolla libremente sus actividades religiosas. Oficia igualmente sus ceremonias religiosas en importantes lugares religiosos en diversas partes de Turquía.

No existe injerencia por parte de las autoridades turcas en el nombramiento del  clero en el Patriarcado. Ciertamente, aquellos metropolitanos que no tienen la nacionalidad turca no pueden optar a ser nombrados al Santo Sínodo del Patriarcado. Los Metropolitanos Ortodoxos Griegos que no tienen nacionalidad turca y que están adscritos al Patriarcado han solicitado la nacionalidad turca. Estas solicitudes están siendo tramitadas de una forma positiva y con carácter prioritario,  y hasta la fecha 12 de ellos ya han adquirido la ciudadanía turca.

Quiero dejar patente  que el Patriarca de  Fener es nuestra institución.  Turquía es más rica y más poderosa con la presencia del Patriarca de  Fener.

Es preciso constatar también que actualmente hay más de 100 clérigos extranjeros registrados en Turquía para servir en lugares de culto con el permiso de trabajo pertinente.

Actualmente, existen en Turquía 315 lugares de culto pertenecientes a nuestros ciudadanos de credos diferentes, incluyendo 85  iglesias, sinagogas y monasterios. Estos lugares de culto son administrados por sus propias asociaciones o fundaciones.

Puede que la situación en Turquía no sea perfecta. Pero comparada con el pasado, es ciertamente mucho mejor hoy en día. Y está mejorando constantemente. Las reformas son importantes. Pero lo que es más importante es el cambio de mentalidad en Turquía. Esta surgiendo en Turquía una sociedad más tolerante.

El Islam no hace distinción entre la gente de credos diferentes. Nuestra religión dice: «Para ti es tu religión, y para mí es mi religión». Es decir, nada puede ser obligatorio en materia de religión. Nadie tiene  derecho a intervenir o desafiar los credos de otros.

El Primer Ministro Erdoğan repite frecuentemente que aquellos que tienen fe   en su propia religión no tienen problema con la libertad de religión.

De hecho, la palabra Islam significa «paz».

Desafortunadamente, en Europa se representa una imagen del Islam totalmente diferente y equivocada. Actualmente, hay más de 38  millones de musulmanes viviendo en Europa, sin contar Turquía, y la mayoría de ellos son ciudadanos legales e indígenas de Europa. Se estima que para 2025  la población musulmana constituirá el 10 por ciento del total de los países de Europa,  sin contar Turquía.

Seguimos con preocupación el incesante aumento de la hostilidad hacia estos musulmanes en Europa. Observamos el aumento de la islamofobia. Es bastante irónico que la islamofobia crezca en aquellos países que están en el corazón mismo de la UE, cuyos fundamentos descansan en el lema «Unidad en la Diversidad». La filosofía fundacional de la UE quiso desembarazarse de aquellas hostilidades que desembocaron en las más cruentas guerras de la historia de la humanidad. Me gustaría creer que Europa ha aprendido la lección de esos tristes episodios de su historia.

En este momento, la falta de Turquía como puente se siente más fuerte que nunca. No cabe duda de que Europa se beneficiará de la identidad y el patrimonio cultural de Turquía. La coexistencia pacífica de identidades diferentes y la tradicional tolerancia de Anatolia es realmente lo que la Unión Europea más necesita hoy en día. La EU permanecerá incompleta hasta que Turquía se una a este singular proyecto de paz.

La visionaria política exterior de Turquía es otro puente que hace que Turquía sea cada vez más valiosa para la UE. Nuestra política exterior con el principio de «cero problemas con los vecinos» ha dado un rendimiento positivo no sólo para Turquía sino también para la región que tanto ha sufrido durante décadas a causa de los conflictos. Es un hecho  que la UE no es un actor fuerte  en la región. Los profundos lazos históricos y culturales de Turquía con el Medio Oriente, los Balcanes y el Cáucaso contribuirán de manera decisiva a hacer de la UE un actor global. Las famosas palabras de Atatürk «paz en casa, paz en el mundo» son nuestro lema. Estamos llamados a desempeñar el papel de contribuir  a la paz mundial.

Por todas estas razones, Turquía no sólo será un puente sino también  una verdadera fuente de inspiración para Europa.

Distinguidos amigos,

Turquía está acercándose cada vez más a lo que la Unión Europea representa. Llegados a este punto  se plantea una pregunta a la que nuestros amigos europeos tienen que responder con honestidad: «¿Cuál es la Europa en la que quieren vivir?» La respuesta a esta pregunta  indicará también con precisión la actitud  hacia la posible integración de Turquía en la UE. Si Europa quiere restablecer  un orden social en el que  «la unidad en la diversidad» sea un hecho real, tiene que incorporar a Turquía. Estoy convencido de que nuestros amigos europeos tienen la voluntad y la capacidad para hacer que esto suceda.

No perdamos esta oportunidad inminente. Progresemos y trabajemos todos juntos por la paz y la prosperidad.

Gracias por su atención.