El PKK pone fin a la retirada de Turquía pero mantiene el alto el fuego

La Unión de Comunidades del Kurdistán (KCK) acusó en un comunicado al gobierno turco de no cumplir sus promesas, pero aseguró que el PKK mantendrá el alto el fuego en vigor.

Tal y como había anunciado días atrás el recién nombrado líder militar del grupo armado, Cemil Bayık, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha puesto fin a su repliegue de territorio turco acusando al gobierno de Ankara de no cumplir sus promesas, según publicaba el lunes el diario turco Hürriyet.

En un comunicado publicado por la Unión de Comunidades del Kurdistán (KCK), considerada en Turquía como la rama urbana del PKK, se informaba del fin del proceso de retirada justificando la medida por la falta de iniciativas desde el gobierno turco encaminadas a introducir reformas democratizadoras que den más derechos culturales y políticos a la minoría kurda. El comunicado del KCK no obstante aseguraba que la organización terrorista respetaría el alto al fuego acordado con las fuerzas de seguridad turcas.

El pasado jueves Bayık declaraba en una entrevista a una agencia de noticias kurda afín al PKK que el grupo había decidido poner fin al repliegue de sus militantes armados de Turquía, acusando al ejecutivo del primer ministro Erdoğan de haber “traicionado” al PKK y de no cumplir los acuerdos pactados, que tienen por objetivo poner fin a la lucha armada iniciada por el PKK en 1984 contra el Estado turco y que se ha cobrado la vida desde entonces de unas 40.000 personas. Bayık advirtió además que sus miembros responderían si eran atacados por el ejército turco.

Abdullah Öcalan, líder histórico del PKK, anunció en un mensaje histórico hecho público el pasado 21 de marzo –con ocasión de la festividad kurda del Nevruz- que el PKK retiraría a sus militantes de Turquía como parte de las negociaciones de paz iniciadas a finales del año pasado. La retirada de Turquía constituye el primer paso de un proceso que debería ser seguido de reformas constitucionales y legales dirigidas a ampliar los derechos culturales y políticos de la minoría kurda del país, y que concluiría con una tercera fase en la que se entregarían las armas para integrar a los miembros del PKK en la vida política turca.

Tanto la retirada como el alto al fuego se han visto sin embargo empañados por esporádicas acciones del PKK, incluyendo secuestros, ataques y chequeos ilegales en poblaciones del sureste de Turquía. Por otro lado el gobierno turco, que había exigido que los miembros del PKK que abandonasen territorio turco lo hiciesen entregando sus armas, ha denunciado que el supuesto proceso de retirada ronda en realidad sólo el 15-20%, y que en algunos casos ha ocultado un reagrupamiento y rearme en zonas estratégicas para el propio PKK.

El primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan, que ha capitalizado hasta ahora un controvertido proceso de negociaciones con el PKK que no todos los sectores sociales y políticos de Turquía aprueban, acusó el pasado mes de agosto al PKK de no haber cumplido sus promesas y de haber retirado sólo a una mínima parte de sus militantes hacia los campamentos de la organización terrorista en el norte de Irak, casi todos ellos mujeres y menores de edad.

Presionado por una parte de los votantes de su propio partido y por sectores nacionalistas, Erdoğan ha adoptado en los últimos meses una actitud más prudente y desafiante hacia el PKK y ha tratado de calmar a la opinión pública más reacia a las negociaciones, asegurando que no se harán concesiones que los ciudadanos no estén dispuestos a aceptar y rechazando varias demandas del nacionalismo kurdo, como la puesta en libertad de Öcalan, una amnistía general para los militantes del PKK, una autonomía limitada en el sureste del país de mayoría kurda, o que las clases en los colegios públicos se impartan en lengua kurda.