Papa Francisco

El Papa Francisco ha muerto: este es su legado

El Papa Francisco falleció por sorpresa hoy lunes a los 88 años de edad, menos de 24 horas después de haber felicitado el Domingo de Pascua durante una breve aparición ante decenas de miles de fieles congregados ayer en la Plaza San Pedro del Vaticano. 

“Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar la muerte de nuestro Santo Padre Francisco”, anunció el cardenal Kevin Farrell en un comunicado oficial, según informaron fuentes oficiales del Vaticano. “Esta mañana, a las 7:35, el obispo de Roma, Francisco, ha vuelto a la casa del Padre. Toda su vida ha estado dedicada al servicio del Señor y de su Iglesia”, añadió. 

Precisamente Farrell, un cardenal de 77 años oriundo de Dublín y cercano a Francisco, será quien se haga cargo del gobierno del Vaticano hasta la elección del nuevo Papa, dado que desde 2019 ostenta el título de camarlengo: es decir, además de ser el encargado de certificar la muerte del Sumo Pontífice, es quien vela por que se sellen sus aposentos y debe convocar al Colegio Cardenalicio y organizar el cónclave que elija al sucesor de San Pedro. Además, mientras dure el período de Sede Vacante (desde la muerte del Papa hasta la elección de su sucesor) es el responsable de administrar los bienes temporales del Vaticano.

Los problemas de salud de Francisco

Francisco, elegido líder de la Iglesia católica en marzo de 2013, había pasado recientemente 38 días en el hospital Gemelli de Roma, de donde salió el pasado 23 de marzo tras someterse a un complicado tratamiento por una neumonía bilateral. El Pontífice, al que le fue extirpado parte de un pulmón siendo joven, había mostrado signos preocupantes de que le costaba respirar en los días previos, que se sumaban a otros problemas de salud importantes que venía sufriendo en los últimos años de su mandato.

En marzo de 2023 ya había sido hospitalizado por una infección respiratoria, y ese mismo año tuvo que someterse a una operación de hernia, tras otra operación de colon dos años antes. En los últimos años sufría también fuertes dolores en la rodilla que le habían obligado a usar una silla de ruedas para sus desplazamientos; esta falta de ejercicio y el uso de corticoides para combatir los dolores articulares le habían provocado a su vez un notable aumento de peso -evidente en los últimos tres años- que a su vez le había generado dolores de espalda y de ciática.

Tras el fatal desenlace ocurrido hoy, muchos se preguntan ahora si el Papa -famoso por su obstinación- debió haber sido ingresado antes en el hospital. Incluso después de recibir el alta, Francisco había hecho caso omiso al dictamen de los médicos de que guardara reposo durante dos meses, y había reanudado su actividad y sus apariciones en público. Incluso a pesar de sus crecientes problemas de salud en los últimos años, el pasado mes de septiembre llevó a cabo una agotadora gira de 12 días por varios países de Asia, y se había anunciado que visitaría por segunda vez Turquía a finales del próximo mes de mayo con motivo del 1.700 aniversario de la celebración del histórico concilio cristiano de Nicea, la actual ciudad turca de İznik.

Consciente de sus problemas de salud, el propio Francisco había dejado abierta la posibilidad de renunciar al cargo si sus dolencias le impedían ejercer sus funciones; pero hasta ahora y pese a su intensa agenda, había insistido en seguir adelante, llegando incluso ayer mismo a recibir en Roma al vicepresidente de EE.UU., J.D. Vance

Poco después de este encuentro, en su última aparición pública, el Pontífice Romano saludó ayer a los fieles en la Plaza de San Pedro y, en un texto que tuvo que leer el arzobispo Diego Ravelli, habló contra las guerras “ante la crueldad de los conflictos que afectan a civiles indefensos y atacan escuelas, hospitales y trabajadores humanitarios”, refiriéndose a los conflictos en Gaza, Ucrania, Yemen, Congo o Sudán, entre otros.

El primer Papa jesuita y americano

Francisco, cuyo verdadero nombre era Jorge Bergoglio, hizo historia desde su elección al convertirse en el primer jesuita en ser elegido para liderar la Iglesia Católica, siendo también el primer Papa procedente de América. Su elección llegó en un momento de grave crisis para la Iglesia Católica, azotada por las denuncias de abusos y los escándalos, que obligaron a un exhausto Papa Benedicto XVI a dimitir, siendo el primer Pontífice en renunciar desde la Edad Media.

Antiguo arzobispo de Buenos Aires y -como buen argentino- amante del fútbol, Francisco demostró desde el primer momento un talante muy diferente al de sus predecesores. Con una actitud comprensiva -incluso con colectivos denostados por la Iglesia como los homosexuales o los divorciados– se mostró muy abierto con los fieles, buscando siempre el contacto con ellos. 

Fue un firme defensor de la justicia social y los derechos de los más desfavorecidos, y promovió un estilo de vida austero, renunciando a muchos de los lujos y prebendas habituales de su cargo, por ejemplo rehusando utilizar el lujoso coche oficial de los Papas o eligiendo vivir en la modesta Casa de Santa Marta, una residencia mucho más humilde que el Palacio Apostólico del Vaticano.

Estas diferencias que han marcado su pontificado se hacen evidentes incluso después de su muerte, puesto que según su deseo no será enterrado en la Basílica de San Pedro, sino en la basílica de Santa Maria Maggiore de Roma, siendo el primer Papa en más de un siglo cuyos restos descansan fuera del Vaticano. También rechazó la tradición de que se utilicen tres ataúdes durante su funeral, eligiendo ser enterrado en uno solo fabricado en madera y mediante un ritual con menos pompa, con el fin de reflejar el funeral de “un pastor y discípulo de Cristo y no el de un poderoso hombre de este mundo”.

Enemigos dentro de la Iglesia 

Pero el Papa Francisco también ha tenido sus detractores. Sus propios orígenes, sus nuevas formas y actitudes, sus reformas y especialmente sus palabras le han generado numerosos enemigos especialmente dentro de la propia Iglesia, donde los sectores más conservadores le han acusado de desviarse de la doctrina tradicional católica en temas como el aborto, el divorcio o los homosexuales, por citar solo algunos ejemplos, llegando incluso a calificarle de “antipapa

En los últimos meses de su pontificado, algunos de los cargos más poderosos de la Iglesia Católica habían criticado abiertamente al Papa Francisco, liderados por el cardenal estadounidense Raymond Burke, quien había criticado también su defensa de los inmigrantes. Francisco, dispuesto siempre a poner la otra mejilla, había dicho respecto a estos ataques: «Yo lo único que pido es que las críticas me las hagan en la cara, porque así crecemos todos«.