El nuevo Papa es el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien bajo el nombre de Francisco I se convierte en el primer pontífice americano y jesuita de toda la historia.
Pocos lo esperaban tan pronto. Cuando se rumoreaba con la posibilidad de un cónclave largo que incluso pudiese prolongarse hasta el fin de semana o más allá, fue pasados poco más de 5 minutos de las 7 de la tarde del miércoles, tras la quinta votación y menos de 24 horas después de iniciado el cónclave, cuando las decenas de miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro comenzaban a lanzar gritos de júbilo.
Mientras las campanas comenzaban a repicar, los fieles reunidos en la emblemática plaza veían salir por la chimenea de la Capilla Sixtina la “fumata blanca”, el humo blanquecino que señalaba que la votación había concluido y que los 115 cardenales con derecho a voto habían llegado a un acuerdo sobre el sucesor de Benedicto XVI.
Tras una espera de aproximadamente una hora, el protodiácono salía a anunciar ante la multitud congregada en San Pedro el nombre del nuevo Papa; y para sorpresa de todos, no era ni el milanés Angelo Scola, ni el brasileño Odilo Scherer, ni el canadiense Marc Ouellet, ni el estadounidense Sean O'Malley, ni tantos otros candidatos que durante los últimos días los expertos y no tan expertos habían barajado como probables “papables”.
Fue por contra un relativamente desconocido cardenal argentino, Jorge Mario Bergoglio, quien salió al palco como el nuevo Pontífice Máximo de la Iglesia Católica Romana. Bergoglio, que asumió el trono de San Pedro con el carismático nombre de Francisco I –en probable referencia a Francisco de Asís-, lo hizo vistiendo ropas sencillas y con un discurso humilde en el que pidió varias veces a los fieles presentes que rezaran por él y por su predecesor, el ya Papa Emérito Benedicto XVI.
La elección de Bergoglio ha representado todo un gesto revolucionario ante los retos que afronta la Iglesia Católica; no sólo se trata del primer Papa de América –donde actualmente residen la mayoría de los católicos del mundo- sino también del primer jesuita de toda la historia.
El ya Papa Francisco I nació hace 76 años en Buenos Aires hijo de una familia de inmigrantes italianos, y decidió ordenarse sacerdote a los 21 años de edad. Desde entonces progresó en la orden de los jesuitas hasta convertirse en Arzobispo de Buenos Aires en 1998. Fue también presidente en dos ocasiones de la conferencia episcopal de Argentina, donde se enfrentó con dureza al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por la ley que permitía a los homosexuales casarse y adoptar hijos.
Su nombre sonó como uno de los favoritos durante el cónclave que eligió en 2005 a Ratzinger y se llegó a rumorear que había sido el segundo más votado, pero para esta ocasión no figuraba ni de lejos entre los candidatos más probables. Bergoglio era, de hecho, el único cardinal jesuita de los 115 que participaron en este cónclave.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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