El enviado de la ONU para Siria reconoce que su misión es »casi imposible»

El sustituto de Kofi Annan admitió durante una entrevista que su labor es extremadamente difícil y que no se está haciendo lo suficiente para detener la violencia en Siria.

 

El nuevo enviado de Naciones Unidas y la Liga Árabe para mediar en el conflicto sirio, el argelino Kakhdar Brahimi, calificó el lunes su labor en Siria de «prácticamente imposible» al tiempo que volvió a subrayar que no se está haciendo todo lo posible para acabar con la violencia.

«Se lo difícil que es (mi labor)… lo casi imposible que es. No puedo decir imposible, pero prácticamente imposible», declaró el diplomático argelino durante una entrevista concedida a la cadena de televisión BBC el lunes. «Tampoco estamos haciendo mucho (para detener el conflicto), y eso por sí mismo es una terrible carga», añadió.

Brahimi, que reemplazó a su predecesor Kofi Annan a finales de agosto después de que éste dimitiera criticando los obstáculos impuestos por el Consejo de Seguridad de la ONU, reconoció sentirse «asustado por el peso de la responsabilidad» que tiene a sus espaldas, y dijo que era consciente de que la diplomacia no estaba haciendo todo lo posible para acabar con la violencia en Siria.

«La gente dice 'Están muriendo personas, ¿y qué es lo que estáis haciendo?' Y no estamos haciendo mucho», dijo Brahimi durante la entrevista, que se desarrolló en inglés, y en la que admitió además que se sentía como si estuviera «ante un muro de ladrillos» en el que estuviera buscando alguna fisura por la que ver una solución al problema. «Tengo los ojos abiertos, y vengo sin ilusiones», sentenció.

En una reciente entrevista concedida también al canal de noticias árabe Al-Arabiya, Brahimi rechazó también una intervención extranjera en Siria por considerar que supondría el fracaso definitivo de los esfuerzos diplomáticos en el conflicto sirio, que se ha cobrado ya más de 20.000 vidas, pero subrayó que es sobre el gobierno sirio y el régimen de Bashar al-Assad sobre el que pesa la mayor responsabilidad a la hora de detener los combates.