50 muertos por las protestas en Túnez, que se extienden a la capital

Las protestas sociales en Túnez que hasta ahora habían afectado a varias ciudades del interior y fronterizas con la vecina Argelia, se extendieron el martes a la capital del país.

Las protestas sociales en Túnez que hasta ahora habían afectado a varias ciudades del interior y fronterizas con la vecina Argelia, se extendieron el martes a la capital del país y varias localidades turísticas de la costa, mientras sindicatos y organizaciones independientes afirman que el número de víctimas civiles es de al menos medio centenar de personas.

Según testigos en la zona citados por agencias de prensa internacional, una multitud se congregó en el barrio de Ettadamen, a las afueras de la capital de Túnez, donde los manifestantes se enfrentaron a las fuerzas de seguridad, saquearon algunas tiendas y prendieron fuego a un banco, mientras la policía trataba de dispersarlos.

El gobierno del país magrebí reconoció el martes que cuatro personas habían muerto el lunes por la noche durante los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden que tuvieron lugar en la ciudad de Kasserine, al oeste del país, pero estas cifras a la baja ya han sido refutadas por varias organizaciones independientes y por los sindicatos tunecinos. El portavoz regional de la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), Sadok Mahmudi, afirmó a la prensa que son más de 50 los muertos durante los incidentes violentos de los últimos tres días en la región, donde la situación -dijo- es «caótica».

«El caos reina en Kasserine (290 km al suroeste de la capital) tras una noche de violencia, de disparos de francotiradores, saqueos, y robos de comercios y viviendas», afirmó Mahmoudi, que aseguró que la propia policía estaba entrando en las casas y saqueándolas. «El número de muertos supera los 50», afirmó el sindicalista, citando fuentes del hospital regional de Kaserín.

Un funcionario local que pidió no ser nombrado dijo que se habían producido disparos de francotiradores apostados en los techos de las casas, y que las fuerzas de seguridad llegaron a disparar en Kasserine incluso contra los cortejos fúnebres que enterraban a las víctimas del fin de semana; la misma fuente aseguró a la prensa internacional que el personal médico del hospital de la ciudad hizo un paro de media hora en señal de protesta por la dura represión que se está viviendo en la zona, al tiempo que habló de «cadáveres destripados, con el cerebro reventado» en referencia a las víctimas.

Todo indica pues que la intervención televisada el lunes del presidente Zine El Abidine Ben Ali -en la que prometió crear 300.000 empleos y prometió castigar con dureza a los manifestantes- no ha lograso su objetivo de calmar las peores protestas sociales que vive el país desde la llegada de Ben Ali al poder, hace 23 años.

Desde París, la presidenta de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), la tunecina Souhayr Belhassen, aseguró que el número de muertos en las manifestaciones en Túnez es de al menos 35 personas. «Pero el número total de víctimas es más importante. Gira alrededor de los 50, pero es una evaluación», agregó Belhassen.

Amnistía Internacional confirmó que al menos 23 personas murieron durante el fin de semana a manos de las fuerzas de seguridad, que abrieron fuego «en una inaudita espiral de violencia contra gente que había venido a protestar contra sus condiciones de vida, el desempleo y la corrupción». La policía también impidió ayer martes una manifestación en la capital de un centenar de periodistas, que protestaban contra la represión de los disturbios sociales y las presiones y obstáculos a la que se está viendo sometida la prensa tunecina para informar de lo que está sucediendo.

Tras varias semanas de silencio la Comisión Europea pidió condenó al fin el lunes la escalada de violencia y la represión contra los manifestantes, aunque de forma muy tímida y sin mayores consecuencias para el gobierno del presidente Ben Ali, al que Occidente apoya por considerarlo un baluarte contra el radicalismo islámico. Estados Unidos también ha roto estos días su silencio para expresar su preocupación por los sucesos en Túnez, mientras que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, declaró su «inquietud por la escalada de violentos enfrentamientos».