La orden de arresto contra el vice presidente iraquí, de la minoría sunní, vuelve a avivar la llama del enfrentamiento sectario pocos días después de la salida de las tropas de EE.UU. del país.
Apenas unos días después de la salida del país de las últimas tropas estadounidenses, comienzan a aflorar en Irak los primeros síntomas de tensión política entre la minoría sunní -que durante los años de gobierno de Sadam Hussein detentó el poder- y la mayoría chií que controla el gobierno y encabeza el actual gobierno de unidad nacional, sembrando serias dudas sobre la futura estabilidad del nuevo Irak.
El último y más grave episodio ha sido la orden de arresto emitida por el gobierno iraquí contra el vice presidente del país, Tariq al-Hashemi, acusándolo de controlar un escuadrón de mercenarios que habría asesinado a agentes de seguridad y funcionarios. La orden incluye la prohibición para el vice presidente iraquí de viajar al extranjero. Precisamente al-Hashemi había partido el domingo hacia la región autónoma kurda del norte de Irak en lo que muchos analistas consideran un intento del político sunní de buscar refugio en la región. Al menos tres de sus guardaespaldas han sido acusados de cometer asesinatos después de que uno de ellos supuestamente confesara los crímenes.
Tanto al-Hashemi como el vice primer ministro Saleh al-Mutlak, ambos de confesión sunní y miembros del bloque laico Al-Iraqiya, han estado siendo sometidos a una creciente presión por parte de las autoridades chiíes iraquíes. La orden de arresto emitida el lunes contra el máximo dirigente sunní del gobierno de unidad nacional que dirige en estos momentos Irak marca una peligrosa escalada en la tensión política que podría alimentar las rivalidades sectarias y religiosas en el Irak post Estados Unidos. Precisamente un portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, ha expresado la preocupación de Washington por los acontecimientos en Irak y ha pedido a las partes implicadas que retomen el diálogo.
Muchos sunníes de Irak consideran que los cargos contra al-Hashemi tienen motivaciones políticas, dado que es un viejo rival del primer ministro Nuri al-Maliki, de orientación religiosa chií. No parece casual tampoco que la orden de arresto se produjera sólo dos días después de que el principal bloque político sunní en el parlamento iraquí, Al-Iraquiya (al que pertenece al-Hashemi), boicoteara el sábado su participación en la cámara en protesta por lo que considera una creciente monopolización del poder por parte de Al-Maliki.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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