artículo de opinión

OPINIÓN: No olvidemos a Neda

El mundo árabe se ha visto conmocionado estos últimos meses por varios levantamientos civiles que han acabado con las dictaduras de Ben Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto y han desatado una guerra civil en Libia y serios disturbios en Yemen y Siria. Desde Occidente muchos se han volcado con este despertar que puede traer la democracia a la región, pero al hacerlo se han olvidado de la fallida revolución que tuvo lugar en el país más importante de Oriente Medio hace ya dos años y en la que murieron más de cien personas y otros tantos sufren en prisión.

Los tunecinos y egipcios han triunfado donde los iraníes fracasaron. Las dictaduras unipersonales de Túnez y Egipto acabaron cediendo a la presión popular que contaba con la simpatía, o al menos la no oposición, de las fuerzas armadas. Los regimenes cayeron, como tantas veces antes han sido depuestos sátrapas en otras regiones del mundo. Al fin y al cabo, la lealtad para con un dictador es más voluble que aquella para con el sistema.

Las imágenes de la Plaza Tahrir en El Cairo fueron una clara señal del respaldo popular que tenían aquellos opositores al régimen de Hosni Mubarak. En todo el mundo se pudo ver la abarrotada plaza, las banderas egipcias ondeando entre la multitud y la inactividad del ejército. Dichas imágenes abrían los informativos de medio mundo, los canales internacionales despachaban corresponsales a la ciudad cariota desde donde informaban de los últimos acontecimientos de la revolución egipcia. Sin embargo, ¿que pasó finalmente con las imágenes de los opositores iraníes con el verde por bandera atravesando Teherán? El autoritario régimen de la República Islámica logró expulsar a los periodistas extranjeros, haciendo así que el mundo dependiese solamente de videos tomados con móviles y mensajes de los manifestantes, extinguiendo el año pasado, por el momento, las cenizas de del llamado “Movimiento Verde.”

Uno de los momentos más disparatados del derrocamiento de Mubarak fue la carga de sus esbirros a lomos de caballos y camellos, que se abrieron paso entre los manifestantes de la Plaza Tahrir. Tal vez fue lo pintoresco de esa escena, que se asemejaba más a una carga de mamelucos de la era napoleónica que a la supresión de una revuelta alimentada por Facebook y Twitter en pleno siglo XXI, lo que hizo que se abriese los informativos con ella y que aún permanezca en la retina. Pero, ¿quién se acuerda de los basiji cargando contra los indefensos manifestantes en motos? ¿Y los resultados del asalto al colegio mayor de la Universidad de Teherán? Una vez más, estas historias se pierden en la bruma del olvido y de la desinformación.

Los tunecinos tuvieron en Mohamed Bouazizi un icono de su desesperación ante le cleptocracia imperante en el país. Su inmolación fue la mecha que prendió la llamada “Primavera Árabe.” Determinante o no para el posterior desenlace de los acontecimientos, el fallecimiento de Bouazizi pasará a la historia. La principal plaza de la capital de Túnez fue renombrada en su honor. No obstante, antes de Bouazizi existió otro símbolo en Irán que aunaba en su juventud los ideales de belleza y libertad. Se trata de la joven y agraciada Neda Agha-Soltan. Antigua estudiante de filosofía islámica, amante de la música y la literatura, Neda fue una víctima casual de la violenta represión del régimen de los ayatolás. Su brutal asesinato puso de relieve la decadencia moral y la vileza del gobierno iraní encabezado por el presidente Mahmud Ahmadinejad y respaldado por el líder supremo Ali Jamenei. Neda se convirtió entonces en el símbolo de todos aquellos rostros anónimos que habían corrido la misma suerte y sufrían la represión del régimen. Honrar a Neda era honrar a las demás víctimas. Su nombre resonó en las televisiones junto al dramático vídeo. Pero tras unos meses, el ruido cesó.

Tal vez sea la culpa de los medios de comunicación, siempre ávidos de savia nueva para refrescar las noticias. O tal vez sea culpa de la sociedad en general, cuya memoria cortoplazista pasa de una noticia a otra sin contemplación, sin pararse a pensar en la relevancia de la misma ni en su repercusión y profundidad. La “Primavera Árabe” está de moda, aunque poco a poco comienza a desaparecer de los telediarios y periódicos. Ben Ali y Mubarak fueron derrocados, la farragosa transición de ambos países es mucho menos atractiva que su revolución. Mientras tanto, la represión continúa en Siria, Libia está inmersa en una guerra civil y Yemen apenas atrae la atención. Así que puede que en unas semanas o meses la gente olvide el “Despertar Árabe” y todo lo que supuso, como también ocurrió con las protestas en Irán, aquel conato de libertad, por el que muchos pagaron con su vida.

Neda in memoriam

Documental «For Neda» (en inglés):
http://youtu.be/F48SinuEHIk