Los otros palacios de Estambul: Beylerbeyi y Küçüksu

Es casi imposible encontrar un turista en Estambul que no haya estado en el Palacio de Topkapı. Mucha gente visita también el Palacio Dolmabahçe, pero… ¿cuánta gente llega a ver los pequeños palacios que los sultanes repartieron por Estambul?

Es casi imposible encontrar a un turista en Estambul que no haya estado en el Palacio de Topkapı para admirar los tesoros de los sultanes y del famoso harén. Mucha gente visita también el Palacio Dolmabahçe, un gran edificio en el que vivieron los últimos sultanes y el lugar donde murió Atatürk. ¿Pero cuanta gente llega a ver los pequeños palacios y pabellones de caza que los sultanes repartieron por Estambul? Lo bueno de visitar estos sitios es que no tienes que hacer cola y además los precios son bastante razonables.

El más grande y refinado de todos los palacios secundarios es Beylerbeyi, que se asienta en el Bósforo entre Çengelköy y Kadilli. Es fácilmente reconocible si haces un crucero por el Bósforo, ya que se encuentra al lado del Puente del Bósforo (esa es la única mala noticia).

Beylerbeyi fue obra del Sultán Abdülaziz (que reinó entre 1861 y 1876), quien ordenó su construcción a Sarkis Balyan, el hermano de Nikoğos, el mismo que diseñó Dolmabahçe. El palacio fue construido en el lugar en el que se encontraba una antigua mansión que fue pasto de las llamas. Beylerbeyi posee aquel estilo de decoración extravagante que tanto apasionó a los últimos sultanes, aunque en este palacio dicho estilo está algo más refrenado, al menos en el exterior, que en Dolmabahçe. Igual que éste último, fue construido como una única entidad como los palacios de Europa Occidental; algo que difiere completamente con el Palacio de Topkapı, que es una colección de edificios con una variedad de tamaños y formas.

Beylerbeyi fue principalmente usada como una casa de invitados, donde estuvieron personalidades de la talla de la Emperatriz Eugenia de Francia durante sus visitas de estado. De hecho, la emperatriz se fascinó tanto con lo que vió que hizo que se copiasen las ventanas del palacio para que fuesen instaladas en la Tullerías de París. Sin embargo, con el paso del tiempo se convirtió en una prisión dorada en la que el Sultán Adülhamid II vivió tras su regreso del exilio en Salónica, desde 1912 hasta su muerte en 1918.

El palacio posee 26 cuartos, pero el más impresionante de todos es aquel que se encuentra en la planta baja y que tiene una enorme alberca de mármol. En el centro de la misma se yergue una fuente que en los días más calurosos refrescaba a los huéspedes de Beylerbeyi. En el piso de arriba los dos cuartos más importantes se miran mutuamente a través del vestíbulo central. Ambos están decorados en un estilo morisco, con grandes cantidades de madera y madreperla. La mayoría de los otros cuartos son clones de aquellos en Dolmabahçe, con pesadas arañas colgando del techo, elaborada porcelana de Yıldız y alfombras y cortinas diseñadas y hechas en la fábrica Hereke, en el Golfo de İzmit. Aún así, lo que hace única a la decoración de Beylerbeyi es que la mayoría de los techos están decorados con delicadas pinturas de barcos y con grandes paneles en los que están escritos poemas y versos del Corán.

Una vez que hayas terminado de ver el palacio puedes dirigirte a los jardines, que poseen los únicos establos que han sobrevivido de la época otomana. Pero lo que hace especialmente especial una visita a Beylerbeyi es que se encuentra en un escondido barrio perfecto para explorarlo. Para encontrarlo deberás buscar una gran entrada en la carretera principal que lleva a los dominios de la enorme Beylerbeyi Camii, construida en 1778 por el Sultán Abdülhamid I para su madre Rania y diseñada por Mehmet Tahir Ağa.

Probablemente no sea una buena idea intentar visitarlo el mismo día, pero a lo largo del Bósforo, en Küçüksu, entre Kadilli y el Anadolu Hisarı, se encuentra un segundo palacio, o más bien un pabellón de caza, que fue construido por el Sultán Adbulmecid I entre 1856 y 1857, esta vez diseñado por Nikoğos Balyan. Como el de Beylerbeyi, este palacio también fue construido donde antes se encontraba otro precioso edifico de madera, al lado de los ríos Göksu y Küçüksu, un lugar que en aquella época era tan bello que se ganó el nombre de “las Aguas Dulces de Asia”.

El Küçüksu Kasrı tiene solamente ocho cuartos, lo que lo hace una visita agradable e ideal para aquellos con limitado entusiasmo en la decoración barroca. Como Beylerbeyi, te acercas a él por detrás, en vez de por el agua, lo que significa que la fachada que te da la bienvenida está bastante restringida – solamente cuando das la vuelta y ves la fachada principal te das cuenta del gusto de Balyan por la ornamentación.

Dentro, una magnífica escalinata doble se levanta por el medio del pabellón y te conduce a los cuartos decorados con bellos suelos de parquet, elaboradas chimeneas y cristalerías de Bohemia, porcelana de Yıldız y alfombras de Hereke. Ya que se trataba de un pabellón de caza, no hay un cuarto propiamente dicho, aunque el baño sí posee un lavabo maravillosamente decorado, que contrasta con una bañera bastante simple.

Los jardines del Küçüksu Kasrı incluyen un par de bonitos estanques, y si das la vuelta al palacio te encontrarás con un café en la orilla. Mientras sorbes el té, merece la pena contemplar la fuente de Mihrişah Sultan, construida por el Sultán Selim III para su madre en 1807, que se encuentra justo fuera de los terrenos del pabellón. Es una de las mejores de su estilo de todo Estambul.

Tanto el palacio de Beylerbeyi como el Küçüksu Kasrı están cerrados los lunes y jueves. Solamente pueden ser vistos con visitas guiadas: en Beylerbeyi hay guías de habla inglesa, en Küçüksu solamente hablan turco.