artículo de opinión

¡Larga vida a Cem Sultan! (I)

La Historia otomana es una gran desconocida para la mayoría del público occidental. Durante los cerca de seis siglos de existencia, el Imperio osmanlí vio nacer en su seno a grandes estadistas que han pasado a la posteridad, protagonizó conocidos acontecimientos de la historia universal y nos legó unos conocimientos de incalculable valor.

La gente por lo tanto puede mencionar a sultanes como Solimán el Magnífico, batallas como la toma de Constantinopla o deleitarse con las delicias turcas. Sin embargo, pocos conocen la vida de un príncipe otomano que condicionó la política europea Europa de finales del siglo XV. Hijo y hermano de sultanes, encarnó al hombre del Renacimiento. Poeta y guerrero, galante y atormentado, culto y exiliado, Cem Sultan representa lo que pudo ser pero nunca fue.

Todo comenzó en el Palacio de Edirne el 22 de diciembre de 1459. Çiçek, concubina de Mehmet el Conquistador, dio a luz al tercer hijo del sultán. Se trataba del primer miembro de la familia real otomana nacido tras la toma de Constatinopla y el único del Conquistador en poder ser considerado porfirogéneta (“nacido en la púrpura”) ya que sus dos hijos anteriores, Beyazıt y Mustafa, nacieron cuando todavía no era sultán. De esta manera llegó al mundo Cem para enfado de su padre. Un nuevo príncipe significaba un nuevo contendiente para el trono. El entonces naciente imperio estuvo ya a punto de desintegrarse a principios del siglo XV por las luchas intestinas así que, según cuentan, enrabietado, Mehmet le propinó una patada a la cuna del regio bebé que acabó con Cem en el suelo lastimado.

Durante su niñez y juventud, tal y como era costumbre en la dinastía osmanlí, Cem fue enviado como gobernador a una provincia anatolia, en este caso la septentrional Kastamonu, mientras que sus hermanos mayores hacían lo propio: Beyazıt en Amasya y Mustafa en Konya. La muerte de este último en 1474 hizo que Cem le sucediese en la antigua capital selyúcida. Durante su estancia en Konya, Cem se rodeó en su corte provincial de poetas y artistas. Cazador, deportista y  carismático, con varios romances a sus espaldas, el príncipe era popular entre sus súbditos. Muy diferente era su hermano Beyazıt, que pasaba la mayor parte del tiempo recluido en su palacio de Amasya meditando e interesado en la religión. Piadoso y adicto al opio desde su juventud, Beyazıt era el opuesto de Cem.

Según nos cuentan las fuentes de la época, poco a poco Mehmet II empezó a ver en Cem a su sucesor y así se creyó en  la corte otomana. Sin embargo, la muerte del Conquistador en 1481, que tanto alivio llevó a la Cristiandad, supuso un punto de inflexión en la vida del príncipe. El entonces gran visir Karamanlı Mehmet, defensor de la causa de Cem, mandó tres mensajeros al príncipe para alertarle de la muerte de su padre y urgirle a que se apresurase a marchar sobre la capital.

Sin embargo, dichos mensajes fueron interceptados por hombres del entonces beylerbey (gobernador general) de Anatolia, el cual apoyaba a Beyazıt. De esta manera, el hijo mayor del difunto sultán se enteró del deceso antes que su hermano y se dirigió a Estambul. Mientras tanto, al enterarse de la muerte de Mehmet, los jenízaros, partidarios de Beyazıt, decapitaron a Karamanlı Mehmet y se pasearon con su cabeza clavada en una pica por la capital otomana a grito de “¡larga vida a Beyazıt!”. Éste llegó a la ciudad imperial y se proclamó sultán el 22 de mayo. Cem había perdido la primera mano.

Enterado de la acción de su hermano y aconsejado por sus más allegados, Cem decidió luchar por el trono. El contendiente salió de Konya al mando de un variopinto ejército formado por tropas de caballería, infantería irregular, guerreros turcomanos, derviches y hombres de diferentes gremios. Cem marchó entonces hacia Bursa, ciudad que acabó tomando con la única resistencia de la ciudadela. Así pues, a sus 22 años y desde la primera capital otomana, el hijo del Conquistador acuñó moneda con su nombre e hizo que su nombre fuese alabado en las mezquitas. Con estos gestos exclusivos de los sultanes, el hasta entonces príncipe anunciaba al mundo que él era el legítimo monarca osmanlí, aunque sus dominios apenas se extendiesen por una porción de Anatolia. Cem había pasado a ser Cem Sultan.

Gobernando desde su corte en Bursa y sabedor de que Beyazıt había cruzado el Bósforo y se dirigía a su encuentro, Cem hizo una oferta que podría haber cambiado el curso de la historia. Propuso a su hermano la división del imperio, quedándose Cem la parte asiática del mismo y Beyazıt la europea incluyendo Estambul. El planteamiento fue rechazado tajantemente por Beyazıt, quien prosiguió su avance con un nutrido ejército,  compuesto por regulares y jenízaros, que doblaba al de su rival. Con su hermano acercándose, Cem consultó con sus asesores más cercanos y, ante las opciones de aguantar un asedio y jugárselo todo en una batalla a campo abierto se decantó por ésta última, aunque no era la predilecta de sus comandantes. Uno de los pocos que abogó por entablar combate fue el chambelán de Cem, Astinoğlu Yakup Bey.

Los ejércitos de ambos hermanos se vieron las caras no lejos de Bursa, en lo que acabó por conocerse como la batalla de Yenişehir, el 20 de junio. El combate comenzó con una carga de caballería liderada por el propio Cem al grito de “¡victoria o muerte!”. No obstante, las tropas poco experimentadas de Cem no fueron rival para los regulares de Beyazıt, el cual contó además con la ayuda de Yakup Bey, quien al comienzo de la batalla se cambió de bando con sus tropas, traicionando de este modo la causa de un Cem que tuvo que huir apresuradamente con su familia y un reducido número de seguidores tras la derrota.

En una huida a lo largo de Anatolia, incluyendo una breve estancia de tres días en Konya, Cem y sus partidarios sufrieron las penurias propias de todo viajero en la Anatolia del siglo XV, incluyendo el asalto y robo por parte de tribus turcomanas. Finalmente, para disgusto de Beyazıt, Cem abandonó Asia Menor y llegó a los territorios del otro gran imperio musulmán de la época: el sultanato mameluco de Egipto. Tras pasar unos días de asueto en Damasco y Jerusalén, el otomano llegó a la capital mameluca de El Cairo el 30 de septiembre.

 

Continuará...