Hace unos días, un director de hotel de 4 estrellas, de esas cadenas con nombres que suenan a éxito y lujo y esconden miserias innombrables, me comentaba que Turquía no gozaba de capacidad o calidad turística para competir con España…
Hace unos días, un director de hotel de 4 estrellas, donde la última vez que comí sólo habían 3 calientes y estaban fríos, de esas cadenas con nombres que suenan a éxito y lujo y esconden miserias innombrables, me comentaba que según sus informadores turoperadores, básicamente ingleses, clientes con «miles de pax» de bajo presupuesto, Turquía no gozaba de capacidad o calidad turística para competir con España. Esto es lo que pasa por hablar de oídas. Y por negarse a la evidencia apabullante, de las diferencias en el charco mediterráneo, de Algeciras a Estambul para que pintes de azul.
He trabajado en el turismo turco, en un holding durante 26 intensos meses, en una empresa respetable y respetuosa. Es fácil criticar al turco diciendo que su economía es baja… pero viven con valores, salen adelante con dignidad y con ánimo de superación. Ha sido en ese país donde he comprobado unas condiciones de alojamiento y de calidad de vida de sus empleados que avergüenza y mucho a nuestras empresas. En Turquía el concepto estrés no entra en el ámbito laboral, y uno se puede tomar agua, té, café tranquilamente en sus pausas y además faltar para rezar los viernes, y si eres de otra confesión nadie te machaca ni te aísla por ello, te respetan, al contrario que aquí. Conozco a una empresa local (en España) que hace fichar incluso para computar el tiempo usado en el lavabo. Hay una cultura del bienestar del trabajador; su alojamiento tiene aire acondicionado, calefacción, baño y son «solamente dobles o triples», no pisos patera con deficiencias varias, tal como aquí se trata a dominicanos, etc. etc. Lo he visto.
La posición de España en el turismo ya está más que ganada pero no debemos menospreciar al vecino de enfrente. Sus hoteles están asentados en el mar, con playas privadas y la mayoría vírgenes sin apartamentos ni contaminación que ensucie la vista. Tienen una riqueza cultural brutal, variopinta, que va más allá de Capadoccia y el circuito típico. En España no se vende la Riviera turca, «su costa dorada», porque no interesa que se conozca. Allí es todo más barato, las construcciones y los recursos empresariales son gigantes, el sistema se hace pensando a lo grande y lo más importante, al contrario de lo que cree dicho director de hotel que viaja poco o se ha dormido en sus laureles, los controles de calidad, ISO, etc. están a la orden del día y de una forma casi maníaca.
Para finalizar, se desprestigia a Turquía alegando motivos de seguridad y terrorismo. ¿Y donde no? Yo recuerdo que como residente en Salou, presencié varias explosiones y estuve en vilo ante varias amenazas, así que este argumento ya no cuela. El nuevo orden global nos ha traído esas cosas.
De Turquía me gustaría seguir hablando y destruyendo topicazos ridículos, me ha dado como persona y profesional lo que mi país no ha podido o sabido. Eso siempre merece que se dé la cara y se diga la verdad tal como ha sido vista y vivida. Ojito, que crecen y no les hará falta invadir Europa. Ese no ha de ser el miedo.
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