La ONG Human Rights Watch denunciaba el martes que existen al menos 27 centros de tortura en toda Siria, mientras el presidente sirio aseguró que sus fuerzas desconocían que el avión derribado perteneciera a Turquía.
Mientras los helicópteros sirios atacaban el lunes los suburbios de Damasco en una nueva escalada de violencia de un conflicto que se asemeja cada vez más a una guerra civil abierta, la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch denunciaba en un informe hecho público el martes que los servicios secretos sirios poseen al menos 27 centros de detención en todo el país en los que se han practicado sistemáticamente terribles torturas contra decenas de miles de manifestantes y miembros de la oposición contrarios al régimen.
La ONG documentó más de una veintena de distintos tipos de torturas empleados en estos centros -algunos de ellos indescriptibles- que incluyen golpes, electrocución, quemaduras, agresiones sexuales y otros muchos que, según Human Rights Watch, «apuntan claramente a una política de Estado de tortura y malos tratos y que, por lo tanto, constituye un crimen contra la humanidad».
Assad: »Ojalá no hubiéramos derribado el avión turco»
En unas declaraciones publicadas el martes por el diario turco Cumhuriyet (República), el presidente sirio Bashar al-Assad afirmó que su ejército desconocía que el avión derribado el pasado 22 de junio fuese turco y que desearía que el incidente no hubiera tenido lugar.
«Supimos que pertenecía a Turquía tras derribarlo. Lo digo al 100%: ojalá no lo hubiéramos abatido», dijo Assad de acuerdo a las palabras recogidas por Cumhuriyet durante una entrevista publicada el martes.
El presidente sirio también se refirió a la tensión fronteriza entre los dos países, y preguntado por si éstas podrían derivar en una guerra abierta, éste aseguró que haría todo lo posible para evitarlo. «No permitiremos que esto se convierta en un conflicto abierto entre los dos países, que dañaría a ambos».
Estas declaraciones se producen cuando aún colea el incidente del pasado 22 de junio, en el que las defensas anti-aéreas del ejército sirio abatieron a un caza F-4 de entrenamiento de las fuerzas aéreas turcas que según Turquía volaba en ese momento en el espacio aéreo internacional, algo que el régimen de Damasco ha desmentido.
A raíz de este incidente Turquía ha incrementado su seguridad y la presencia de tropas y armamento en sus 900 kilómetros de frontera común con Siria, y varios cazas F-16 turcos han protagonizado en los últimos días varios intentos de interceptación de helicópteros miliares sirios que se acercaron a escasos kilómetros de la frontera turca.
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Editado y revisado por:

Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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