dos soldados israelíes caminan desprovistos de parte de su equipamiento, detrás de ellos dos bulldozers y una bandera de Israel

Guerra en Líbano: Israel planea movilizar 400.000 reservistas ante el riesgo de ‘’colapso’’ militar

La guerra prolongada con Irán y la apertura de nuevos escenarios bélicos y frentes en Siria o Líbano han colocado a Israel y a su ejército ante una tensión militar no vista en décadas, y las advertencias de voces internas -tanto desde la oposición a Netanyahu como desde las propias IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes)- que alertan de un “colapso” empiezan a chocar con el discurso oficial y los planes del ejecutivo de Tel Aviv, que insiste en seguir adelante con sus planes bélicos para la región. 

Lo que hasta hace poco se presentaba como una campaña controlada de Israel contra sus múltiples enemigos en Oriente Medio, se percibe cada vez más, desde dentro del propio establishment político y militar israelí, como un esfuerzo que roza el límite de su capacidad y que podría comprometer tanto su economía como su seguridad a medio y largo plazo.

Las declaraciones hechas en las últimas horas por el líder de la oposición, Yair Lapid, advirtiendo que “Las IDF están al límite” y que “El gobierno está enviando al ejército a una guerra de múltiples frentes sin una estrategia, sin los medios necesarios y con muy pocos soldados”, reflejan un creciente malestar y preocupación internos en Israel que ya no se limita al debate político. Esta advertencia se suma a otras hechas desde el propio aparato militar israelí sobre la creciente dificultad para sostener operaciones simultáneas, en especial tras la intensificación del frente norte con la ofensiva sobre Líbano

El jefe del Estado Mayor, el Teniente General Eyal Zamir, ha hecho sonar también la voz de alarma advirtiendo que “las IDF están al borde del colapso”. Según distintas fuentes, las Fuerzas de Defensa de Israel registran actualmente un déficit de unos 15.000 soldados en un contexto de operaciones simultáneas en Gaza, Líbano, Siria y Cisjordania. El propio Zamir ha advertido que la acumulación de misiones y nuevos frentes ha elevado de forma significativa las necesidades operativas del ejército, compuesto por un núcleo duro de unos 170.000 soldados profesionales pero que -para tiempos de guerra como los actuales- necesita recurrir a sus reservistas: es decir, ciudadanos que viven como civiles y tienen trabajos fuera del ámbito militar, pero que son llamados a filas cuando la situación lo requiere.

Según informaciones reveladas por la cadena israelí Channel 13 y publicadas por Al-Jazeera, durante la última reunión del gabinete de seguridad israelí el general Zamir trasladó al gobierno de Netanyahu “10 señales de alarma” sobre la situación del ejército, al que describió como “agotado”. Entre esas señales de alerta figuran la sobrecarga del sistema de reservistas, con soldados que han sido movilizados hasta en seis y siete rotaciones, y la creciente dificultad para cubrir simultáneamente todos los frentes activos. Las conclusiones del jefe de las fuerzas armadas de Israel fueron claras: sin medidas urgentes —como cambios en el sistema de reclutamiento o una ampliación del servicio militar obligatorio—, el deterioro operativo del ejército israelí podría agravarse en las próximas semanas

Netanyahu podría llamar a filas a 400.000 reservistas

Este déficit de tropas y las serias advertencias lanzadas por el jefe de la cúpula militar contrastan con los planes de movilización del gabinete de Netanyahu. Desde el inicio de los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, el ejército ha llamado a filas a al menos 100.000 reservistas, además de los contingentes ya desplegados previamente. En los primeros días de la escalada bélica con Irán, la cifra total de movilizados superaba ya los 150.000 efectivos, sumando nuevas convocatorias a filas a las ya existentes.

Pero la verdadera magnitud del esfuerzo militar con el que Netanyahu está llevando al límite a su ejército y a la propia sociedad israelí queda reflejada en los planes a corto plazo. El gobierno de Israel contempla elevar el techo de movilización hasta 400.000 reservistas, según informaciones publicadas por el Wall Street Journal: una cifra que representa, de hecho, el nivel máximo autorizado para sostener operaciones prolongadas en distintos escenarios. 

Paralelamente, informaciones recientes apuntan a que se estudia incluso ampliar esa cifra hasta los 450.000 efectivos -al límite de los 465.000 que se estima tiene Israel- ante la posibilidad de una ofensiva terrestre a gran escala en Líbano para acabar con Hezbolá, grupo que a su vez ha denunciado los planes de conquista de Netanyahu en el sur del Líbano como un intento de crear el “Gran Israel”.

La guerra le cuesta a Israel unos 300 millones de euros al día

Precisamente el llamado frente norte se ha convertido en el principal foco de presión para las capacidades de las IDF. Desde comienzos de marzo, el ejército israelí ha desplegado varias divisiones en el sur del Líbano y ha establecido al menos 18 nuevas posiciones militares en territorio fronterizo en el marco de su ofensiva contra Hezbolá. Estas operaciones incluyen incursiones terrestres y ataques coordinados con la aviación, con el objetivo declarado de crear una zona de seguridad en la frontera norte de Israel.

Pero la intensificación del conflicto también tiene un coste económico creciente. El presupuesto militar israelí para este año asciende a 142.000 millones de shekels (unos 39.200 millones de euros) según informa el diario Le Monde, con un incremento superior a 30.000 millones de shekels destinado a cubrir el gasto de guerra, que se estima en alrededor de 1.000 millones de shekels diarios (casi 280 millones de euros). 

Este esfuerzo bélico y financiero refleja la magnitud de una campaña que por ahora parece no tener fecha límite, a medida que Netanyahu continúa abriendo y reabriendo un frente tras otro, ya sea en respuesta a potenciales “amenazas” en la región o a ataques que son -a su vez- una respuesta a otros ataques que él mismo inició -como es el caso de la ofensiva sobre Irán y la consiguiente respuesta de Hezbolá desde el Líbano- alimentando una espiral bélica sin fin

Israel teme quedarse solo ante Irán

Las crecientes necesidades del ejército israelí han llevado recientemente a poner fin a la exención vigente desde la misma fundación del Estado de Israel por la que los ultraortodoxos -dedicados al estudio de la Torá- estaban exentos del servicio militar. La medida, amparada por los tribunales, ha provocado sin embargo protestas y enfrentamientos con las autoridades entre la denominada comunidad jaredí, así como serios problemas para la relación de Netanyahu con los elementos más ultranacionalistas de su coalición de gobierno. 

Además, de los miles de ultraortodoxos llamados filas solo un porcentaje mínimo se ha presentado finalmente; incluso aunque el reclutamiento fuese un éxito, este solo añadiría unos 54.000 efectivos -para colmo, tremendamente reticentes a luchar– al ejército, según señaló la prensa israelí, lo que resulta del todo insuficiente para cubrir las necesidades operativas y de reemplazo de las tropas actuales.

Pese a todas estas dificultades, el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu mantiene una línea dura y ha reiterado una y otra vez que su objetivo es neutralizar a Hezbolá y garantizar la seguridad en la frontera norte (Líbano). Pero la creciente divergencia entre el relato oficial del gobierno, y las voces de alarma del propio ejército -tan graves y evidentes que incluso escapan al secretismo de las reuniones del gabinete- dibuja un escenario complejo e incierto en la región.

El difícil equilibrio entre objetivos políticos y capacidades militares se vuelve cada vez más frágil e incierto para un Israel que teme quedarse solo ante Irán si Trump abandona el conflicto en Oriente Medio -algo que ya está buscando a toda costa-, por mucho que Netanyahu necesite continuar con su estrategia de “guerra sin fin” para salvar su carrera política.