Grecia anunció que cerrará los 206 kilómetros de frontera terrestre que comparte con Turquía para detener el flujo de inmigrantes irregulares procedentes de Irak, Afganistán o Somalia.
Grecia anunció que pretende cerrar los 206 kilómetros de frontera terrestre que comparte con Turquía para detener el flujo de inmigrantes irregulares procedentes de países como Irak, Afganistán o Somalia que llegan atravesando territorio turco.
«Grecia ha sobrepasado sus límites en capacidad de acogida de la inmigración clandestina», aseguró en declaraciones a la prensa helena Christos Papoutsis, ministro de Protección Civil, quien añadió que cada día entran 200 personas por la frontera común entre Turquía y Grecia, ubicada en la región de Tracia.
Papoutsis afirmó además que en Grecia «sólo se quedarán los inmigrantes que tengan derecho a protección internacional o derecho de asilo», y que todos los demás «se irán de Grecia, sea con una repatriación voluntaria, sea expulsados obligatoriamente». «Estamos absolutamente decididos», dijo Papoutsis, prometiendo una lucha contra las redes de tráfico de inmigrantes. El ministro dijo también que su gobierno quiere presionar a Bruselas para que la UE obligue a Turquía a aceptar la repatriación de inmigrantes que hayan pasado por su territorio.
Grecia aún no ha explicado qué tipo de separación piensa construir, pero por si acaso el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados ya ha advertido a Grecia que está obligada a acoger a los solicitantes de asilo, entre los que se incluyen muchos de estos inmigrantes que huyen de países en conflicto como Afganistán, Irak, Somalia, Yemen o Sudán.
Los últimos datos de la Comisión Europea indican que el 80% de los inmigrantes irregulares que han entrado en el último año a territorio de la UE lo hicieron por Grecia. El ejecutivo de Atenas asegura que hay 300.000 inmigrantes irregulares en su país, llegados de Oriente Medio y el norte de África. El objetivo de estos inmigrantes es continuar su viaje hacia Europa occidental utilizando Grecia como puerta de entrada a Europa, pero a menudo se quedan atrapados en el país helénico, donde varias ONGs han denunciado las deplorables condiciones en que se encuentran los centros de acogida de inmigrantes y la ausencia total de planes de integración de estos inmigrantes, en su mayoría musulmanes.
El año pasado Grecia detuvo a 32.500 inmigrantes que intentaron cruzar la frontera vadeando el río Evros, que sirve de frontera europea con Turquía. La Comisión Europea envío una misión de 200 agentes de la Agencia de Fronteras «Frontex» para ayudar a los agentes griegos, lo que provocó una reducción de la llegada de inmigrantes indocumentados de casi la mitad.
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Pablo Gómez es especialista en Turquía y editor jefe de Hispanatolia desde 2011. Desde 2006 se dedica al análisis de la actualidad y la geopolítica de Turquía y su región.
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