La Cultura y los tribunales vuelven a verse las caras en Turquía. Si hace unos años Orhan Pamuk, premio Nobel y celebre escritor turco, fue juzgado acusado de “insultar a la nación turca,” ahora el damnificado es el conocido pianista Fazıl Say, cuyas declaraciones han sido vistas por algunos como un insulto a la religión.
El medio fue la conocida red social Twitter y los hechos unos versos atribuidos al erudito persa Omar Khayyam. “Dices que los ríos correrán con vino. ¿Es el Jardín del Edén una taberna? Dices que darás dos huríes a cada musulmán. ¿Es el Jardín del Edén un burdel?” Estos versos han sido el objeto de una demanda interpuesta por dos particulares que se sentían ofendidos por el “tweet” de Say. El magistrado, en vez de desechar la demanda, se ha escudado en el Artículo 216 del Código Penal turco, que castiga la incitación al odio contra grupos religiosos, sociales o étnicos, así como «el insulto a los valores religiosos de parte de la sociedad,” para sancionar al artista y condenarle a diez meses de prisión que, de no reincidir en cinco años, no deberá cumplir.
Estas no son las únicas declaraciones que el controvertible pianista ha hecho acerca de la religión. Say, ateo confeso, también publicó en su cuenta de Twitter los siguientes comentarios: “No sé si os habéis dado cuenta o no, pero donde quiera que hay un estúpido o un ladrón, es un creyente en Dios. ¿Es esto una paradoja?» y, con anterioridad, cargó contra la doble moral de los encargados religiosos con el siguiente post: «El muecín ha recitado la oración de la tarde en 22 segundos… ¿Por qué tanta prisa? ¿Por una amante? ¿Por una juerga con rakı (licor turco)?» Probablemente el mejor músico del país, Say puso en pie de guerra a los amantes del popular “arabesk,” género músical turco con influencias árabes, a los que tachó de traidores ya que “estamos hablando de algo sin calidad. Estamos hablando de mala armonía, mala melodía y música que no ha sido capaz de progresar en ningún lugar.”
Tan virtuoso como polémico, Fazıl Say es conocido en Turquía por sus declaraciones directas y sin tapujos, al igual que por su abierta enemistad con el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP por sus siglas en turco). Si bien en ocasiones, de manera premeditada o no, puede ofender ciertos sectores, no se le puede acusar de hipócrita y de ceder a la presión de la corrección política. Es comprensible que sus declaraciones hayan dividido a la sociedad, con gente indignada por la sentencia, que consideran perjudicial para la libertad de expresión en el país euroasiático, y gente indignada con el propio Say por su falta de respeto.
En el caso que nos ocupa, Fazıl Say, como ya hemos visto, publicó unos versos atribuidos al filósofo, astrónomo, matemático y poeta persa del siglo XII Omar Khayyam, aunque no hay consenso entre los expertos si fueron escritos por el erudito en cuestión. Khayyam, famoso en Occidente por su Rubaiyat que dio a conocer Edward FitzGerald en el siglo XIX, era un sufí y por lo tanto, lo que a los profanos nos puede parecer un canto a los placeres, una suerte de carpe diem alla persa, guarda otro significado para los iniciados debido al simbolismo usado por los sufíes. Pero el tema a tratar va más de allá del origen y significado de los versos ya citados.
La condena a prisión de Say es un error que va contra la libertad de expresión que paulatinamente, con altibajos como en tantos países, se va instalando en Turquía. Que un individuo sea penalizado por expresar su opinión, que sea condenado por decir lo que piensa, es un grave error por el cual ya han mostrado su preocupación diferentes personalidades de la cultura turca como la escritora Elif Şafak o el crítico de cine Atilla Dorsay. Que para algunos lo de Say sea una irresponsabilidad y una falta de respeto y de educación, ese es otro tema sobre el que cada cual podrá opinar pero no imponer su punto de vista.
Columnistas de diferentes medios turcos, que van del liberal Radikal al conservador Today’s Zaman pasando por Hürriyet, Milliyet y Taraf, se han mostrado contrarios a la sentencia, y no puedo hacer más que unirme a ellos. Los comentarios de Fazıl Say, que le gente podrá encontrar ofensivos, jocosos o simplemente carentes de interés, poco tienen que ver con incitar al oído contra grupos religiosos, y menos aún contra uno que es clara mayoría en la nación euroasiática. Castigar unas declaraciones como las del pianista sientan un indeseado precedente. Poco a poco, la tan preciada libertad de expresión puede verse erosionada, subyugada a la moral de la mayoría que puede llegar a decidir que es lo correcto y que no lo es, silenciando de este modo la libertad individual. Afortunadamente, ese escenario no es el dominante en la actualidad pero noticias como esta ponen de manifiesto que dicha posibilidad no es del todo irreal.
Por mi parte, prefiero acabar con una nota positiva, con unos versos escritos por el citado Omar Khayyam y cuya autoría sí que está clara:
Bebo vino como las raíces del sáuce la clara linfa del torrente.
«No hay más Dios que Alá – dices – sólo Él lo sabe todo»
Entonces, al crearme, no ignoraba que tendría que beber.
Si no lo hiciera así, fallaría la sabiduría de Alá.
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