¿Tendrán mis hijas que llevar pañuelo? ¿Será ilegal beber alcohol? ¿Qué pasará si no soy musulmán? Por muy chocantes que resulten estas preguntas hay gente que se las está haciendo. ¿El por qué? El miedo. Miedo por las políticas que está llevando a cabo, y sobretodo, que en un hipotético futuro pueda llevar a cabo el gobernante Partido de la Justicia y Desarrollo. Los laicos turcos tienen pánico. Pánico del Islam, de su resurgimiento, de los cambios que ello pueda traer. Sin embargo, ¿está este temor justificado?
Desde la fundación de la República de Turquía en 1923 una clase media-alta de funcionarios, académicos y profesionales ha estado en el poder, dirigiendo el destino en el país, evitando que Turquía caiga en manos de reaccionarios “bigotudos”, cómo los llaman ellos. Esta gente vivía en las grandes ciudades como Estambul, Ankara e İzmir, más influenciada por la cultura Occidental que por el pasado otomano y musulmán. Un ejemplo es el galardonado escritor Orhan Pamuk, que cómo el mismo dice, vivía en Nişantaşı, Estambul, en un barrio de clase media-alta que veía la religión como algo extraño, de las clases inferiores. Fue esta gente laica la que estuvo en el poder. Pero los tiempos están cambiando y desde hace unos años soplan, funestos para algunos, renovadores para otros, vientos de cambio.
Con la llegada al poder en el 2001 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) se abrió una nueva etapa, un relevo en el poder. La victoria en las elecciones del AKP significó la pérdida de influencia de aquella clase cosmopolita que había dominado hasta entonces, una pérdida gradual que cada vez se está acelerando más. Esta clase media-alta laica fue sustituida por una emergente burguesía procedente de las ciudades de la inhóspita Anatolia, como Konya, Kayseri y Sivas. Esta nueva burguesía de dinero, con mujeres con el pelo tapado por pañuelos o türban es la que está trepando, reduciendo a la antigua clase dirigente. Sin embargo, no hay que olvidar que la victoria del AKP también se debió a los habitantes de los suburbios de Estambul y Ankara, entre otras, venidos del campo y con una mentalidad conservadora. Ahora, que los laicos no deciden qué rumbo toman Turquía, los defensores a ultranza del laicismo kemalista tienen miedo.
Este temor ciega y nubla la vista del sector laico. Poco importan los avances que esté experimentando Turquía gracias a determinadas políticas del AKP. Eso no importa. La inamovible ideología “kemalista” y el miedo que se tiene de una “agenda islamista secreta” que pueda convertir Turquía en un estado islamista prevalecen. Por Internet circulan videos en turco que, mediante fotos y frases, muestran la situación del Irán liberal y prooccidental del Sha de Persia y el Irán teocéntrico e islamista de los ayatolás, y advierten de que lo mismo puede ocurrir en Turquía. La ignorancia también juega un papel en importante en ello. Lejos de intentar comprender por qué algunas mujeres deciden llevar el pañuelo en la cabeza o türban, algunos integrantes del sector laico, pues nunca es bueno generalizar y en este caso no estamos hablando de una mayoría, las miran como si fuesen ciudadanas de segunda clase.
Este miedo y algunos actos de los islamistas están llevando a la polarización de la sociedad turca, ya mencionada en artículos anteriores de esta columna. Tratando esto de una forma más cotidiana, esta polarización hace que las mujeres que lleven el velo se sientan como extranjeras en cierta medida en un moderno centro comercial, en el que abundan los jóvenes de la clase alta laica, más occidentales que los occidentales en ciertos aspectos, del distrito estambulí de Levent. Y lo mismo ocurre con una chica que no lleve pañuelo alguno y vista de una forma más occidental en un barrio conservador de la misma ciudad, Estambul. Pero volvamos al tema que nos ocupa.
Hay gente, políticos del AKP como no podía ser menos, que dicen que dicho temor no tiene fundamento alguno, que las acusaciones de tener una “agenda islamista secreta” no son más que mentiras buscando desprestigiarles. Y puede que así sea, puede que muchos miembros del AKP no tengan la intención de islamizar Turquía, puede que todo ello no sean más que habladurías. Puede. O puede que no.
El gobierno de Recep Tayyip Erdoğan, con éste a la cabeza, ha dado razones para que el sector laico de la sociedad se preocupe. Empecemos por Erdoğan. El actual Primer Ministro fue encarcelado durante cuatro meses, aunque fue condenado a diez, en 1999 por recitar unos versos que decían “las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados”. Eso puede resultar algo chocante, pero ¿qué me dicen de unas declaraciones hechas entre 1994 y 1996 en las que dijo?: “Soy un sirviente de la şeriat” y “el imán de Estambul”. No es de extrañar que los laicos tengan miedo pero ¿que opinan de esta otra frase?: “La Democracia es un tren, y puedes bajarte en la estación que más te convenga.” Aquellos que defienden que Erdoğan es laico lo tienen bastante complicado con tales afirmaciones. ¿Y en lo referente a su partido? Cada vez es más difícil obtener una licencia para vender alcohol (¿qué será del delicioso rakı?), las salidas de tono del Ministerio de Asuntos Religiosos (una vez dijo que las mujeres no deberían llevar perfume para no tentar al hombre), el intento de levantar la prohibición del velo… Quien pretenda defender que el AKP es un partido completamente laico lo tiene francamente difícil si tenemos en consideración estos hechos que hablan por sí solos.
Sí, es cierto que con el AKP la economía se ha estabilizado, se han incrementado las libertades, Turquía esta más cerca de la UE… Pero incluso se dice que ésta última política del AKP de acercamiento a la Unión Europea no es más que una bomba de humo para cubrir sus políticas “islamizantes”. Puede que parezca algo retorcido, pero en mi opinión merece una profunda reflexión.
Al principio del artículo preguntaba si estaba justificado el pánico de los laicos hacia el gobierno. Si damos el beneficio de la duda el AKP diremos que no. No obstante, han pasado ya cinco años desde que el Partido AK llegó al poder y aquel beneficio de la duda se está disipando poco a poco, aunque para mí durará hasta el final de la vigente legislatura. Es posible que los miedos del sector laico turco sean exagerados, pero no por ello dejan de estar justificados. El señor Erdoğan y su gobierno han dado la razón al por qué del temor laico. Puede que en un futuro tenga que retractarme de lo que digo ahora, lo que significaría que el AKP no ha cambiado las bases seculares de la República. Esperemos que así sea y que tenga que reconocer que, al fin y al cabo, el sector laico no tenía razón alguna. Pero, aunque puede que parezca pesimista por decir esto, el Partido de la Justicia y el Desarrollo no está tan lejos de socavar los fundamentos establecidos por Atatürk. No quiero ser alarmista, ni tan poco que se me tache de anti-AKP, pero viendo el masivo apoyo al Partido de la Justicia y el Desarrollo y su poder, del cual cada vez está acumulando más, me atrevo a decir que, si este partido sigue por esta senda al borde de la legalidad en algunas políticas, cabe destacar los problemas que esta partido ha tenido con la justicia turca, tendrá lugar un grave problema en Turquía que polarizará aún más a la sociedad. Ojalá que me equivoque. Ojalá que en un futuro leamos esto y pensemos “no podía estar más equivocado pues Turquía sigue siendo igual de laica y el AKP ha defendido el secularismo”.
İnşallah.
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