artículo de opinión

OPINIÓN: Cuando el pasado arde

El 22 de enero por la tarde, la sociedad estambulita fue testigo de como una de sus instituciones académicas más prestigiosas era devorada por las llamas ante la impotente mirada de los estudiantes, profesores y curiosos que contemplaban el dramático suceso. El día siguiente, iluminada por la luz del sol, la escena que presentaba el otrora histórico edificio no podía ser más desoladora. Entre los humeantes restos de aquel edificio centenario se encontraba no solamente mobiliario, libros y sueños rotos, sino también, calcinada, parte de la herencia histórica de Estambul.

Unos días después de la tragedia, persisten varios interrogantes sobre la misma. Desde hacía un tiempo, se venía rumoreando sobre el deseo de las autoridades de trasladar el campus de la Universidad de Galatasaray de su ubicación a orillas del Bósforo en el barrio de Ortaköy para construir en su lugar un hotel. No sería la primera vez que icónicos edificios en el Bósforo, como yalıs o mansiones, sucumben a la especulación urbanística y al fuego, tal y como narra con melancolía Orhan Pamuk en su “Estambul: Ciudad y recuerdos.” Independientemente de la veracidad de dichos rumores, la reacción para apagar el incendio dejó bastante que desear.

El fuego comenzó a las 19.30. En un primer momento, el personal de seguridad de la universidad intentó apagarlo con extintores antes de que los bomberos del distrito de Beşiktaş llegasen al lugar. Poco después, dieron el fuego por extinguido. Sin embargo, mientras esto ocurría, se percataron de que las llamas se habían extendido por gran parte del tercer piso. Ante la magnitud del incendio, tuvieron que acudir las dotaciones de bomberos de otros barrios como Şişli, Beyoğlu, Fatih y Seryantepe. No fue hasta las 23.00 que se pudo dar el incendio por controlado.

Se han escuchado varias críticas sobre la respuesta de las autoridades. El alcalde de Estambul, Kadir Topbaş, niega que los bomberos diesen en un primer momento el incendio por extinguido y culpa del retraso a que, según él, se tardase media hora en informar del fuego. Mientras tanto, se sigue cuestionando que una urbe como Estambul no cuente con helicópteros anti-incendios con visión nocturna, ya que, de haberlos tenido, hubieran podido intervenir y hubiesen acelerado la extinción. A todo esto hay que añadir qué será de las ruinas del edificio y su valioso solar. Pese a que el entonces ministro de Cultura y Turismo Ertuğrul Günay afirmó que el inmueble será restaurado y “si se dice ‘queremos usar este edificio como universidad’ así se hará” los precedentes hacen que se dude de dicha afirmación.

El suceso acaecido el martes 22 de enero no es el primero de su tipo que ocurre en la megalópolis turca en particular y en Turquía en general. Sin ir más lejos, el 25 de enero la mezquita Kemankeş Karamustafa Paşa, construida en 1642 sobre la Iglesia de San Antonio y restaurada en 1766, situada en el barrio estambulita de Karaköy, protagonizó otro incidente al ser víctima de un incendio que dañó parte del edicio. Otro ejemplo tuvo lugar hace apenas unas semanas, el día de Navidad del 2012, cuando ardía un edificio con 150 años de historia en el barrio de Çağaloğlu, en el centro histórico de Estambul. Aunque el evento más reseñable tuvo lugar en noviembre del 2010, cuando uno de los símbolos de la ciudad fue pasto de las llamas. En este caso se trataba de la estación de Haydarpaşa, cuyo tejado sucumbió al fuego haciendo peligrar la estructura del inmueble, conocida por ser desde 1908 punto de partida del tren que unía la entonces capital otomana con Bagdad. Ahora existen planes para convertir la estación en un hotel. Y hace un año, el diario turco Radikal destapó como en el casco histórico de Estambul, la construcción de un hotel de cinco estrellas había supuesto la destrucción de un muro perteneciente al Gran Palacio de la Constantinopla bizantina.

La última víctima de la negligencia histórica ha sido el Palacio Feriye. Construido en 1871 por orden del sultán Abdülaziz como un anexo al complejo del aún mayor Palacio Çırağan, el edificio acabó sucumbiendo a las llamas el 22 de enero del 2013. Desde hacía dos décadas albergaba la Universidad de Galatasaray (Galatasaray Üniversitesi en turco), una de las más prestigiosas del país cuya principal lengua de instrucción es el francés. Por ese motivo la noticia ha tenido más relevancia y copado los titulares de prensa. Pero ¿y si hubiese sido un edificio con menos relevancia social? A principios de enero, una mezquita de casi cuatro siglos de antigüedad era pasto de las llamas en la provincia anatolia de Tokat y apenas tuvo repercusión en los medios.

Turquía está dando pasos agigantados hacia un futuro que podría estar rodeado de éxitos. La nación euroasiática está comenzando a darse cuenta de su potencial económico. Turquía ya pone sus propios satélites en órbita, Turkish Airlines es considerada como la mejor aerolínea europea, Estambul contará en unos años con el mayor aeropuerto del mundo, la megalópolis turca aspira a organizar los juegos olímpicos de 2020… Todos estos hechos eran impensables hace unos años. Pero un futuro jamás podrá ser brillante si no se cuenta con un pasado. Es por ello que las autoridades deben tomar las medidas necesarias, no sólo en el papel, para proteger la herencia de las civilizaciones que una vez habitaron en lo que es hoy la moderna República de Turquía. Conservar aquello que nos dejaron los antepasados, ya sean grandiosos monumentos o simples legados, es lo mínimo que podemos hacer para las generaciones venideras.

Nota – La Univesidad de Galatasaray ha habilitado una cuenta para aquellos que deseen donar para la reconstrucción de la universidad. Los datos son los siguientes: Código IBAN: TR 67 0006 7010 0000 0088 3090 50