El sospechoso de los atentados en Toulouse se suicida tras un intenso tiroteo con la policía

El ministro del interior francés confirmó la muerte de Mohamed Merah, un ciudadano francés de origen argelino que afirmó actuar en nombre de Al-Qaeda.

Mohamed Merah, el sospechoso de los asesinatos de las últimas semanas en la ciudad francesa de Toulouse que permanecía acorralado por la policía en su apartamento terminó el jueves por arrojarse al vacío en medio de un intenso tiroteo tras verse acorralado por los agentes, muriendo en el acto.

El ministro del interior francés, Claude Gueant, confirmó la noticia diciendo que agentes especiales de la policía habían penetrado en su vivienda registrando todas las habitaciones salvo el baño, donde tras introducir una cámara el asesino salió disparando con furia contra todo lo que se movía. «Un oficial de la RAID (policía especializada en asaltos) que está acostumbrado a ver este tipo de cosas me dijo que jamás había visto un asalto tan violento como éste», dijo el ministro.

Gueant siguió explicando a los medios que tras un intento tiroteo, Merah acabó por saltar por una de las ventanas aún blandiendo un arma en su mano, con la que aún siguió disparando mientras caía al vacío. Finalmente los agentes que rodeaban el edificio encontraron su cuerpo sin vida en el suelo.

El apartamento de Merah, un ciudadano francés de 23 años y de origen argelino que había confesado ser el autor de las muertes de varios soldados y del tiroteo en un colegio judío la semana pasada que acabó con la vida de tres niños y un profesor de religión, permanecía rodeado por fuerzas especiales de la policía francesa desde el miércoles tras una intensa investigación para tratar de localizar al autor de los atentados, que habían sembrado la consternación entre los habitantes de Toulouse.

Declarado así mismo como un militante de Al Qaeda, Merah se resistió a cualquier negociación y dijo a la policía haber actuado para vengar las muertes de los niños palestinos y por la presencia de tropas francesas en Afganistán. Vigilado durante años por los servicios secretos por sus posibles contactos con el islamismo radical, declaró al negociador de la policía que estaba contento por haber puesto a Francia de rodillas y que sólo lamentaba no haber podido cometer más asesinatos.