protestas contra Turquía en el norte de Siria

Alta tensión en el norte de Siria, donde arrecian las protestas contra Turquía

El gobierno de Ankara ha condenado las protestas y manifestaciones que algunos grupos han organizado en las zonas del norte de Siria bajo control de Turquía, y que han dejado varios muertos, a raíz de los disturbios desatados previamente en la ciudad turca de Kayseri, donde grupos nacionalistas turcos quemaron tiendas y asaltaron viviendas y propiedades supuestamente pertenecientes a sirios después de que un hombre de esta nacionalidad fuera acusado de abusar de una niña de 7 años.

En un comunicado emitido el 1 de julio, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía acusó a grupos de “provocadores” de estar detrás de estos incidentes en Kayseri -que se saldaron con al menos 474 detenidos, según medios turcos- y subrayó que la defensa por parte de Turquía “del bienestar del pueblo sirio están por encima de cualquier provocación”.

Tras los incidentes en Kayseri, que se extendieron también a otras ciudades de Anatolia con presencia importante de inmigrantes sirios aunque con mucha menos virulencia, en varias zonas del norte de Siria controladas por grupos de oposición sirios respaldados por Ankara hubo violentas protestas en las que cientos de sirios, algunos de ellos miembros del antes llamado Ejército Libre Sirio armados y entrenados por Turquía, atacaron vehículos privados y camiones con matrículas turcas, retiraron banderas de Turquía e incluso llegaron a intentar asaltar puestos militares del ejército turco en la región.

En la región de Afrin al menos 7 sirios fueron abatidos cuando intentaron retirar la bandera turca del edificio del gobernador local, según apuntan algunas fuentes, si bien el Observatorio Sirio de Derechos Humanos rebajó a 3 la cifra de muertos en Afrin. Hubo también incidentes armados en el paso fronterizo de Yarabulus, donde guardias fronterizos abrieron fuego contra un grupo de manifestantes sirios que trató de asaltar el lugar tras retirar y romper varias banderas de Turquía.

La difícil convivencia entre turcos y sirios a ambos lados de la frontera

Estos actos contra la República Turca no serán tolerados de ninguna manera”, aseguraron fuentes de seguridad turcas citadas por medios locales. El ministro turco de Justicia Yılmaz Tunç anunció la apertura de una investigación sobre los incidentes en el norte de Siria, que obligaron a enviar refuerzos militares a la región desde Turquía. Por su parte el gobierno provisional sirio condenó los ataques contra símbolos nacionales turcos en un comunicado pidiendo a la población de las “zonas liberadas” que “no caiga en las provocaciones de quienes quieren socavar la alianza entre el pueblo turco y sirio”, atacando edificios e instituciones “construidas con el sacrificio del ejército turco y el Ejército Nacional Sirio (antes Ejército Libre Sirio)”.

Esta cadena de sucesos parece no obstante evidenciar las crecientes tensiones a ambos lados de la frontera a causa de la no siempre fácil convivencia entre turcos y sirios; Turquía acoge más de 3 millones de refugiados sirios, lo que en los últimos años ha generado crecientes tensiones con la población local especialmente en grandes ciudades como Estambul, donde a menudo se ha señalado a los sirios por agravar problemas como el del empleo o la vivienda, unido a los problemas de integración de una población que ha tendido a crear grandes “guetos” en las ciudades; el gobierno turco ha respondido a estas tensiones expulsando a miles de sirios de las grandes ciudades y reasentándolos en poblaciones de Anatolia -como Kayseri- donde estas tensiones sociales han acabado por estallar de nuevo, incluso aún más virulentamente debido al fuerte sentimiento nacionalista en muchas de estas ciudades del interior de Turquía.

Pero también suponen una señal de alerta para Ankara las protestas contra Turquía en las zonas del norte de Siria, una región estratégica para sus intereses y donde el apoyo al poderoso vecino y “aliado” del norte podría tambalearse fácilmente, dada la difícil y compleja situación política, social y económica de estas regiones. Es muy posible de hecho que, además de los incidentes en Kayseri, un detonante de estas protestas contra Turquía hayan sido las recientes declaraciones de Erdoğan, quien la semana pasada pareció responder positivamente a la propuesta de Damasco de una normalización de las relaciones con la Siria de Assad, e incluso aseguró que una reunión con el propio Assad “no es imposible”. 

Este cambio evidente en la posición de Turquía hacia el régimen de Assad podría haber acabado por desatar las iras de miles de refugiados sirios que huyeron del régimen sirio y que viven en las zonas fronterizas del norte de Siria bajo control turco (muchos de ellos incluso reasentados desde Turquía), quienes ahora se sentirían traicionados por los que hasta ahora han sido sus principales aliados. Enfrentada a la difícil tarea de mantener en calma dos fuegos a ambos lados de la frontera, puede que Turquía tenga que enfrentarse a importantes dilemas a corto plazo: dilemas sin una solución clara ni, mucho menos, sencilla.