caída de Assad en Siria

Aliados de Bashar al-Assad tejen planes desde Rusia para una nueva insurrección en Siria

Un amplio informe publicado por la agencia Reuters revela que algunos de los antiguos hombres fuertes del régimen de Bashar al-Assad, actualmente refugiados en Rusia, están levantando una red clandestina con miras a desencadenar una insurrección armada en Siria. Entre los principales impulsores del plan aparecen el exjefe de inteligencia militar del régimen, Kamal Hassan, y el primo multimillonario de Assad, Rami Makhlouf, quienes según la investigación estarían financiando y organizando milicias principalmente en el litoral de Siria de predominancia alauita, así como entre las comunidades alauitas en Líbano. 

De acuerdo con los documentos, entrevistas y pruebas analizadas por Reuters, Hassan y Makhlouf aspiran a movilizar a “más de 50.000 combatientes” y ponerlos bajo su mando, distribuidos en varias facciones:

  • Hassan se adjudicaría el control de unos 12.000 hombres en Siria y Líbano, según algunas fuentes.
  • Makhlouf sostiene que su red alcanza los 54.000 combatientes, organizados en decenas de batallones desplegados en zonas como Homs, Hama, Latakia y Tartus, según indican otros medios.

Para reforzar sus planes, ambos buscarían además hacerse con el control de una infraestructura heredada del régimen: 14 salas de mando subterráneas y arsenales ocultos, construidos hacia el final del gobierno de Assad en la franja costera del país. Estas instalaciones contienen armas ligeras, municiones, granadas, equipos de comunicaciones, mapas, e incluso ordenadores, listos para ser activados. Según indican fuentes de Al Jazeera, los combatientes reclutados perciben cantidades de entre 20 y 30 dólares al mes, a cambio de participar en el plan.

Kamal Hassan
Kamal Hassan. Fuente: aawsat

Un coordinador militar involucrado en los preparativos reconoció explícitamente desde Líbano que “la lucha es la única forma de restaurar la dignidad de los alauitas”. En sus propias palabras: “Quizás miles más morirán, pero la secta (alauita) debe ofrecer corderos para el sacrificio”.

Además, las fuentes informan que bajo la dirección de Makhlouf existen canales financieros activos en países como Líbano, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Rusia. A través de cuentas vinculadas a altos mandos militares —como los generales Suhail Hassan y Qahtan Khalil— se habrían transferido millones de dólares destinados a nóminas y gastos operativos de la operación.

Promesas y discursos mesiánicos desde el exilio

Desde su exilio en una villa a las afueras de Moscú, Hassan ha reiterado su ambición mediante mensajes de voz enviados a antiguos oficiales del régimen de Assad. En uno de ellos les llegó a decir: “Sed pacientes, mi pueblo, y no entreguéis vuestras armas. Yo restauraré vuestra dignidad”. 

Por su parte, el primo de Assad —que en su momento llegó a ser el pilar financiero del régimen sirio, gracias a sus fuertes inversiones empresariales en telecomunicaciones, construcción y turismo— ha adoptado un discurso casi mesiánico. De acuerdo con la investigación, se refiere a su “retorno al poder” como parte de un destino religioso, evocando profecías en las que dice que volverá tras una batalla final apocalíptica

En sus redes, Makhlouf llega incluso a referirse al nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, como “el villano de la profecía”: un giro radical que contrasta con su pasado como magnate económico y ex jefe de las estructuras clientelares que sostuvieron y permitieron sobrevivir al régimen de Bashar al-Assad. Tras su caída en desgracia y años de arresto domiciliario, su radicalización religiosa -real o ficticia- parece marcar una nueva estrategia para recuperar el poder en Siria, apoyada además en su capacidad económica y en sus lazos de sangre con Assad.

Rami Makhlouf
Rami Makhlouf. Fuente: L’Orient Today

Obstáculos y tensiones internas

Pese a estos planes, el grupo enfrenta tensiones internas profundas, según afirman Reuters y otras fuentes. Lejos de colaborar hacia un objetivo común -derribar al actual gobierno y recuperar el poder en Siria- Hassan y Makhlouf, ambos antiguos aliados de la cúpula del régimen de Assad, hoy día parecen más bien competir entre sí por la lealtad de los combatientes alauitas.

Además, la pérdida del respaldo explícito por parte de Moscú es uno de los principales obstáculos para sus planes. A pesar de que Rusia fue durante años una firme aliada de Damasco y acogió a la familia de Assad tras el fin de su dictadura, desde entonces Moscú -velando por sus propios intereses- ha comenzado a acercarse al nuevo gobierno de Al-Sharaa, buscando asegurar sus bases en la costa mediterránea. Nadie en el Kremlin cree que un regreso del antiguo régimen -encabezado por Assad o por cualquier otro- a Siria sea una perspectiva realista, por lo menos a medio plazo.

Por si fuera poco, muchos miembros de la minoría alauita —objetivo principal del reclutamiento organizado por Hassan y Makhlouf— se muestran recelosos. Muchos se consideran abandonados a su suerte por el propio Assad, y desconfían de quienes pretendan encabezar una nueva insurgencia que, si fracasa, podría conducir a fuertes represalias por parte del nuevo gobierno de Damasco.

Otro obstáculo es el propio conocimiento que las actuales autoridades sirias tienen de esos planes de “levantamiento”. Según el gobernador de la región costera de Tartus, Ahmed al-Shami, las fuerzas de seguridad no solo conocen los planes, sino que han identificado también esas salas subterráneas llenas de armas y equipos que Hassan y Makhlouf aspiraban a controlar. Al-Shami asegura que esas instalaciones han sido debilitadas y que, por ahora, esos supuestos planes no representan una amenaza real: “No pueden hacer nada efectivo, dada su falta de apoyos sólidos sobre el terreno”, declaró a Reuters.

La estrategia de Al-Sharaa contra el complot 

Frente a este complot, el gobierno de Al-Sharaa ha desplegado una estrategia de contrainsurgencia. Ha designado al antiguo lealista convertido en disidente Khaled al-Ahmad —un alauita y amigo de infancia del actual presidente sirio Al-Sharaa— para liderar los esfuerzos de reintegración de exsoldados alauitas y convencer a la población local de la costa mediterránea de que su futuro está en la nueva Siria. 

En una declaración pública, al-Ahmad subrayó la necesidad de “sanar heridas, erradicar el odio sectario y rendir homenaje a los muertos”, como camino hacia una Siria “capaz de convivir consigo misma”. 

Las autoridades sirias han intensificado además las operaciones contra células identificadas como vinculadas al complot, y reforzado la presencia militar en zonas costeras de mayoría alauita. Y por el momento, no existe evidencia de nuevas movilizaciones armadas de envergadura en la región.

Los desafíos de la nueva Siria

Cuando se acaba de cumplir un año de la caída de Assad, Siria se enfrenta a una dura, larga y costosa reconstrucción y a un largo y tortuoso camino para poder recuperar su economía, con un nuevo gobierno sunita que busca estabilidad, respaldo internacional y reconstruir un Estado devastado, mientras se enfrenta a nuevos conflictos y levantamientos en el sur y al resurgimiento de grupos como el Daesh.

Este nuevo complot desde el exilio —que se sostiene con dinero, pero también con resentimiento sectario, discursos pseudo religiosos y supuestos arsenales ocultos— recuerda que las raíces del conflicto en Siria no han sido arrancadas. El riesgo de una nueva espiral de violencia sectaria persiste, y si Hassan y Makhlouf logran unir sus fuerzas o capitalizar el latente descontento alauita, la región costera podría volver a convertirse en escenario de una sangrienta confrontación que podría ser la chispa que vuelva a encender el resto del país.

Por ahora, los analistas coinciden en que las opciones de éxito de este complot desde el exilio en Rusia son más bien limitadas. La desconfianza entre los propios alawitas, la falta de apoyos externos sólidos, el conocimiento de los planes por parte del nuevo gobierno de Siria, y la poca credibilidad que despiertan algunos de los organizadores del plan, merman considerablemente las posibilidades de éxito de una insurrección de cualquier tipo. 

No obstante, los mismos expertos advierten que la combinación de resentimiento sectario, recursos financieros y un arsenal oculto -incluso alguno aún por descubrir organizado por Assad antes de huir- no deja de ser una amenaza latente. Una amenaza que, si no se controla, podría reabrir viejas heridas en Siria y desatar el caos en un país que aún intenta recuperarse de la devastación de la guerra civil.