Si se habla de la política y la historia de Turquía es inevitable oír la palabra “nacionalismo”, ya sea para referirse a un partido político, a la nación o a las políticas llevadas a cabo. Sin embargo, este término no debería ser usado a la ligera pues hay que saber lo que realmente significa y cuando hay que referirse a él.
El nacionalismo, tal y como lo conocemos en la actualidad, surgió de la mano de los románticos de principios del siglo XIX. Éstos exaltaban idealista y poéticamente la grandeza de sus naciones, de sus costumbres, de su gente, de su cultura, de su lengua. Es precisamente en esta época cuando surge el término “nación”. Los imperios multinacionales y coloniales que habían existido hasta entonces, como el español o el británico, dejaban poco margen a la individualidad. Este movimiento, que muchos argumentan que comenzó con la Revolución Francesa, pone de manifiesto la idea de la autodeterminación de los pueblos y su derecho de formar un país basado en una lengua, cultura y raza común. El auge del nacionalismo llegó con las unificaciones de Italia y Alemania. Y con ello también vinieron las guerras derivadas de esa nueva corriente político-ideológica que es el nacionalismo.
La creencia de superioridad de sus países sobre otros, junto con la creencia también de que Dios estaba de su lado y no con el contrario, llevó a la expansión de las naciones, en busca de nuevos territorios que hiciesen poderoso a su país, tanto en términos económicos como de prestigio internacional. Surge entonces el imperialismo. Éste se diferencia del antiguo colonialismo español y portugués en varios aspectos. Una de las diferencias fundamentales es la supremacía racial en la que creían los europeos de entonces, franceses, ingleses, alemanes… Esto nos lleva a la segunda gran diferencia. Tanto los españoles como los portugueses se mezclaron con la población nativa de los nuevos territorios que conquistaban. Eso no ocurrió en las colonias africanas y asiáticas de las potencias europeas. Por supuesto, que para someter a estos pueblos “bárbaros” se uso la fuerza, pero no ese a eso a lo que me refiero con las guerras causadas por el nacionalismo.
El primer gran conflicto que causó está nefasta ideología en el continente fue la guerra franco-prusiana que acabó con el Imperio de Napoleón III y cuyo momento decisivo tuvo lugar en la batalla de Sedán. Por supuesto, se podrían citar las numerosas batallas que libraron Prusia y Austria y el Piamonte y Austria para el nacimiento de Alemania e Italia respectivamente. El siguiente enfrentamiento causado por el nacionalismo sería el más desastroso que el mundo había experimentado hasta entonces: la Primera Guerra Mundial. Aunque el detonante fue el asesinato del Archiduque Francisco Fernando a manos de un nacionalista yugoslavo hay que tener en cuenta que las aspiraciones nacionalistas de la joven Alemania y de la vieja Inglaterra habrían desembocado en un conflicto tarde o temprano. Luego tenemos la Segunda Guerra Mundial, que tuvo lugar debido a la ambición de la Alemania nazi bajo el yugo del nacionalsocialismo y a los militares nacionalistas que gobernaban Japón en el Lejano Oriente.
A día de hoy, esta corriente está más asociada a los nacionalismos periféricos, autodenominados naciones, que pretenden conseguir la independencia a través, en su mayoría, de actos terroristas (véase la ETA en España, IRA en Irlanda y el PKK en Turquía).
Ahora bien, ¿y qué tiene que ver esto con Turquía?
El hecho que Turquía exista como tal en la actualidad es una consecuencia del nacionalismo. No fue el mal rumbo económico ni la decadencia del poder otomano lo que acabó con el Imperio, sino los nacionalismos. Grecia ya se separó de facto del Imperio Otomano en el primer tercio del siglo XIX, rompiendo la armonía que hasta entonces había disfrutado el Imperio Otomano, en el que convivieron diferentes religiones (Islam, Cristianismo y Judaísmo) y diferente etnias y lenguas (turco, árabe, serbo-croata, ladino, griego, armenio…). Este crisol multicultural empezó a resquebrajarse con la independencia griega. Los siguientes serían los armenios, que ya a finales del siglo XIX comenzaron a actuar violentamente contra el gobierno otomano. El célebre Lawrence de Arabia impulsó otro nacionalismo, el árabe, durante la Primera Guerra Mundial. Solamente los judíos continuaban siendo fieles a los otomanos. Estos nacionalismos afectaron directamente al Imperio Otomano. La otra gran causa del fin de este longevo imperio fue la Primera Guerra Mundial, cuyo detonante hemos vistos con anterioridad. Por lo tanto se puede decir que los nacionalismos afectaron directa e indirectamente a la caída del Imperio Otomano.
Es en ese momento cuando surgió el nacionalismo turco que, de una forma algo diferente, ha llegado hasta nuestros días. Los griegos tenían ya su estado, los armenios también (aunque fuese efímero) y la amalgama de tribus árabes los suyos (aunque bajo la tutela de británicos y franceses) ¿por qué no los turcos? Mustafa Kemal Atatürk fue el artífice de este nuevo estado del cual el nacionalismo turco era uno de sus pilares fundamentales. A pesar de los dramáticos intercambios de población que hubo entre Grecia y Turquía, siguieron viviendo griegos en la nueva República de Turquía, al igual que armenios y judíos.
Hay que tener en cuenta el contexto histórico y la época para comprender mejor el nacionalismo turco. Hacía poco que Mussolini había llegado al poder en Italia, y no tardaría mucho en hacer lo mismo Hitler. Sin embargo, hay que diferenciar entre las políticas llevadas a cabo en estos tres países. El nacionalismo y fascismo de Mussolini se basaba en devolver a Italia la gloria del Imperio Romano a través de una agresiva política colonial, como se vio en Abisinia, y del irredentismo. Hitler por su parte, llevó a cabo sus políticas de supremacía racial que llevaron al exterminio de los judíos y demás minorías. El dictador alemán también quiso fundar el Tercer Imperio Alemán (Reich) haciéndose con Austria, Checoslovaquia y más tarde parte de Polonia. Estos dos ejemplos muestran las acciones de un nacionalismo llevado a ultranza. El nacionalismo no es un problema en sí, pero se convierte en uno cuando se vuelve excluyente y violento.
Pese al nacionalismo de Atatürk, las discriminaciones que tuvieron lugar son prácticamente insignificantes si las comparamos con las que tuvieron lugar en otros estados europeos. Mustafa Kemal era un hombre de su época, en la que existen dos tipos de países en Europa: los nacionalistas agresivos y los apaciguadores. Atatürk se situó en medio, en lo que podríamos denominar un “nacionalismo moderado” (que no lo sería en la actualidad pero sí en ese momento). La moderación a la que hago referencia tiene que ver con el hecho de que en política exterior Turquía evitó cualquier conflicto e hizo gala de una neutralidad que puso práctica el “paz en casa, paz en el mundo”. Es cierto que en lo referente a la política interior se llevaron a cabo acciones algo dudosas como el culto a la personalidad de Atatürk, la exageración de las victorias turcas y omisión de las derrotas y la idea de que todos las lenguas del mundo provenían del turco (Teoría del Idioma del Sol o Güneş Dil Teorisi del francés Hilaire de Baranton).
En la actualidad, este nacionalismo sigue vivo, aunque algo distorsionado, en gran medida en el Partido de Acción Nacionlista (MHP) y en el Partido de la Gran Unión (BBP), aunque éste último es considerado también islamista. Un nacionalismo menos exacerbado puede verse en el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y en una larga lista de partidos políticos menores. El nacionalismo turco ha sobrevivido casi un siglo, pero ya va siendo hora de avanzar.
El nacionalismo turco permitió la creación de la República de Turquía y sin él no se habría expulsado a los invasores griegos de Anatolia. El nacionalismo turco hizo posible el establecimiento de un estado moderno, europeo. El nacionalsimo turco ayudó al país. Pero como ocurrió con otras muchas corrientes político-ideológicas, véase el comunismo o el imperialismo, el tiempo del nacionalismo (turco) ya ha tocado a su fin. Ahora actúa de lastre, de obstáculo para que Turquía avance hacia Europa. En los albores del sigo XXI Turquía ha de dejar a un lado, que no olvidarlas o perderlas, sus particularidades nacionales y adentrarse en el mundo global. Si por lo contrario, sigue centrada en su turquicidad se verá relegada a un segundo plano y no formará parte de la UE. No es cuestión de orgullo nacional, de hincar la rodilla ante los europeos. Nada de eso. Se trata de hacer que el país avance, no quedarse anclado en un pasado que no volverá. En el mundo globalizado los nacionalismos no son más que un anacronísmo que aisla a los países. Turquía ha de olvidar los prejuicios nacionalistas de conspiraciones contra su país y hacer lo posible por integrase en este mundo globalizado.
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